Retomando las reflexiones sobre el clima y la situación social en el mundo

Hemos vuelto a tener huracanes y tifones, cada vez más intensos, aunque sabemos que no más frecuentes. Este verano no ha sido de los más calientes, pero ha sido caliente, y sobre todo, largo, pues está durando hasta Octubre. Las lluvias de primavera se extendieron hasta Junio.

 

Estos cambios respecto a las estaciones tradicionales son lo que llamamos Cambio Climático.

 

Sabemos (y ¿quién mejor que los que estudiamos el clima?) que siempre ha habido cambios en el clima, puesto que este es un análisis estadístico del tiempo atmosférico y de los movimientos del océano. Las estadísticas cambian con el tiempo del reloj, pues así lo hace el tiempo atmosférico.

 

Pero estos cambios actuales son muy seguidos y muy intensos, mucho más que los más importantes del pasado próximo, el óptimo climático de la época de las expediciones de los noruegos como “vikingos”, alrededor del año 1000 de la Era Común, y la Pequeña Edad del Hielo, en la última mitad del siglo XVII. Y muchísimo más rápido que el comienzo y la finalización de las glaciaciones del Cuaternario, y otros muchos cambios de los últimos millones de años.

 

¿A qué puede deberse esta rapidez e intensidad?

 

Es curioso notar que las temperaturas en el Globo empezaron a subir unas décadas después del comienzo de la segunda revolución energética, con el uso de los combustibles fósiles, cuando este uso alcanzó una mayoría de los países de la Tierra, hacia 1860/1870.

 

Las coincidencias y correlaciones no son causa/efecto. Pero en este caso el incremento de la concentración de gases poliatómicos en la atmósfera genera un incremento de la radiación infrarroja atrapada entre el límite superior de la troposfera, la tropopausa, y la superficie del planeta, cuyo efecto ahora sí es el aumento de temperatura. Puesto que el aumento de la concentración de CO2 es el más rápido de los que tenemos registro, y ha alcanzado hoy un valor que no se había alcanzado en los últimos 3 millones de años, es evidente, desde la ciencia, que el aumento actual de la temperatura del planeta, y sobre todo, del Ártico, es consecuencia del aumento de esa concentración.

 

Aceptemos, ya, sin más dudas, que la quema de combustibles fósiles está causando el presente cambio climático rápido e intenso. La concentración de CO2 ya ha causado este cambio, y sería urgente impedir que se haga aún más intenso. En particular, en las tundras del Círculo Polar Ártico, el metano atrapado bajo el hielo está comenzando a salir a la atmósfera, con un potencial de retención de radiación infrarroja 30 veces superior a la del CO2.

 

Tenemos un buen problema.

 

Tenemos la solución en nuestras manos, pero como con todos los problemas actuales de la sociedad, no queremos aplicarla.

 

Teníamos una sociedad que funcionaba. En Europa, tras varias guerras con intervalos de 20 años entre las mismas, hemos vivido 70 años sin ellas. Solo un ignorante de la historia quiere volver al riesgo de las muertes masivas.

 

La humanidad ha pasado de vivir en chozas con letrinas comunes y sin higiene a vivir, quizás no tan bien como todos quisieran, pero mil veces mejor de como se vivía hace 100 años. Basta con ver fotos de aquella época.

 

Cuatro países del planeta, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua y Venezuela, han optado por una vida miserable, pudiendo vivir muchísimo mejor.

 

Los votantes de Trump, de LePen, los Brexiteros, las nuevas extremas derechas de Austria, Alemania, Suecia, Hungría, Polonia, los fanáticos religiosos, rechazan la buena vida en favor de una idea mística e irrealizable: La vida aislada en pequeñas tribus.

 

En el Medio Oeste de los EEUU, sede del triunfo de Trump, la unión de las tribus “indias” habríanconseguido una negociación ventajosa con el gobierno federal, hace unos 150 años, sin en vez de “tribus” hubiesen dejado de lado las tonterías y hubieran hecho un frente común.

 

La razón de no hacerlo, la razón del Trumpismo, del populismo, es el miedo. El miedo a ser libres e individuales, a ser cooperativos en vez de imitativos, a cooperar cada uno desde su propia autoridad, en vez de querer imponer a todos el ser todos iguales. La búsqueda de la protección del grupo en vez de la vida en un mundo abierto, que da miedo.

 

Estas personas con miedo son muchas, y hoy pueden ejercer un poder considerable, pues les es muy fácil agruparse vía los distintos sistemas de comunicación.

 

Los Brexiteros en Inglaterra se sienten perdidos en una Europa que desconocen, y de la que solo tienen referencias históricas. En vez de volar sin miedo, se quieren refugiar en el nido de sus “tradiciones”.

 

De la misma manera una buena parte de la población del planeta tiene miedo de perder su forma de vivir si acepta la realidad del cambio climático: Su coche, sus vacaciones, su calefacción, su aire acondicionado.

 

La reacción es de miedo, en vez de tener miedo a lo que representa el cambio climático.

 

Los Brexiteros tienen miedo a la invasión de gentes de la Europa del Este, los Trumperos, a los latinos. En vez de sentirse fuertes e incorporar a esos inmigrantes, se sienten débiles y quieren levantar barreras de protección.

 

La racionalidad, la razón, las razones, son impotentes frente al miedo. Cuando una muchedumbre se deja llevar del pánico ante, por ejemplo, un atentado, o en los vomitorios de un estadio de futbol, hay generalmente más problemas de muertes por aplastamiento que directamente por las armas terroristas.

 

Hubo una época en la cual los franceses eran diablos para los españoles, auténticamente, seres con cuernos y rabo.

 

¿Cómo se superó el miedo? Solo cuando los viajes permitieron ver a una mayoría de las personas que los de “allá” eran iguales a los de acá.

 

Votaron el Brexit aquellos ingleses de menor conocimiento, losque menos habían viajado, o que lo habían hecho siempre dentro del cascarón de la tribu, como votaron a Trump los americanos con menor conocimiento de la geografía y de su propia historia. Hoy tenemos ese mismo problema con unas personas en Cataluña que desconocen la historia real y viven dentro de un cascarón tribal de mitos y cuentos.

 

¿Tiene solución esta situación de rechazo de la realidad?

 

La mejor solución es aumentar el conocimiento de las personas, si es que aún estamos a tiempo, lo cual es, cuando menos, dudoso.

 

La UE debería ofrecer viajes muy baratos o gratis, a los ciudadanos de Hungría, de Polonia, de Austria, y utilizar la televisión para comunicar la realidad, utilizando, sin escrúpulos, las técnicas de marketing.

 

Cambiando una frase bien conocida, en vez de “la mejor defensa es el ataque”, deberemos asumir que la “única defensa es el ataque”.

 

Quizás el problema del cambio climático tenga solución si no resolvemos el problema del populismo: Una crisis económica brutal puede conseguir que dejemos de quemar combustibles fósiles por falta de dinero.

 

Pero una mejor solución, si se quiere buscar por quien tiene los recursos, implicaría mostrar y vender, con las mejores técnicas desarrolladas para convencer, que el hecho de sustituir las energías fósiles por energías solares, genera empleo y riqueza distribuida.

 

La acción individual o de las ONG no llega a la cantidad de personas necesaria para llegar al número crítico necesario para cambiar el paradigma energético.

 

Si estamos, realmente, convencidos de la realidad, no deberemos tener escrúpulo alguno para convencer de esa realidad a los ciudadanos del país, de Europa, del Mundo.

 

 

 

¿Por qué somos tan tontos?

Hoy leo, como continuación de otras muchas noticias en las últimas semanas, que el Sr. Trump ha ordenado poner impuestos adicionales a importaciones americanas procedentes de China por valor de 50.000 millones de dólares. Claro, los chinos han hecho lo propio para sus importaciones de productos americanos (aunque ni los productos chinos ni los americanos son originarios de estos dos países, que solo ensamblan piezas que se producen en todo el mundo).

 

Vivíamos regular, y estas medidas empeorarán la vida de las poblaciones de ambos países. El mercantilismo es una estupidez: Hacer el mal sin sacar beneficios. ¿Quién lo aplaude?

 

Los mismos tribales que aplauden el “ser americanos” como aplaudían los de las tribus entre el Rhin y el Oder el ”ser alemanes”.

 

Las personas tribales no se preocupan de prosperar, de mejorar su condición de vida. Aceptan la pobreza, pues su interés se centra en la lealtad a un caudillo, y las peleas para subir dentro de la tribu, en acercarse al jefe, aunque su condición de vida sea siempre la misma: No conciben que se pueda vivir mejor.

 

Pienso en los miles de peregrinos que se acercaban, alrededor del año 0, a Jerusalén por la pascua, a entregar sus shekels y sacrificar una paloma, un cordero.

 

¿Qué obtenían? Volvían a sus hogares más pobres (habían entregado el impuesto, habían pagado por el sacrificio, habían gastado dinero en el viaje. Solo habían garantizado un sistema primitivo de Seguridad Social, y habían renovado su pertenencia a la tribu.

 

¿Quién opta por esto, en qué épocas se estimula esta opción tribal?

 

Los soldados romanos, pobres, tenían la opción de llegar a disponer de tierras para su cultivo. Tenían un horizonte de mejora, de prosperidad.

 

Los campesinos judíos no tenían más horizonte que los mesías, o perpetuar, como hormigas, la misma vida de siempre.

 

Hoy hay un número muy elevado de personas, en los EEUU, en Inglaterra, en Francia, en Italia, en Cataluña, que han perdido las ganas de prosperar. Han malinterpretado el mensaje de que la mejora era automática, olvidando que, para alcanzarla, tenían que hacer como los soldados romanos: Trabajar muy duro, durante muchos años. En los EEUU, el sueño americano parecía que iba a realizarse sin más que, por ejemplo, labrar las tierras, sin estudiar fuerte además por las tardes y por las noches.

 

Hoy mis alumnos me dicen que han estudiado “mucho”. Les pregunto “¿diez días, quince días?”  y me dicen, horrorizados, “¡ No, qué va ! Un día”.

 

En Europa, mucha gente quiere un “salario vital”, vivir sin el esfuerzo de trabajar para ganarse una vida cada vez mejor. Evidentemente las élites les han engañado, pero eso era y es evidente que iba a ocurrir.

 

Pregunto a mis alumnos: ¿Por qué hay Tabla Periódica”? y me responden que “Porque los átomos se disponen de esa manera”. Es claro que las elites engañan y roban, pero como con la Tabla Periódica, no basta con señalarlo: Es preciso impedirlo, y eso exige esfuerzo, y este esfuerzo es el que los que quieren el Brexit, los seguidores de LePen, los trumpistas, no quieren hacer.

 

Saben que seguirán pobres, pero al encerrarse en sus tribus, cambian sus objetivos, no para que sus tribus mejoren, sino para que meramente existan como los hormigueros en un erial.

 

Para mejorar, no sirve trabajar 8 horas, ni mucho menos rebajar esas horas a 7. Es preciso trabajar 10, 11, 12 horas, y eso, hay muchos que prefieren no hacerlo.

 

Hay quienes, como los judíos, esperan un Mesías, o sobrevivir encerrados en sí mismos.

 

Hay quienes, como los romanos, se trabajan sus vidas para triunfar sin ayudas externas, y mejorar.

 

La tontería, la estupidez, derivan de la falta de energía en la vida.

¿En que se ha convertido la universidad, la educación, en este mundo de 2018?

 

Estamos, en un mundo absolutamente avanzado, de nuevo en una situación, informal pero real, de pecheros. Cuando recuerdo la noticia, tristemente repetida, de que se ha descubierto un taller clandestino con 30 ciudadanos chinos trabajando 16 horas sin salir del local, solo por la comida, pienso en que seguimos siendo animales, capaces de cualquier indignidad por la comida, por un lugar cubierto, aunque sea miserable, para dormir.

 

Pero esto, a otro nivel, ocurre en tantas otras situaciones de la sociedad, que me pregunto si realmente hemos evolucionado o seguimos, a otro nivel, con las mismas mentalidades que hace 60.000 años.

 

Estoy en un congreso científico. No hay ningún avance, ninguna innovación. Solo añadir detalles a lo que ya se sabe (un par de charlas han sido claras: Se trataba de contar lo mismo, pero desde otro punto de vista). Nula innovación, nulos descubrimientos.

 

84 universidades en España, cero avances en nuestro conocimiento del mundo y de las personas. La razón es clara: Solo se progresa, o incluso solo se mantiene uno en la universidad si se publican 12 artículos al año, uno al mes. Para conseguir esto se precisa que ninguno de los artículos sea innovador. Si lo fuera, los censores no lo entenderían y sería rechazado, y el presunto autor perdería puntos para su promoción. La universidad potencia conformistas, no innovadores, de hecho, rechaza la innovación.

Se trata de mantener la sociedad lo más igual a si misma que sea posible, se trata de sobrevivir como los chinos en el taller clandestino.

 

Ha habido etapas en la historia en las cuales al menos una parte, pequeña, pero una parte de la humanidad buscaba nuevas ideas. Hoy, en la física, el modelo de la materia más moderno es el “Modelo Estándar” que tiene 50 años, un modelo talludito.

 

No se puede escribir nada contra ese modelo, la censura lo rechaza inmediatamente. Se postula, sobre el Universo, materia y energía oscuras, indetectables. Si se escribe que eso no puede ser y que en vez de esas magnitudes indetectables lo mejor sería cambiar los modelos del universo, se ve uno condenado al ostracismo.

 

Europa tiene problemas, porque algunos de sus componentes quieren volver a los estados feudales. Lo peor es que esto se propone en nombre del pueblo (¿cómo no?) Stalin ordenó asesinar a millones de personas en nombre del “pueblo”, Hitler causó decenas de millones de muertos, miseria y desolación en nombre del “pueblo” alemán.

 

La realidad de la situación actual en Europa es que hay personas que quieren ser “dirigentes”, aunque sea de un millón de pecheros, y aunque esos pecheros vivan mucho peor (las fronteras y las distintas monedas solo traen miseria). Algo similar ocurre en los EEUU y en China, donde se trata de mandar, aunque las personas tengan que aceptar las ideas de una única persona, en vez de tener campo para expandir las suyas. En la China, se vive bien, pero, a otro nivel, es lo mismo que en los talleres clandestinos de España: A cambo de producir, y de dinero, no se permiten ideas nuevas.

 

Mucho de esto ha derivado, en la última década, del fracaso económico del mundo occidental, y este fracaso, de la hybrishumana de creer que tenía todo controlado. China fracasará también por la hybrisde sus dirigentes.

 

Los griegos, descubridores de tantas cosas, los que nos liberaron del que todo fuese como siempre había sido (el mensaje de la cultura judea, por ejemplo) fueron siempre muy conscientes del desastre de la hybris, de la soberbia humana.

 

La única forma de evitar los desastres, de prosperar en la historia de la humanidad, es volver a la fuente de la sabiduría, a Sócrates y reconocer que solo sabemos, que no sabemos nada.

 

Si lo hacemos así, podemos avanzar. Si solo podemos proponer investigar (enlazando con el inicio de este post) algo que tenga un resultado cierto, rechazamos que no conocemos casi nada y que tenemos que buscar las cosas nuevas, sin garantía alguna de que sean las correctas. La alternativa, investigar y publicar lo que ya se sabe, es seguro, pero es la seguridad que lleva al estancamiento, a la muerte intelectual.

Las oscilaciones del tiempo atmosférico

El viernes, 27 de abril (2018), 28ºC a las 17:00 en Madrid, el domingo 29, 8ºC con viento helado. 20ºC de diferencia en dos días.

El Polo Norte, aunque helado, tiene una temperatura tan elevada como no la ha tenido en, al menos, 100 años. Este año de 2018, seco y cálido en enero y febrero, frío y muy lluvioso en marzo y medio abril.

Esto es el cambio climático, no que “haga calor”. El tiempo atmosférico está determinado por las corrientes, por los ríos de aire que se mueven sobre la superficie del planeta. La temperatura de esos ríos depende de la temperatura de la superficie sobre la que circulan. Esos ríos se mueven en vórtices, torbellinos, más grandes o menores, pero enroscándose unos sobre otros.

 

Cojan una cazuela, y hagan ustedes té en ella. Quiten las bolsas y déjenla enfriar. Ahora vuelvan a calentar. Cuando el agua se acerca a la ebullición, se pueden ver en el recipiente los movimientos de la misma y cómo los vórtices se enroscan entre sí moviéndose de un lado a otro de la olla.

 

El “Chorro Polar” es, como se sabe, un río de aire. Los ríos de agua se mueven deprisa en las laderas de las montañas, cuando hay gradientes elevados de altura. En esas condiciones los ríos bajan casi en línea recta, con fuerza. Cuando llegan a la llanura, los gradientes de altitud se suavizan, y los ríos hacen grandes meandros moviéndose lentamente.

 

En la atmósfera los ríos de aire se mueven bajo los gradientes de temperatura entre el ecuador y los Polos. Un Polo Norte más cálido (aunque aún muy frío) significa un gradiente más suave, y un río de aire, el “Chorro Polar”, debilitado, lento y con grandes meandros.

Uno de estos meandros es el que hemos tenido este fin de semana que comento, del “Puente de Mayo”. Y seguiremos teniendo estos meandros, cada vez más grandes y con contrastes de temperatura cada vez más intensos en los próximos años y décadas, puesto que es evidente que el ser humano quiere avanzar hacia la destrucción de su civilización, ya que ignora y rechaza cualquier intento de frenar la subida de la temperatura media global, lo que no implica que, puntualmente, las temperaturas locales puedan llegar a 10ºC en medio del verano, por ejemplo, o a 24ºC en lo más “crudo” del invierno.

 

Puesto que no vamos a frenar el cambio climático, tendremos que adaptarnos, y esto implicará grandes migraciones de millones o cientos de millones de personas, frente a las cuales las migraciones históricas quedarán como anécdotas. Pero las migraciones significan la destrucción, al menos, temporal, de la civilización. Es posible que la raza humana sobreviva, pero entraremos en una nueva Edad Media, de duración desconocida.

Así somos los seres humanos: Los animales que tiramos piedras contra nuestro propio tejado.

Queda una chispa de esperanza. ¿Lograremos que de chispa pase a llama?

Depende de cada uno de nosotros. Los políticos que elegimos no están en esto, viven exclusivamente para ellos mismos.

Depende de nosotros.

 

Estudiar el clima nos da claves sobre la ciencia

¡Parece mentira! Los grandes e insondables problemas de la física, la materia a escalas subatómicas, inferiores a la del protón, uno de los componentes del átomo, pueden entenderse mejor si uno entiende los problemas de clima de nuestro planeta.

 

La teoría atómica, es decir, la mecánica cuántica, es esencialmente probabilística. El clima también.

 

Pero los teóricos de la cuántica afirman, y se quedan tan anchos, que las probabilidades en cuántica no tienen nada que ver con las del resto de la naturaleza.

 

Se dice que, en la vida ordinaria, si pudiésemos conocer todas las variables que modifican el movimiento de un objeto, las probabilidades desaparecerían y el movimiento sería determinista. Pero es imposible conocer todas las variables que influyen en, por ejemplo, el tiempo atmosférico, y por lo tanto la evolución del clima. No solo es imposible conocerlas, sino que el propio sistema climático varía tanto, que las trayectorias del tiempo son esencialmente impredecibles, exactamente lo mismo que ocurre con las trayectorias de 4 cuerpos masivos, de masas similares, pero no iguales, que se mueven los 4 bajo la interacción gravitatoria entre ellos. Su movimiento es esencialmente caótico y aleatorio, independientemente de nuestro conocimiento o falta de él.

 

En el mundo atómico, las interacciones son del mismo tipo que las interacciones gravitatorias, e inmensamente más fuertes. Y el número de cuerpos que interaccionan es inmensamente mayor que el de 4 masas solares o planetarias. Y no hay forma de aislar una partícula atómica, por ejemplo, un electrón, de esas interacciones con otras cargas eléctricas en movimiento.

 

Es decir, no hay partículas aisladas, que son aquellas para las cuales se ha hecho la teoría cuántica. Si no hay partículas aisladas y el número de interacciones en muy elevado, y las interacciones, como las del sistema climático, son no lineales, los movimientos atómicos son aleatorios, dentro de las ligaduras (protones, por ejemplo) correspondientes.

 

Por lo tanto, la probabilidad “cuántica” no es muy distinta de la probabilidad del mundo macroscópico. Al ser así, los misterios cuánticos desaparecen como misterios y se convierten en lo que son, resultado de movimientos aleatorios muy rápidos.

 

Al mismo tiempo, si miramos un coche, la energía del campo electromagnético con que lo iluminamos, es pequeñísima comparada con la energía del coche, mientras que la mínima energía de cualquier campo electromagnético que podemos utilizar para ver un electrón es del mismo orden de magnitud que la de este: Al “iluminar” el electrón cambiamos su posición y su velocidad.

 

Y las “ondas” que se dice que son los electrones, son en realidad funciones de probabilidad que tienen máximos y mínimos como los senos y cosenos que forman las ondas, por ejemplo, las ondas de sonido o las olas del mar. De hecho, los electrones se comportan como partículas con masa, y son las funciones de probabilidad las que tienen alguna analogía con las ondas. Pero electrones y sus funciones de probabilidad no son la misma cosa. Estas últimas, realmente, son construcciones intelectuales, con nula realidad en la naturaleza.

 

Ahora bien, los movimientos aleatorios, como los del tiempo atmosférico, lo son dentro de unas ligaduras mucho más deterministas que aquellos movimientos. Por ejemplo, en una mesa de billar agitada por un generador aleatorio, el movimiento de las bolas lo es también, pero estas bolas no pueden salir de la mesa: Sus movimientos son caóticos dentro de la ligadura de la mesa.

 

El tiempo atmosférico es caótico, pero dentro de las ligaduras del espesor de la atmósfera, la distribución de continentes y mares, y la forma esférica de una Tierra que gira. Son estas ligaduras las que proporcionan una medida de algún tipo de orden a ese tiempo atmosférico, y a su estadística que es el clima. Son las rejillas de las redes cristalinas o amorfas de los materiales, las que proporcionan una medida de algún tipo de orden a los movimientos atómicos.

 

¿Cambia el clima? Si, por ejemplo, la temperatura media global aumenta y disminuye con las décadas y los siglos, lo mismo que la temperatura de un material cambia con la energía de electrones y protones que lo componen.

 

En un mundo de super-especializaciones necesitamos, cada vez más, la multidisciplinaridad, el que cada vez más personas dominen muchos campos, pues solo desde ese dominio los problemas de uno de ellos encuentran su solución en las soluciones de los otros.

 

La naturaleza es impredecible en detalle. El ansia de orden del ser humano, que ha generado tantas dificultades en la vida de las personas, debe ser reemplazado por un reconocimiento de la incertidumbre y, sobre todo, por un reconocimiento de que se puede vivir muy bien con ella.

 

Será este tema de la vida bajo la incertidumbre el sujeto de un nuevo post.

El problema de las nomenclaturas o la importancia de la lingüística

En la teoría de los átomos y los electrones se insiste mucho en que un electrón es una partícula con masa y una onda sin ella. En todos los libros sobre esto los autores se maravillan de que algo pueda ser dos cosas a la vez.

 

Pero la realidad es que no es así, para desilusión de los dueños de la teoría. Los electrones se mueven, y al moverse siempre en el campo de fuerzas de otros millones, o cuadrillones de otros electrones que se mueven muy deprisa, sus trayectorias son esencialmente aleatorias. Para describir movimientos aleatorios se precisan funciones de distribución de probabilidad: Una de éstas es la función y de Schrodinger, que tiene forma de una suma de senos y cosenos en el espacio y en el tiempo, es decir, la forma de un paquete de ondas limitado en el espacio.

 

Así, los electrones, partículas individuales dotadas de masa son partículas, entes materiales. Pero la descripción de su movimiento es un paquete de ondas. No hay dualidad onda-corpúsculo, puesto que la descripción como ondas se refiere a las funciones que describen las probabilidades de su movimiento.

 

No existe ningún experimento en el cual un electrón atraviese una rejilla atómica con dos rebajes (no es posible tener una superficie, o cuasi-superficie dividida en tres partes inconexas). Hay experimentos en los cuales chorros de electrones pasan por una tal superficie, interactuando entre sí y con los electrones de la red atómica en la que hay túneles cilíndricos o prismáticos. Puesto que para que se produzcan efectos de difracción los túneles deben tener tamaños parecidos al del electrón y estar separados entre sí con distancias de ese orden de magnitud, la interación de uno de los electrones en uno de los túneles se transmite a los electrones en el otro túnel. Puesto que la rejilla de electrones está cuantizada, sus movimientos están coordinados, de manera que lo que ocurre en un túnel tiene influencia sobre el otro, y los electrones cuando, hay dos túneles abiertos siguen trayectorias aleatorias pero con zonas de probabilidad muy pequeña: Cuando los electrones inciden sobre una pantalla, la imagen es una similar a la difracción de la luz.

 

Esta imagen de bandas se relaciona con la física de la red atómica que crea los caminos de los electrones, sin que estos se “conviertan” momentáneamente en ondas para convertirse en partículas a la hora de chocar.

 

Para generar interferencias se precisan redes materiales cuantificadas, no hay interferencias sin ellas. Si esto es así, la conclusión racional (y la ciencia debe ser racional y no mística) es que es algo de las redes atómicas lo que las genera, y no cambios inexplicables de los electrones.

 

Al tomar esta postura estamos de nuevo en ciencia, y podemos investigar ese “algo” de las redes, no la mística conversión de partículas en ondas en partículas. Esa investigación la hizo Duane, un físico americano, y la completó Landé, un físico alemán de la escuela de Göttingen. Al cuantificar no solo las posiciones, velocidades y energías, sino la cantidad de movimiento, lo cual es lógico, la cantidad de movimiento cuantificada de las redes de difracción de electrones con túneles de tamaño similar a los órdenes de magnitud del movimiento de los electrones, genera las trayectorias que producen las bandas discretas de choques en las pantallas sobre las que inciden los electrones.

 

El hecho es que los movimientos de las partículas cargadas y de las ondas electromagnéticas dentro de la materia, y especialmente la materia ordenada en redes geométricas, es bastante similar, pues es consecuencia de esa geometría.

 

Si se quiere, se puede observar esto en las arenas del Sahara y las olas del Atlántico que bañan sus costas. La materia, los granos de arena y polvo sahariano, adoptan formas ondulatorias y se mueven subiendo y bajando como las olas del agua, las primeras movidas por el arrastre del viento, las segundas por la presión de mismo. ¿Son ondas los granos del polvo sahariano?

 

Lo asombroso y maravilloso de la naturaleza es que es muy limitada: Nos bastan dos derivadas, la velocidad y la aceleración, para describir todos los movimientos naturales, aunque en principio se hubiesen necesitado miles de ellas. Las ondas electromagnéticas son combinaciones de senos y cosenos, aunque las funciones matemáticas son en número de miles.

 

La ecuación de Schroedinger para las amplitudes de probabilidad del movimiento de los electrones deriva de las ecuaciones de la energía de éstos. No es extraño que su comportamiento en el espacio sea similar a los movimientos de las partículas.

 

En ciencia, mucho más que en cualquier otra actividad humana, es preciso tener un cuidado exquisito con el lenguaje. Los electrones no son ondas. Lo que tiene la forma matemática de un paquete de ondas (no de una onda sinusoidal) es la amplitud de probabilidad del movimiento de los electrones, que conservan, puesto que nadie ha dicho nunca otra cosa, su carácter de partículas.

Las ecuaciones de la física y la realidad de la Naturaleza.

Es una doctrina de la Física que los movimientos de los cuerpos (y de ellos sale todo lo demás) se describen mediante ecuaciones diferenciales. Son estas ecuaciones matemáticas en las que intervienen los cambios de los valores de una magnitud (si cambia, varía y por ello se la denomina “variable”) con respecto a los cambios de los valores de otra.

 

La Física fue desde el primer momento, relativista: Todo lo que describe es unas cosas respecto, relativamente a otras.

 

Como solo tenemos, para la descripción de la Naturaleza, ecuaciones diferenciales, para saber cómo cambia aquella necesitamos resolver o solucionar esas ecuaciones. Para ello precisamos condiciones iniciales de los sistemas naturales, y condiciones de contorno para saber por donde se mueven.

 

Pero estas condiciones iniciales y de contorno no forman parte de las ecuaciones diferenciales, de las “Leyes de la Física”. La ignorancia de esta realidad, la matematización a ultranza de la Física, lleva a afirmaciones absurdas por parte de algunos (o la mayoría) de los divulgadores de la disciplina. Una de estas, repetida muchas veces, es que el viaje hacia atrás en el tiempo es posible, porque las ecuaciones de movimiento son simétricas en la “variable” tiempo.

 

Evidentemente, las ecuaciones lo son, pero no lo son las condiciones iniciales. Para imponer a un sistema físico unas condiciones iniciales que produzcan la inversión del movimiento en el tiempo, necesitamos interaccionar con el sistema con otro que ya no es simple ni lineal, de manera que no es posible garantizar que esa nueva condición inicial vaya a reproducir la condición final.

 

Así ocurre cuando hay tres soles, tres cuerpos de masas ligeramente distintas en atracción gravitatoria mutua. Estos tres cuerpos realizan movimientos caóticos, y los vuelven a realizar si se invierte el sentido de la variación del tiempo, de manera que no vuelven, en periodos de la edad del Universo, a sus posiciones originales.

 

Los movimientos de sistemas, de cuerpos, de masas pequeñas son, generalmente, aleatorios, ya que están sometidos a fuerzas de otros muchos cuerpos. Por ejemplo, los electrones están, incluso en el espacio intergaláctico, sometidos a múltiples interacciones extremadamente irregulares, de otros cuerpos eléctricos lejanos, o cercanos. Incluso dentro de una “Jaula de Faraday”, es decir, dentro de una esfera conductora, los electrones están aislados de los campos eléctricos y magnéticos exteriores a esa esfera, pero sometidos a las interacciones con los electrones del cobre de la esfera en sí misma, que se mueve de manera impredecible.

 

Pero la Naturaleza no es totalmente aleatoria. Aunque los electrones se mueven aleatoriamente, lo hacen dentro de regiones del espacio concretas y finitas. Lo que introduce un esquema de orden en su movimiento son las partículas de gran masa, los protones, cuyos movimientos, debido a esa masa elevada, son muy lentos.

 

La Naturaleza es entonces el juego constante entre los movimientos caóticos, e incluso aleatorios, de unas partículas, y los movimientos cuasi deterministas de otras.

Un estudio ¡apasionante!

El fanatismo y cómo eliminarlo

Las personas que estudiamos los problemas ambientales solemos analizar todos los ángulos de los mismos. Sabemos que una vida respetuosa con el Medio Ambiente es, no solo mejor a largo plazo, para las personas y la sociedad, sino incluso mejor ahora mismo.

 

¿Qué mejor que respirar aire sin contaminar, comer unos tomates con sabor, beber un agua sin cloro? ¿No sería magnífico dejar de escuchar los ruidos de coches, camiones y autobuses? ¿No sería maravilloso compartir el planeta con muchos de los animales que aún lo habitan?

 

¿Por qué no lo estamos haciendo?

 

El haber hecho las cosas mal hasta ahora es una consecuencia de la falta de reflexión desde el comienzo de la era industrial, de la falta de ganas de aumentar nuestro conocimiento de actuar siempre sabiendo lo que hacemos.

 

Los empresarios ingleses del siglo XIX estaban acostumbrados a comerciar, bien con bienes de lujo para muy pocos clientes, bien con esclavos que no tenían ninguna capacidad de adquirir productos. Desconocían el principio básico de Henry Ford, de que uno debe pagar bien a los trabajadores, pues son estos los que compran los bienes producidos.

 

Hoy llevamos más de 200 años de teoría económica y es preciso repetir esta realidad una y otra vez, a todos aquellos que tienen algún poder de decisión. El sistema capitalista, que es el que se supone que desean, exige vender los productos producidos, y que las gentes compren los servicios ofertados. Sin compra no hay venta, y sin venta no hay beneficios.

 

La sociedad inglesa, y muy pronto, la estadounidense, empezaron un ciclo de crecimiento económico puntuado por crisis largas, producto de esa ignorancia, o del rechazo voluntario del conocimiento, de la realidad. La razón era también histórica: Una buena parte de la economía inglesa de los siglos XVI al XIX se basaba en la piratería, incluso en este último siglo, en la venta de droga, de heroína a los chinos. En España, el equivalente de robo ha sido, desde el Duque de Lerma, el pelotazo inmobiliario.

 

Son estas últimas actividades el equivalente del robo descarado, y claro, el robo no tiene cabida en la teoría económica.

 

Estamos así en una inconsistencia mental: Por un lado, la razón nos dice, y la teoría económica lo sustenta, que para que aumente la riqueza general e individual, debemos conservar y mejorar lo que tenemos: Las personas y los recursos.

 

Por otro lado, la cultura tribal, que utiliza poco la razón, y mucho más la emoción, el que uno coja en todo momento todo lo que pueda, aunque agote lo que le rodea (en esa cultura, el sistema es esencialmente nómada) compite con la razón una y otra vez.

 

Hubo una época en la historia de la humanidad en la cual solo había acciones tribales. Poco a poco, sobre todo a partir de la Grecia clásica, la razón fue avanzando.

Pero muy poco a poco.

 

Comparado con el éxito de la razón, la eficiencia de la acción tribal, o su equivalente, el fanatismo, ha sido nula. Sin irnos muy lejos, tenemos los ejemplos de Hitler, que promovía la tribu germánica y rechazaba la ciencia, Stalin, y el desastre económico ruso, y hoy el ISIS/DAESH, y su inmenso fracaso. Como fracasará el Brexit, el Trumpismo y la idea de la tribu catalana. No por nada, sino porque el robo, como se veía en las expediciones vikingas, deja de rendir al poco tiempo: No reproduce la riqueza, la agota.

 

Es un problema de visión, es incluso un problema de género. Una mujer sabe que el hijo nacerá ¡dentro de nueve meses! Sabe, porque la agricultura fue primero una actividad femenina, que el trigo tarda 7 meses en granar. La mujer, y luego el agricultor, conservan lo que les rodea.

 

El cazador/recolector coge lo que encuentra, destroza lo que puede, y se muda a otro cazadero. En Ur, el agricultor conservaba, el bandido robaba.

 

El ser humano echa de menos la tribu. Son decenas de miles de años de vida tribal, frente a no llega 1500 años de avance lento de la razón.

 

Los que ignoran lo que rinde la razón se refugian en la idea del rebaño, en la protección, en el círculo que hacen los búfalos de África ante los predadores.

 

El fanatismo es el rechazo de la razón para formar el círculo de la tribu frente a “los demás”.

 

¿Tiene solución esta dicotomía?

 

La tiene, y pasa por la educación, el mostrar de todas las maneras posibles las ventajas de la razón, de la ciencia, frente a los desastres de los esquemas tribales, en mostrar sus fracasos siempre que han llegado a ser predominantes.

 

La educación es muy defectuosa, aunque obligatoria para todos durante muchos años de la vida. Si no lo fuera, no habría necesidad de enseñar la realidad a los adultos: Todos la conocerían. Son las personas que desconocen la historia de sus países, su literatura, aquellos que desconocen los logros de la ciencia, de la razón, los que creen que sin un enorme esfuerzo de racionalidad se mantiene la cultura de la civilización, creen que esta es automática, esos son los que causan los problemas actuales.

 

Son los que desconocen cómo avanzamos hacia una catástrofe climática y ecológica, los que se resisten a poner en marcha las medidas adecuadas, que como plus aumentarían la riqueza de cada ciudadano. Son los americanos que desconocen que lo que desean hoy era solo posible ayer, cuando las grandes praderas y el Oeste eran todavía vírgenes, y muchos otros países, por ejemplo, China, habían alcanzado el nadir de su evolución histórica. Son los ingleses que desconocen en qué se basaba su riqueza, son los catalanes que desconocen la realidad de su historia.

 

Son, esencialmente, los que tienen miedo y se refugian en la protección de la tribu, dificultando, queriendo impedir el desarrollo de la razón, de la ciencia, el arte, las humanidades, que son lo que nos ha traído hasta este avance inconcebible de riqueza y civilización.

La ignorancia como problema del siglo XXI

La ignorancia fue siempre un problema para la vida social, puesto que los ignorantes ignoran su ignorancia y en ella proponen, y a veces consiguen, realizar acciones ridículas que pueden llegar a dañinas.

 

Pero esto, que era un mal controlado durante milenios, ha surgido como un problema grave con la capacidad que da Internet y las redes sociales en este siglo XXI para comunicar ideas absurdas.

 

Entender la realidad, y pensar racionalmente es algo que nunca es inmediato, es una actividad que exige obtener los datos correctos, estudiarlos, reflexionar sobre ellos. Implica lo que se denomina trabajo, y eso es algo que pocas personas quieren realizar. Es más sencillo actuar sin datos o con datos erróneos, sin su estudio, sin reflexión.

 

Pero cuando se escupe lo que se ha pensado se hace con toda la autoridad del mundo, porque ¿No somos todos iguales?

 

El esfuerzo de años de una persona para dilucidar algún aspecto importante de un tema bajo investigación queda reducido siempre a “De eso sé yo también y esta es mi opinión”.

 

Ayer estuve viendo una representación de “Arte” de Yasmina Reza (una obra algo ya talludita). La obra en sí no me interesó: eran demasiados gritos para no llegar a nada, situaciones que podían resolverse en 2 minutos duraban 20. Pero lo interesante era el comportamiento de los espectadores, unos 200, ciudadanos de Alcalá de Henares.

 

Estas personas se reían cuando los protagonistas se atacaban entre sí, y aplaudían cuando estos protagonistas alababan la falta de racionalidad que la autora supone es el Arte, así, con mayúsculas.

 

Los aplausos marcaban un ansia de escapar de lo único humano que tenemos: La razón. Y mostraban su ignorancia, pues arte y ciencia son las dos actividades esencialmente,

esencialmente, racionales del ser humano.

 

Ningún artista pinta sin reflexionar, estudiar, considerar largamente lo que va a pintar, lo mismo que ningún músico compone al azar, ni ningún escritor desarrolla una novela, una obra de teatro, sin pensar mucho todas las situaciones y reflexionar sobre lo que quiere decir y cómo lo quiere decir. La representación, teatral, o cinematográfica, precisa horas de ensayo para parecer espontánea.

 

Crear es la máxima actividad humana y es equivalente a los descubrimientos de la ciencia.

 

Se dice, con razón, que muchas personas que han votado el Brexit, que han votado a Trump, que quieren un paraíso inventado entre los Pirineos y el Mediterráneo, lo que quieren es rebelarse contra un mundo en el que, con dolores de parto, y muy lentamente, avanza la razón sobre la irracionalidad de la tribu. Lo mismo que los salvajes de ISIS/DAESH lo que querían era invertir el paso del tiempo y volver al medievo, a la irracionalidad de dogmas inverificables, a la irracionalidad de la violencia. Recordemos de esta que, como escribía Asimov, “La violencia es el último recurso del incompetente”.

Y todo esto está ocurriendo en sociedades que nunca han tenido tanta cantidad de “educación”. Nunca antes en la historia han ido todos los niños y adolescentes de una gran cantidad de países del mundo al colegio, durante años y años.

 

Y sin embargo la ignorancia de una buena cantidad de la población es supina, es asombrosa. Alumnos de ingeniería naval que no tienen ni idea de a qué distancia está América de España (sus respuestas varían entre 1.000 y 20.000 km), alumnos de Arquitectura que no saben lo grande que es la Tierra, o la altura de la atmósfera y lo que pesa ésta, que de hecho no saben recitar ningún trozo de alguna obra de Lope o de Calderón, alguna poesía de Quevedo, o de Zorrilla.

 

Y que ignoran la historia de sus propios pueblos. Por ejemplo, que en Siria e Iraq hace 1300 años no había un Islam ortodoxo, como que las sectas cristianas que asumían relatos incompatibles con los evangelios actuales eran numerosas como las hojas de los árboles, o que Fernando de Aragón casó con Isabel de Castilla para arreglar la bancarrota de aquel reino, o que Inglaterra se hizo “grande” actuando de piratas por todos los mares y vendiendo opio y heroína en China, con los “camellos” protegidos por la armada británica.

 

Es la ignorancia de la realidad lo que hace pensar a muchos estadounidenses, comenzando por su jefe, que pueden volver al pasado de unos EEUU vacíos, que pueden vivir aislados de China o que un muro con México va a resolver algún problema económico de familias americanas de bajas capacidades intelectuales.

 

Y es la ignorancia de dirigentes políticos con títulos de doctor en diversas materias, así como la ignorancia de millones de ciudadanos, la que niega el Cambio Climático, y las soluciones evidentes para el mismo, soluciones que al tiempo que nos protegen de un problema inmenso, generarían millones de puestos de trabajo y relanzarían de una vez la economía, pues esta no es otra cosa más que la captura de cada vez más energía y su distribución a cada vez más gente.

 

¡Qué pena! Una población con 16 años de educación y fundamentalmente, en una buena proporción, ignorante.

 

Credulidad e incredulidad

La ciencia, aunque algunos, por interés propio, se esfuerzan en negarlo, se basa en la falsabilidad: Cualquier afirmación científica, si lo es, debe poder ser rechazada en algún momento, mediante las pruebas adecuadas. Es por esto por lo que el Big-Bang no es una afirmación científica: No podemos realizar pruebas, ni siquiera en principio, para rechazar esa hipótesis, no es posible volver atrás en el tiempo para aceptar o rechazar esa afirmación.

 

¿Es científica la afirmación de que estamos cambiando el clima? Al menos en principio lo es, otra cosa es que queramos hacer la prueba. Esta prueba es evidente e inmediata: Si dejamos de quemar combustibles fósiles, la teoría del cambio climático nos dice que la temperatura media global del planeta debe estabilizarse y empezar a disminuir al cabo de unas décadas. Por lo tanto, la teoría es falsable y es una teoría científica correcta.

 

En sus interacciones con el resto de seres humanos y con el mundo en el que vivimos, las personas emplean, en un pequeño porcentaje, esquemas racionales para generar en sus mentes mapas mentales de esa realidad externa, pero en un porcentaje mucho mayor emplean mapas mentales adquiridos por esos contactos con el resto de las personas, sean esos mapas mentales falsables o no.

 

Por ejemplo, una secta religiosa americana afirma que su fundador recibió la visita de un ángel que le transmitió instrucciones de comportamiento. Es imposible falsar esa afirmación: No podemos volver a la ocasión concreta de la revelación ni, en el caso de que pudiésemos hacerlo, podríamos visualizar la visita mental de un ángel al cerebro de una persona. Incluso si esa visita se produjese hoy a un sujeto dentro de una máquina de electroencefalogramas, las variaciones de las corrientes eléctricas del cerebro detectadas por lo electrodos del aparato podrían sencillamente deberse a alucinaciones de tipo habitual.

 

¿De donde viene la credulidad?

 

En principio, los niños son enormemente crédulos … hasta que llega un día en que empiezan a ver la realidad. Yo recuerdo haber ido a mi última función de circo, solo, una vez en Murcia, no recuerdo a qué años, y salir de la misma absolutamente decepcionado, al haber visto todos los trucos.

 

En las bandas primitivas, de las que quedan muy pocos ejemplares, el jefe de la banda ha conseguido esa posición porque se ha equivocado pocas veces al señalar el lugar de reposo, al indicar la caza de una pieza y no de otra, al localizar lugares con agua, al resolver disputas entre los miembros de la banda. Si esta persona atribuye esas decisiones a algo externo al mundo, algo irresponsable, consigue dos objetivos: Elimina la condena si se equivoca, ya que “seguía órdenes”, y elimina la competición con otros de la banda, que no comunican con el exterior.

 

No sabemos (o quizás sí, pues aún hoy aparecen constantemente profetas que desaparecen al poco) cuántos profetas hubo en los primeros tiempos de historia y de la prehistoria. Solo conocemos los que tuvieron éxito, y ese éxito se medía siempre por la capacidad de organizar a las bandas en tribus y a estas en federaciones.

 

Normalmente los profetas ofrecen a los que les siguen un paraíso prometido desde el exterior del Cosmos, o apocalipsis diversos. Lo estamos viendo estos días en diversos lugares de Europa, y en los EEUU. Paraísos y apocalipsis suelen fallar. Ahora bien, una vez organizado un sistema identitario, incluido en él de forma más o menos completa un sistema de seguridad social, el esquema tribal de xenofobia mantiene, primero el grupo, luego, las ideas del grupo. Se pasa de un grupo construido alrededor de una o varias ideas, a unas ideas mantenidas por la cohesión del grupo, ya que los que lo abandonan son tachados de traidores e insolidarios. Tenemos un ejemplo hoy en una región de España.

 

El cambio climático producido por el ser humano al quemar masivamente combustibles fósiles es una realidad. Su rechazo por parte de muchas personas, sobre todo personas en situación de poder político y económico, es también una realidad. Ese rechazo deriva del apoyo a creencias sin fundamento pero que conforman las ideas de una cierta tribu, ideas que se refuerzan con cada nueva prueba científica del fenómeno.

 

Si en un club de empresarios uno es parte del mismo siempre que acepte las ideas de hacer beneficios hoy y que el que venga detrás que arree, el cambio climático, que es un fenómeno que se extiende en el tiempo a lo largo de décadas, y cuyo freno exige desarrollos también de décadas, se visualiza como el ataque de unos locos. Y puesto que personas con esos esquemas mentales solo piensan en beneficios inmediatos, no pueden atribuir a los “locos” otros motivos que ser unos pagados por …. ¿Quién podría pagar a esos “locos”?

 

La credulidad en el código de la tribu sin someterlo a la crítica mantiene la cohesión de aquella, pero produce su destrucción cuando la realidad cambia la efectividad de ese código, adaptado a unas condiciones de contorno distintas de las actuales.

 

Es preciso tener las mentes abiertas y sobre todo rechazar los códigos estáticos. Estos son un manual de instrucciones para la supervivencia, pero como cualquier manual de instrucciones, dejan de ser útiles cuando lo que hay que resolver son problemas distintos de aquellos para los cuales se establecieron los manuales.