¿Por qué somos tan tontos?

Hoy leo, como continuación de otras muchas noticias en las últimas semanas, que el Sr. Trump ha ordenado poner impuestos adicionales a importaciones americanas procedentes de China por valor de 50.000 millones de dólares. Claro, los chinos han hecho lo propio para sus importaciones de productos americanos (aunque ni los productos chinos ni los americanos son originarios de estos dos países, que solo ensamblan piezas que se producen en todo el mundo).

 

Vivíamos regular, y estas medidas empeorarán la vida de las poblaciones de ambos países. El mercantilismo es una estupidez: Hacer el mal sin sacar beneficios. ¿Quién lo aplaude?

 

Los mismos tribales que aplauden el “ser americanos” como aplaudían los de las tribus entre el Rhin y el Oder el ”ser alemanes”.

 

Las personas tribales no se preocupan de prosperar, de mejorar su condición de vida. Aceptan la pobreza, pues su interés se centra en la lealtad a un caudillo, y las peleas para subir dentro de la tribu, en acercarse al jefe, aunque su condición de vida sea siempre la misma: No conciben que se pueda vivir mejor.

 

Pienso en los miles de peregrinos que se acercaban, alrededor del año 0, a Jerusalén por la pascua, a entregar sus shekels y sacrificar una paloma, un cordero.

 

¿Qué obtenían? Volvían a sus hogares más pobres (habían entregado el impuesto, habían pagado por el sacrificio, habían gastado dinero en el viaje. Solo habían garantizado un sistema primitivo de Seguridad Social, y habían renovado su pertenencia a la tribu.

 

¿Quién opta por esto, en qué épocas se estimula esta opción tribal?

 

Los soldados romanos, pobres, tenían la opción de llegar a disponer de tierras para su cultivo. Tenían un horizonte de mejora, de prosperidad.

 

Los campesinos judíos no tenían más horizonte que los mesías, o perpetuar, como hormigas, la misma vida de siempre.

 

Hoy hay un número muy elevado de personas, en los EEUU, en Inglaterra, en Francia, en Italia, en Cataluña, que han perdido las ganas de prosperar. Han malinterpretado el mensaje de que la mejora era automática, olvidando que, para alcanzarla, tenían que hacer como los soldados romanos: Trabajar muy duro, durante muchos años. En los EEUU, el sueño americano parecía que iba a realizarse sin más que, por ejemplo, labrar las tierras, sin estudiar fuerte además por las tardes y por las noches.

 

Hoy mis alumnos me dicen que han estudiado “mucho”. Les pregunto “¿diez días, quince días?”  y me dicen, horrorizados, “¡ No, qué va ! Un día”.

 

En Europa, mucha gente quiere un “salario vital”, vivir sin el esfuerzo de trabajar para ganarse una vida cada vez mejor. Evidentemente las élites les han engañado, pero eso era y es evidente que iba a ocurrir.

 

Pregunto a mis alumnos: ¿Por qué hay Tabla Periódica”? y me responden que “Porque los átomos se disponen de esa manera”. Es claro que las elites engañan y roban, pero como con la Tabla Periódica, no basta con señalarlo: Es preciso impedirlo, y eso exige esfuerzo, y este esfuerzo es el que los que quieren el Brexit, los seguidores de LePen, los trumpistas, no quieren hacer.

 

Saben que seguirán pobres, pero al encerrarse en sus tribus, cambian sus objetivos, no para que sus tribus mejoren, sino para que meramente existan como los hormigueros en un erial.

 

Para mejorar, no sirve trabajar 8 horas, ni mucho menos rebajar esas horas a 7. Es preciso trabajar 10, 11, 12 horas, y eso, hay muchos que prefieren no hacerlo.

 

Hay quienes, como los judíos, esperan un Mesías, o sobrevivir encerrados en sí mismos.

 

Hay quienes, como los romanos, se trabajan sus vidas para triunfar sin ayudas externas, y mejorar.

 

La tontería, la estupidez, derivan de la falta de energía en la vida.

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