Febrero como mayo, abril como febrero

Observemos la situación del hielo en el Polo Norte en estos días:

y a continuación, el hielo en los últimos años en estas fechas:

 

El Polo Norte está muy caliente (relativamente a su latitud). En la atmósfera, con la rotación de la Tierra, los vientos se aceleran en altura con una aceleración causada por la diferencia de temperaturas entre el Ecuador y el Polo, en la dirección Oeste-Este.

Nuestras emisiones de CO2, y sus consecuencias, como el deshielo de las tundras siberiana y canadiense y la emisión del metano almacenado en las mismas, están calentando, de momento al Polo Norte; más tarde harán lo mismo con el Polo Sur.

El calentamiento del Polo Norte desvía el punto de máximo gradiente de temperaturas del norte de España hacia Inglaterra y Escocia, y con él la zona central del chorro polar. Un gradiente menos intenso produce un chorro más lento, y esto, meandros profundos, que inyectan aire muy frío polar, o aire africano en nuestras latitudes y por tanto en España.

Este año de 2019 hemos tenido uno de estos meandros en Febrero, con aire sureño, y en Abril ha cambiado el meandro durante unos días y ha llovido, no mucho, pero si algo de lo que necesitaba el campo español.

Esto lo llevo contando desde hace un par de décadas, con un éxito exactamente igual a cero, como ocurría con las profecías de la princesa Casandra en la guerra de Troya.

Los seres humanos somos algo asombroso: Nos dicen y nos muestran que la carretera por la que vamos acaba en un precipicio, y aceleramos para caernos antes.

A mí, ahora, ya no me interesan tanto los cambios climáticos: hay uno de ellos ahora, mucho más rápido e intenso que los anteriores, y actúa contra una civilización frágil.

Y la causa de estecambio climático es la emisión salvaje de los gases de escape de coches, camiones, barcos, aviones, cementeras, fábricas de fertilizantes, y centrales eléctricas que generan electricidad a base de quemar productos carbonados.

Esto es así.

Lo que me intriga ahora es la mente humana, individual y, sobre todo, la mente colectiva, que permite que esto ocurra.

En la Tierra hay recursos más que de sobra para que cada ser humano viva muy bien, a base de compartirlos.

Y sin embargo la idea más generalizada es robarse recursos unos a otros, no tanto a nivel individual, que también ocurre, pero sobre todo a nivel colectivo.

Y esto es lo que me intriga. ¿Por qué es el conjunto más loco que los individuos que lo forman?

La respuesta la podemos entender considerando el Cambio Climático.

Aunque las ecuaciones que trata la física, o que ha tratado hasta ahora en una considerable mayoría son lineales, las del tiempo atmosférico y el clima son no lineales: Cuando se funde un trozo de tundra en Canadá, el suelo se calienta, y en el verano siguiente, habiendo retenido el calor gracias a la cubierta de hielo, ese trozo funde otros más a su alrededor: El sistema es como el de los céntimos en los tableros de ajedrez: 1 en la primera casilla, dos en la segunda, hasta 2 elevado a  63, es decir 9 millones de billones de céntimos, es decir unos 90.000 billones de euros.

Las interacciones humanas son no lineales. Si bien las estupideces individuales se extinguen pronto, aunque llaman considerablemente la atención, las locuras colectivas se refuerzan unas a otras como las monedas en el tablero y, asombrosamente, se consideran correctas: Por ejemplo, “defienden a la tribu”.

Hemos vivido un pequeño intervalo de tiempo, digamos 60 años, desde 1945 a 2005 más o menos, con dos bloques de humanidad colectiva enfrentados entre sí.  La locura del resto se estrellaba contra la de esos dos bloques, que sin embargo estaban tan lejos uno del otro que en la realidad casi no interaccionaban.

Pero el bloque ruso colapsó por motivos internos (obsolescencia). Las locuras colectivas comenzaron a crecer, por interacción no lineal, en bloques próximos entre sí. Inglaterra contra el resto de los europeos, Cataluña contra el resto de los españoles. Italia, que es un desastre organizativo, y por motivos esencialmente internos, empieza a rechazar al resto de grupos europeos.

Y así con las demás tribus humanas que, tras un pequeño intervalo histórico de expansión, vuelven a reconcentrarse en glóbulos aislados como una lámina de agua sobre un vidrio bien limpio, que tras extenderse, vuelve quedar en forma de gotitas.

En las teorías de la evolución humana se destaca con frecuencia la importancia de los grupos para la supervivencia de la especie, y en cierta medida tienen razón pues, por variación genética, en cualquier conjunto humano siempre hay individuos menos inteligentes, menos capaces físicamente, que se cansan antes que los demás y que precisan del apoyo de los otros para sobrevivir. E igualmente, por pura variación genética, el número de los muy capacitados es siempre pequeño.

El resultado, visto a lo largo de la historia, ha sido siempre el mismo: La agrupación de individuos que precisan una frontera para mantenerse como grupos y, por tanto, la separación radical de otros grupos que, por mal uso del lenguaje, acaban demonizados.

Un trabajador de Oeste Medio americano, un inglés de Yorkshire, un catalán de Gerona, sienten que no pueden competir con otras personas, y piden que se establezca una tribu que les proteja de la competición. A cambio no ofrecen producir mejor, o hacer algo por los demás de la tribu, sino solamente fidelidad a la misma, y en cualquier caso disfrutar de lo que otros miembros de la tribu puedan producir.

Claro, si lo único que pueden ofrecer es fidelidad, tienen forzosamente que impulsar el conflicto con otras tribus, para demostrar que entregan a la propia lo único que le pueden dar.

Aparece así en la mente colectiva de las tribus que lo único importante en la vida es la protección del grupo, de manera que la posible destrucción de los demás se acepta como lo más razonable.

Puesto que el Cambio Climático es algo que afecta a todos los grupos, cada grupo tribal deja de considerarlo como algo propio, piensa que el interés es por parte de los otros, y por tanto rechaza interesarse por él. Cada persona puede estar inmensamente preocupada por el fenómeno, pero una vez que se integra en la tribu, la preocupación se difumina y pasa a último lugar.

La vuelta al esquema tribal es una consecuencia de la desaparición de la “Guerra Fría”, y supone la vuelta a la situación, digamos, “normal”, de la especie humana.

El cambio climático tiene visos de llegar a los 4ºC de aumento sobre la temperatura anterior a 1850.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las verdades y los errores sobre el cambio climático actual

El jueves día 14 de marzo (2019) participé en un debate sobre Cambio Climático organizado por el diario El Español, y patrocinado por Acciona. En el mismo se plantearon un par de cuestiones interesantes, y una pregunta sobre una cuestión estúpida.

Esta cuestión es la de si el cambio Climático actual, y su causa, que es la acción humana de quemar combustibles fósiles de forma masiva, es una falacia, un camelo. Esta cuestión es estúpida. Estupidez es causar un mal sin sacar ningún beneficio a cambio. Negar la existencia del Cambio Climático actual es estúpido, porque retrasa la toma de decisiones esenciales para frenarlo, y no se obtiene ningún beneficio a cambio de ese mal.

Las dos cuestiones interesantes se refieren a si ha disminuido recientemente la emisión de CO2 y si este cambio actual es diferente de otros cambios climáticos de la historia del planeta.

Para dilucidar estas dos cuestiones, nada mejor que observar las siguientes figuras, tomadas todas del observatorio de CO2 de la Institución Scripps de Oceanografía, sito en Hawai, en el Mauna Loa, y confirmadas con las observaciones del observatorio de Izaña en las Islas Canarias.

Estas figuras podrían, según algunas mentes enfermizas, ser una conspiración. A eso solo se puede responder que, según esas ideas de conspiraciones, yo soy chino, la Tierra es plana y es el Sol el que se mueve alrededor de la Tierra.

La primera figura, aquí arriba, marca la concentración de CO2 en la atmósfera de nuestro planeta desde 1950 a Marzo de 2019.

Observamos que no existe el menor cambio en la tendencia de aumento de CO2 en la atmósfera en las últimas décadas.

La siguiente figura, aquí arriba, muestra el aumento de CO2 en la atmósfera de la Tierra desde 1700 (Guerra de Sucesión en España, fin del reinado de Luis XIV en Francia) hasta marzo de 2019. Observamos cómo la concentración de COP2 empieza a aumentar con la puesta en marcha de la nueva era energética (llamada Revolución “Industrial”, cuando realmente fue la segunda revolución energética, siendo la primera el desarrollo de la agricultura) y se acelera notablemente a partir de 1960.

La siguiente figura (aquí arriba) nos amplía el rango temporal hasta hace 10000 años, con el fin de la última glaciación y el comienzo del desarrollo delhomo sapiens.

Observamos un cambio notable a partir de 1800, con respecto a la evolución lenta de los años entre -10000 y esta última fecha.

Finalmente tenemos la siguiente figura:

Aquí se incluyen las últimas 8 glaciaciones (durante la última los mamuts lanudos y los tigres de dientes de sable se movían por nuestras latitudes hispanas y europeas).

Observamos, de nuevo, el carácter    r a d i c a l m e n t e   distinto de la concentración de CO2 desde 1800, con respecto a los cambios climáticos anteriores.

No hay deceleración alguna del aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera en los últimos años.

Y el presente cambio climático es el más rápido de la historia geológica de la Tierra.

No vamos a detener el actual Cambio Climático. Podemos ¿quizás?  hacer que vaya más despacio, aunque hasta hoy no lo hemos hecho y no es nada claro que lo vayamos a hacer.

Se precisaría para ello cambiar radicalmente el trasporte de mercancías, eliminando de raíz los camiones y los barcos con motores de gasóleo. Esto supone un inmenso problema humano, pues desaparecerían los camioneros como profesión, y hay millones de ellos en el mundo.

Se precisaría cambiar 1000 millones de coches con motores de explosión y de combustión a coches eléctricos. Se puede hacer, pero el plazo es mayor de 30 años.

Las inyecciones de CO2 a la atmósfera van más rápidas que las sustituciones energéticas necesarias, no ya para parar el Cambio Climático, sino para frenarlo significativamente.

Tenemos, y esta vez quizás alguien me escuche, que diseñar,  ya,   las estrategias de adaptación no sea que, de nuevo, como con el Cambio Climático, las queramos poner en marcha cuando ya sea tarde.

La princesa troyana Casandra profetizaba la verdad, y nadie le hacía caso. Los troyanos podían haber devuelto a Helena a los griegos, y firmado con ellos un tratado comercial del cual se habrían beneficiado ambos pueblos.

Troya fue arrasada hasta sus cimientos.

Anteproyecto de Ley de Cambio Climático

Hoy se ha aprobado en el Consejo de Ministros un anteproyecto de Ley contra el Cambio Climático. Bienvenido sea, aunque llega unos años tarde. En la primera legislatura del Sr. Rodriguez Zapatero se estuvo a punto de aprobar una ley sobre esto, y en su segunda legislatura se olvidó completamente.

El que exista un anteproyecto de ley es bueno, pero es ya inútil. Las grandes petroleras, impulsadas por una demanda creciente de miles de millones de personas en el mundo, han decidido incrementar su producción y buscar el petróleo y el gas donde sea, hasta en el infierno, si es necesario.

El problema son las petroleras, pero la causa del problema es que los ciudadanos no quieren prescindir del petróleo ni del gas, que consideran la base de la civilización actual. No les falta razón, pero se puede tener otra civilización mejor, sin quemar carbono. Para ello se precisa aceptar la necesidad de cambio de hábitos, de visión del mundo.

Y eso sí es difícil.

Nos llega a la tierra una ingente cantidad de energía desde el sol, cada día, pero de manera no concentrada. Y la civilización actual está basada en una energía muy concentrada: Un depósito de gasolina de 50 litros contiene, en una superficie de un cuarto de metro cuadrado y un palmo de alto, 500 kWh: Un radiador de mil watios funcionando 500 horas a tope.

La energía que cae sobre un metro cuadrado de terreno, de tejado, en verano en Madrid son 2.5 kWh en un día, de los cuales podemos aprovechar, como mucho, un 20%, es decir, 0.5 kWh por día. Para mover un coche 10 días (50 litros de combustible) necesitamos 1000 metros cuadrados

No es posible conseguirlo con la parte de tejado que corresponde a un vecino de un edificio de pisos, ni siquiera con el tejado de un chalet grande.

La realidad del coche privado, parado 22 horas diarias, no es compatible con la idea de no quemar carbono. Necesitamos otro modelo de transporte individual o para 3 o 4 personas

Es dudoso que ante la resistencia de la ciudadanía se consiga hacer efectivo ese anteproyecto de ley.

El cambio climático actual se intensificará en las próximas tres décadas y no se podrá parar.

La única solución será adaptarse a las nuevas condiciones de extremos meteorológicos intensos.

Como no habremos querido cambiar nuestras conductas, voluntariamente y a tiempo, (como no lo hicieron los aristócratas antes de la Revolución Francesa) tendremos que cambiarlas deprisa, corriendo y mal cuando la situación se haga insostenible.

Hemos entrado en una etapa histórico-social en la cual todo es broma, desde la DUI y el referéndum catalán, a los problemas ambientales, y los económicos. Ante estos últimos, una representante norteamericana sugiere un salario para todo el que no pueda, o no quiera, trabajar.  Claro, si el que te paguen es otra broma, y no se precisa producir, aunque sea producir organización que es lo que genera un burócrata, podemos considerar que la existencia de 6 meses de sequía no importa nada: Alguien pagara aquel salario, y ya conseguiremos los alimentos de otro lugar.

Gratis.

Se necesita un cambio de la visión del mundo, de la Weltanschauung.

El problema no es el clima.

El problema somos nosotros.

El vórtice polar

Tremendas olas de frío en el Midwest estadounidense.

 

Esencialmente es aire directo del Polo, arrastrado por un vórtice, una rueda que gira en sentido contrario de las agujas del reloj con el eje sobre la costa este del Canadá.

 

Como todo en la atmósfera, el vórtice también se mueve, desplazándose hacia el Polo, o hacia el sur, y yendo de oeste a este. Cuando está más al norte el aire polar enfría el norte de Canadá y la península del Labrador, de manera que despierta poca atención en los medios de comunicación.

 

Pero cuando se desplaza hacia el sur, ese aire entra en el centro de los EEUU, y los medios se llenan de alarmas y noticias de problemas de todo tipo.

 

En España tenemos también estas invasiones de aire polar. Suelen ocurrir en febrero, cuando un meandro del Chorro Polar arrastra aire hacia el sur directamente desde Groenlandia, bajando por el Mar del Norte y desplazándose por el valle del Ebro hasta el Mediterráneo.

 

Sin embargo, en España el frío es menos intenso que en las grandes praderas americanas, pues el viento se ha movido sobre el mar, que está siempre mucho más caliente que el suelo canadiense. De hecho, el Mar del Norte no se hiela nunca (recibe la Corriente del Golfo) y por lo tanto su superficie está, como mínimo, a 0ºC, mientras que en las llanuras canadienses el suelo puede estar a 30º bajo cero.

 

Esto del tiempo y el clima lo podemos entender mucho mejor si pensamos que vivimos como los peces dentro de un mar, pero que ese mar, en vez de ser de agua, es de aire, y no tiene costas.

 

El aire circula en grandes corrientes que se mueven unas al lado de otras, y que generan vórtices en los puntos de contacto.

 

Oímos en la televisión: Hay un anticiclón en las Azores, una baja sobre Galicia, un frente frío que entra por el Cantábrico, un frente cálido que trae aire del Sahara.

 

Realmente el anticiclón no es más que aire que gira (en el Hemisferio Norte) en el sentido de las agujas del reloj, y succiona aire frío de las alturas, que se calienta cuando llega a la superficie y sale del vórtice. Cuando vamos en un atasco en una carretera con dos carriles, nos sentimos animados cuando pasamos a cuatro carriles: Los coches divergen y la circulación se hace suave. En cambio, a la inversa, cuando queremos comprimir cuatro carriles en dos la circulación se hace brutal.

 

Esto ocurre en las áreas de bajas presiones, en las cuales el aire de muchos puntos converge en un área reducida y asciende en la atmósfera de forma tanto más violenta cuanto menor es el radio de giro (los tornados y huracanes).

 

Los frentes fríos y cálidos no son más que corrientes de aire que cruzan una cierta región.

 

El movimiento del aire está causado por las diferencias de temperatura de unas regiones a otras, pues el aire asciende sobre zonas de superficie caliente, y al ascender atrae aire de otras zonas, para rellenar el vacío que deja, y desciende cuando se ha enfriado y se ha hecho más denso.

 

Y el movimiento se complica porque la Tierra gira, y el aire con ella, de manera que además de la aceleración debida a las diferencias de temperatura, tiene una aceleración, que se llama de Coriolis, que enrolla sobre sí mismos esos ríos de aire que son la atmósfera.

 

Cuando se entiende la atmósfera, se maravilla uno al ver el ballet precioso que desarrolla el aire en su movimiento alrededor del planeta.

Tormentas, inundaciones y muy buen tiempo

 

Hemos terminado una semana (20 al 26 de enero, 2019) en la cual media España ha estado sometida a vientos, tormentas, lluvias, inundaciones, avenidas, nieve y aludes, y la otra mitad ha disfrutado de un tiempo impropio de un mes de enero, con temperaturas a media tarde de 15 y 17 grados, en Madrid, por ejemplo.

 

El aire no lo vemos, pero está aquí, se mueve y distribuye los meteoros de un punto a otro del globo. En la atmósfera hay ríos de aire, que se mueven de un lado a otro del planeta. Como todos los ríos, hacen meandros, y uno de estos ha pasado por encima de España. Al noreste del meandro entraban masas de aire canadiense, muy frío y con la humedad extraída del Atlántico norte. Al sureste del meandro entraba aire del Atlántico central y de la corriente del Golfo.

 

Ante las incidencias meramente humanas, taxistas, Venezuela, accidentes mortales, ataques de lobos, es decir, de algunos seres humanos sobre otros, el colegio, los niños, el trabajo, la falta del mismo, ….

 

¿Cómo vamos a poder preocuparnos por si cambia el tiempo o no lo hace?

 

La NASA acaba de avisar https://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/09/ciencia/1299634169.html

de que la cubierta de hielo de los Polos se deshace 3 veces más deprisa de lo que se pensaba hace unos años (aunque yo ya expliqué hace años por qué debería ser así).

 

La razón, de nuevo, es que el deshielo es un sistema realimentado positivamente del tipo “el rico se hace cada vez más rico, y el pobre, cada vez más pobre”. Cada vez que se deshiela un metro cuadrado de hielo, esa superficie ya no refleja la radiación, sino que la absorbe y se calienta. Esa energía del suelo no se pierde en invierno, pues la nieve es un magnífico aislante. Y cuando vuelve el Sol, el suelo caliente calienta las superficies de su alrededor: El fenómeno es exponencial.

 

Al fundirse el hielo polar depositado sobre tierra sólida, aumenta el nivel del mar. Si se deshiela toda Groenlandia (y aquí además del calentamiento por desaparición del espejo que es el hielo, tenemos la pendiente de las montañas sobre las que está depositado ese hielo) el nivel del mar sube 10 metros, es decir, en las costas, hasta el tercer piso de los apartamentos, que ven sus cimientos inundados y acaban derrumbándose.

 

Como casi todo en la vida, el ansia de hoy gana por goleada a las necesidades de mañana. El ansia de mandar gana a la necesidad de acordar.

 

Y es solo eso: Ansia.

 

Se puede vivir magníficamente hoy pensando al mismo tiempo en el mañana.  El cerebro humano es un mediocre ordenador secuencial, pero un extraordinario ordenador paralelo. Podemos pensar en múltiples cosas simultáneamente. No tenemos más que observar que vemos, oímos, olemos, sentimos al mismo tiempo. De igual manera, podemos preocuparnos por las tareas diarias e ir poniendo las piedras por las futuras.

 

Necesitamos frenar el Cambio Climático y revertir la degradación ambiental.

Es necesario mejorar los edificios, y cuesta muy poco. Las paredes se aíslan con Pladur, las ventanas con vidrios dobles. Ambas cosas baratas. Es urgentísimo eliminar el gasóleo de las calefacciones: El gas natural está hoy a la puerta de todos los edificios de Madrid. Hay que ir cambiando a coches eléctricos, pasando poco a poco de los de gasolina a los híbridos y de estos a los totalmente eléctricos. Y eliminar, claro está, los diésel.

 

Es preciso eliminar los atascos, y esto no puede ser una labor de los ciudadanos, sino que obliga a las administraciones a hacer permeables las ciudades, en contra de la doctrina al uso de hacerlas cada vez más impermeables: Un colador nunca produce atascos de agua, un embudo, siempre.

 

Se escribe estos días sobre la despoblación de España. Un Medio Ambiente degradado tiene una buena parte de la culpa. Una de las causas fue, en el siglo XIX, las horribles comunicaciones en España. Hoy esto ya está arreglado, salvo con Extremadura. Pero queda un paisaje desértico, inhábil para generar riqueza. Es preciso reforestar a marchas aceleradas, teniendo en cuenta lo despacio que crecen los árboles.

 

Estos días de huelga de taxis en Madrid tengo que coger una desviación para llegar a la universidad. Me cuesta tiempo y dinero. La situación de los taxis no se resuelve con mantener el monopolio. Los tejedores manuales organizaron en Inglaterra lo mismo que están organizando los taxistas en Madrid. Perdieron. Los que vendían caballos no querían que hubiese coches. Perdieron.

 

La tecnología avanza de una manera natural. Las cosas viejas desaparecen. Lo mejor es adaptarse constantemente a lo nuevo. No pasa nada, se hace sin demasiados problemas.

Ahora, si uno se resiste, el resultado es siempre destructivo. Los tejedores manuales, desaparecieron y desaparecerán los taxistas.

 

Pensemos en la historia: En España hubo una pequeña ciudad, Numancia, que rechazó incorporarse a la cultura romana.

 

Desapareció.

 

Itálica, el germen de Sevilla, colaboró, se hizo rica, y dio dos emperadores a Roma.

 

Colaborar es siempre mejor que competir, no para la sociedad, que también. Para cada persona, que saca el doble si colabora, o se arruina si compite.

 

Hemos llegado a un punto en la historia, con la capacidad de cada persona de hacer conocer sus caprichos, en la cual cada individuo, cada grupo, cada entidad, cada país quiere el reconocimiento como igual a los demás: Los granjeros del Middle West, los ingleses de York, los catalanes, los venezolanos. Rusia actúa para que los demás la consideren, lo mismo que hizo el DAESH, o los terroristas de todo cuño.

 

Podemos llegar a un punto en el cual los alumnos quieran que los profesores los traten de igual a igual, no como personas, sino intelectualmente. Llegado a ese punto, los profesores sobran y sobran los alumnos como alumnos, como alguien que quiere aprender. Solo si el alumno reconoce que no sabe, puede llegar a saber.

 

Solo si Rusia acepta que es mucho más pobre que los EEUU, puede llegar a alcanzar el reconocimiento que ansía.

 

Solo si los taxistas reconocen que las VTC tiene el mismo derecho que ellos a ofrecer un servicio, pueden los taxistas reclamar el reconocimiento de la sociedad.

 

El ansia de cada uno a que se le reconozca su importancia pasa, como con la libertad, porque cada uno reconozca la importancia de los demás. La libertad de cada uno llega solo hasta donde llega la libertad de los otros. Los venezolanos, ansiosos de que Europa no les considere “esos sudacas” deben reconocer que Europa quiere que los venezolanos, ricos y pobres, y no solo los pobres tengan la misma consideración.

 

Los “chalecos amarillos” desprecian a las élites educadas. Mientras las desprecien, serán ignorados por aquellas.

 

La vida en sociedad exige respeto mutuo. Los ingleses de York deben respetar a los ingleses de Londres, y a los “burócratas” de Bruselas.

 

La alternativa a respeto mutuo es el caos, y tras este las guerras civiles.

 

Parte del rechazo a la realidad del cambio climático deriva de que, por ejemplo, muchas personas piensan que si la aceptasen, tendrían que dejar sus coches. Y no es así. Se equivocan los que prohíben el diésel, los que cierran las ciudades. No se trata de dejar los coches, sino de que entre todos cambiemos a coches sin contaminación. No se trata de prohibir circular por las ciudades, sino de hacer que los ciudadanos prefieranno hacerlo.

 

En esencia, reconocer la dignidad y la importancia de cada uno, de cada grupo, de cada país. Es decir que los pobres reconozcan a los ricos y estos a los pobres (tratando de que disminuyan todo lo que se pueda la diferencia de riqueza). Que las élites de Washington y de Bruselas reconozcan a los granjeros del Oeste, y a los ingleses del Yorkshire, pero también que los granjeros y las gentes de York reconozcan la importancia de los burócratas que mantienen funcionando a la sociedad.

 

Necesitamos la cooperación basada en el respeto mutuo, y en el acuerdo de que cada uno tiene que dejar de exigir muchas cosas individuales para que todos exijan las cosas comunes.

 

Y esto, claro, nos lleva de nuevo al medio ambiente. Si cada persona, grupo o país exige solo “lo suyo”, lo común desaparece.

 

En vez de vivir en una casa, acabamos todos viviendo cada uno en un saco con un carrito lleno de bolsas de plástico, odiándonos todos a todos.

 

El medio ambiente no es una cosa de todos: Es la vida de cada uno.

 

El bien y el mal, el medio ambiente y el individuo

Desde que la humanidad comenzó a dejar registro de los pensamientos de sus miembros, en las tablillas de Sumer y Ur, en los pictogramas de Egipto, en los caracteres chinos, el problema del bien y el mal ha sido, quizás, el tema al que constantemente han vuelto todos los pensadores, el problema al que se han enfrentado todos los individuos.

 

Hoy, como hace seis mil años, rodea nuestras vidas y nos persigue a todas horas en todos los medios de comunicación.

 

Las gentes de Mesopotamia, y derivando de ellas, las de Judea, escribieron escenas en las cuales un ser humano actúa como tal, y es castigado por algunos de los dioses de aquellos panteones. En las mentes griegas fue la tinaja que abrió Pandora.

 

El mal deriva de la capacidad de elección: Coger o no la manzana, abrir o no la tinaja.  Vivo en sociedad. Existe la prohibición de coger la manzana, el consejo de no abrir la tinaja. El bien es aceptar la orden, seguir el consejo. El mal, actuar para uno mismo sin pensar en los demás.

 

Pero en realidad no hacen falta órdenes ni recomendaciones: Basta con echar un par de horas en el Zoo, en el recinto de los monos de sabana, de mandriles y papiones, para entender ese conflicto, el problema del bien y el mal.

 

Comienza el conflicto con los bebés monos. Sus madres necesitan protegerlos, para tratar de que sobrevivan hasta la edad reproductora. ¿Qué otro sentido tiene si no la vida? Pero los recursos son escasos (solo el ser humano sabe hacerlos abundantes, al menos durante cortos periodos de tiempo) y otros monos de su entorno quieren matar al bebé para comérselo, o al menos para eliminar un competidor por esos recursos.

 

El mal aparece en la visión micro, en la cual la máquina de la vida, los genes, buscan constantemente reproducirse en cada división celular y necesitan para ello energía.

 

El bien aparece en la visión macro en la cual, no solo los genes individuales, sino el conjunto de todos ellos, el individuo, busca reproducir su individualidad.

 

La reproducción sexual avanzó en el conjunto de los seres vivos como mecanismo de protección frente a mutaciones letales. Pero esa reproducción, en la que se mezclan genes diferentes, tiene que competir con la reproducción celular dentro de cada individuo donde sencillamente se duplican los genes, sin mezclase con otros. Cada uno de nosotros somos buenos y malos, y lo que cambia de unos a otros son la proporciones, que cambian también a lo largo del tiempo.

 

Un virus mata al individuo macro al que ataca. Una vez muerto este, la máquina vírica deja de reproducirse, y vuelve a enquistarse. Microscópicamente el virus ha tenido éxito. Macroscópicamente, no: tras unos ciclos de reproducción, deja de hacerlo al haber matado al huésped que lo alojaba.

 

Los ataques bacterianos pueden acabar con los individuos atacados y al hacerlo, acabar con esas mismas bacterias. Las bacterias que no atacan, las escherichia colli, por ejemplo, se reproducen con el ser vivo en el que habitan.

 

Con el medio ambiente tenemos el mismo problema: A nivel micro, cada ser vivo individual acabaría con él como acaban las bacterias con el caldo de cultivo en un plato Petri, y mueren ellas, entonces.

 

Solo a nivel macro, cuando los seres vivos forman una red entrelazada, cada elemento de la red trabaja para cado otro, y el resultado es un sistema inmensamente más rico que el caso contrario en el cual algunos elementos destrozan la red (el medio ambiente) para un beneficio individual como el de las bacterias en el plato Petri.

 

La regulación del destrozo de los recursos compartidos ha ocurrido en la historia de la vida mediante unos elementos de la red denominados predadores. Cuando estos desaparecen, las especies predadas quedan sin control y, destrozando el medio ambiente, se destrozan a sí mismas.

 

Unos elementos japoneses deciden reproducirse individualmente y matan ballenas hasta que estas desaparecen, y ellos consecuentemente. Unos elementos de la sociedad deciden quemar los bosques de la Amazonía, y al hacerlo eliminan los nutrientes del substrato, y dejan de obtener beneficios.

 

En el cuerpo animal, en el árbol, en el bosque, en el ecosistema, hay señales de coordinación que demuestran a cada célula, a cada órgano, que solo puede vivir si vive con los demás.

 

En el siglo XX, y aún más en el XXI, esas señales han ido desapareciendo en la sociedad humana. La vida en las ciudades ha hecho creer a una mayoría de seres humanos que pueden sobrevivir sin lo que rodea a esas ciudades. En forma de chiste, que la leche sale del grifo, y la cerveza del aire.

 

El medio ambiente, la biodiversidad, los campos no desertizados, no es que sean importantes, es que son esenciales para la vida, sobre todo para la vida en las ciudades.

 

La célula individual de la sociedad, la persona, quiere sobrevivir, aumentar su cuota de energía disponible. Como las bacterias sin predadores, come, captura energía hasta eliminar ésta, y entonces muere de inanición.

 

La crisis de 2007, la lentísima recuperación aún no completada en estos últimos 10 años, y las crisis que se pronostican de aquí a poco tiempo tienen, todas, la misma causa: La reducción en la disponibilidad de energía de cada persona (es decir el mantenimiento o encarecimiento constante del precio de la energía) no permite mantener una idea de vida denominada la “sociedad del bienestar”.

 

Hay un engaño tremendo, en los análisis al uso, del papel de la energía en la sociedad. En cualquier cuadro de PIB (Producto Interior Bruto) la energía (del petróleo, gas, carbón, y la eléctrica) aparece como un 5% de ese PIB.

 

Si se miran esos cuadros, lo que aparece con importancia son los servicios y la industria. Pero ¿cómo puede un funcionario proporcionar sus servicios? Necesita el local donde trabaja, la electricidad que utiliza, el ordenador de que dispone, la mesa a la que se sienta, las redes de comunicaciones, … . Todo eso es energía incorporada. La comida que lo mantiene vivo, los hospitales que hacen lo mismo, los transportes que utiliza, las diversiones de que disfruta, todo eso no es otra cosa que energía disponible.

 

Y no hay ya hoy más energía para mantener unas necesidades crecientes. Ni con las reservas de Arabia ni de Venezuela, ni con las arenas con asfalto de Canadá, ni con el petróleo embebido en las pizarras del Middle West de los EEUU (http://www.sobreestoyaquello.com/2018/12/fracking-miente-que-algo-queda.html)tenemos la energía que necesitamos para mantener el sistema de pensiones en España, o el acceso de África, de 800 millones de chinos, de 1000 millones de indios a la “Sociedad del Bienestar”.

 

Es preciso, es obligatorio, rediseñar esa “Sociedad del Bienestar”. Por ninguna otra razón más que porque ya no hay energía suficiente para mantenerla.

 

Es necesario dejar a las personas que se retiren cuando quieran, mientras sigan produciendo. Es necesario reducir la disipación gigantesca de energía que representan las estructuras de las ciudades, de los edificios, de los sistemas de transporte.

 

Es preciso capturar la energía del sol. Pero, aun siendo mucha, esta energía no es la acumulada en el petróleo, en el gas. Llega todos los días, y podemos utilizar la que llega, pero lo podemos hacer mucho más lentamente que la que cogíamos de los almacenes en donde había quedado guardada hace 300 millones de años.

 

Hemos estado quemando los billetes del capital del abuelo, sin molestarnos en reponerlos.

 

Es preciso que los seres humanos nos volvamos a dar cuenta de que somos finitos y pequeños, y que, para seguir viviendo bien, tenemos que optimizar al máximo no solo la captura de energía, sino su utilización.

 

La “Sociedad del Bienestar” es un privilegio. Las personas prefieren morir de hambre antes que perder sus privilegios.

 

Es una ley de la naturaleza que es más fácil bajar que subir. Acceder al privilegio es fácil. Perderlo voluntariamente, casi imposible.

 

Veremos, sobre todo verán nuestros hijos, cómo se resuelve ese problema. En la historia la pérdida de los privilegios ha sido siempre cruenta. Es posible que hoy, conociendo que la maldad es actuar para uno solo, y el bien actuar para todos, sea posible perder esos privilegios sin demasiada crueldad.

 

¡Veremos!

Los problemas del mundo

Todos los sistemas de la Naturaleza son flujos, y como el flujo de un río, modifican sus orillas al fluir. Puesto que los flujos están controlados por las orillas, por sus contornos, se establece una interacción permanente entre el flujo y sus controles.

 

La vida es la búsqueda de la energía: Un ser vivo es una máquina termodinámica que busca energía sin parar. Puesto que toda máquina se degenera con el funcionamiento, parte de la energía adquirida se emplea en rehacerse, y propagarse.

 

El ser humano es más una de estas máquinas, que ha desarrollado una capacidad de proceso de información muy superior a las demás, y así las supera a la hora de la captura de energía. Tanto, que amenaza con eliminar a las demás, al menos, a las demás de su propia escala espacial, de su propio tamaño.

 

Al hacer esto, como flujo de energía, cambia sus orillas, las condiciones de contorno, el ambiente por donde circula ese flujo.

 

Y aquí está el problema: Los humanos, con nuestra capacidad de reflexionar, no nos adaptamos como se adaptan los demás seres vivos a los cambios ambientales que hemos producido: Queremos mantener las condiciones anteriores en vez de modificar nuestros comportamientos y adaptarnos al cambio.

 

Esto es abstracto, pero real, y hoy lo estamos viendo en todos los aspectos de la sociedad, como lo vemos en la historia de nuestra especie. Veamos esto de forma más concreta.

 

Cuando acabó la última glaciación, hace unos 8.000 años, los ríos empezaron a bajar repletos de agua con barro fértil. En el creciente mesopotámico, en las dos llanuras indias del Indo y el Ganges, en las de los ríos Amarillo y el Yangtse, por fusión de los hielos de los Zagros y del Himalaya; y en el Nilo, por el cambio de la circulación atmosférica que produjo un nuevo monzón que llenaba el Nilo a finales del verano.

 

Estas zonas tenían entonces agua, tras las sequías de los 100.000 años de glaciación, y en ellas hacía calor: Las mutaciones de las hierbas que llamamos cereales produjeron, con el agua y el calor, la primera revolución energética: El ser humano, de vivir a salto de mata, de recolector, algo de cazador y mucho de carroñero, capturando una cantidad muy limitada de la energía solar almacenada en las plantas salvajes y en los animales que podía cazar, pasó a disponer todos los días de un suministro razonable de energía: La población del mundo pasó de unos 2 millones a cerca de 200 millones en alrededor de  200 años.

 

En esas épocas había energía suficiente para levantar las pirámides de Gizeh, hacer los canales de China, y las ciudades de Ur, Sumer, Babilonia, y las de la India.

 

Pero el hombre tenía pocos predadores, incluso los propios seres humanos se mataban poco entre sí, y sobre todo, mataban a pocos infantes. La población de cualquier ser vivo, con abundancia de energía, crece de forma exponencial, como el juego de las monedas en el tablero de ajedrez: 1 en la primera casilla, 2 en la segunda, 4 en la tercera, 8 en la cuarta y 9.000 billones (millones de millones)  en la casilla 64.

 

El ser humano, con toda su inmensa inteligencia, no fue capaz de controlar su población. Las tierras irrigadas se fueron salinizando y desertizando y las civilizaciones y dinastías desaparecían una tras otra.

 

Las ciudades crecían, porque aún con 200 millones de individuos, quedaba todavía mucho espacio libre y productivo en el planeta. Se estableció el esquema de una buena parte de la población productiva, y otra extractiva, que conseguía su energía mediante el robo a la primera. Esta última parte de la población se estableció en ciudades, y con la aglomeración, en ellas se empezaron a producir episodios de peste que acababan con la mitad de esos seres humanos apelmazados.

 

Los seres humanos habían conseguido cambiar los contornos de los flujos de energía, pero no su forma de pensar en cómo conseguir esa energía: Dejaba de haber energía libre para seguir robando, y las tierras irrigadas producían energía para que la mayoría de la población sobreviviese miserablemente.

 

Otro ejemplo concreto: La formación de un estado único en las tierras de Francia exigió muchas guerras hasta el fin del reinado de Luis XIV: Una parte de la población francesa desarrolló y se le reconoció, un esquema de valor personal físico, necesario para las batallas.

 

Pero cuando acabó ese reinado ya no se necesitaba el valor físico, sino las estructuras del comercio y la distribución de riqueza mediante las leyes. Sin embargo, la clase de guerreros (la aristocracia, muy numerosa en el siglo XVIII) no podía entender que la acción de sus progenitores hubiese cambiado tanto las condiciones de contorno que había conseguido que ellos fueran superfluos.  Fue necesaria la Revolución Francesa para que lo acabasen de entender.

 

En Inglaterra, la madera para los barcos de sus armadas y su comercio, y las necesidades de calefacción sobre todo en Londres agotaron las condiciones de contorno: El carbón, que se conocía desde antiguo, pero que se rechazaba para ser quemado en las viviendas por sus humos y mal olor, se convirtió en un bien económico. Con esa energía (la segunda revolución energética) se puso en marcha la industria mecánica y luego la eléctrica. Con la puesta en marcha posterior del petróleo (por el agotamiento del aceite de cachalote que se utilizaba como luz nocturna) se consiguió una cantidad de energía que no hubiesen podido ni soñar los seres humanos antes del siglo XIX.

 

Durante siglo y medio hemos disfrutado los seres humanos de una cantidad de energía inimaginable, y las mentes la han acabado aceptando como si fuese lo normal: La población, qué al haber mutado el arroz, y haberse puesto en cultivo las tierras americanas, había pasado de 200 a 1.000 millones, ha crecido hasta ahora a 7.600 millones en 200 años, de nuevo. Es claro que esa población numerosa ha cambiado las condiciones de contorno, sin haber cambiado la nueva mentalidad creada durante los últimos 100 años.

 

Hoy, y a lo largo del siglo XXI, las condiciones de contorno de los flujos de energía son distintas de las que se han ido produciendo a lo largo del siglo XX. No hay sitio en el África subsahariana para cultivar lo necesario para una población exponencialmente creciente, y el inmenso continente tiene muy pocas costas, relativamente a su superficie, para desarrollar la industria y el comercio. El resultado es una disminución brutal de la biodiversidad. Esto mismo pasa en una India con alrededor de 1.400 millones de personas, en Indonesia y aledaños.

 

Sencillamente, no hay sitio.

 

¿Y el CO2?

 

La energía de que disfrutamos hoy la conseguimos devolviendo a la atmósfera el CO2 que los vegetales y las bacterias y otros animalillos retiraron de la misma hace unos 300 millones de años, durante un intervalo de 30 millones. Ese combustible fósil, energía solar capturada durante 30 millones de años, la estamos quemando en unos 300 años.

 

La relación es sencilla de hacer: 30.000.000/300 = 100.000.

 

Estamos utilizando 100.000 veces más energía que la que capturan hoy día las plantas y estamos tirando, disipando, la mayor parte de esa energía gracias a unos diseños chapuceros de viviendas y transportes.

 

Pero la mentalidad construida, no por los malvados “otros”, sino adquirida en la experiencia diaria de cada persona, es que podemos hacer lo que queramos, hasta viajar a Alfa Centauri, porque los seres humanos somos maravillosos.

 

Y no lo somos. Somos unos seres vivos muy limitaditos, con toda la ciencia y la tecnología de que disponemos.

 

Esto mismo, el Cambio Climático, la pérdida de Biodiversidad, la desertización, la falta de agua, está ocurriendo desde hace unos años con la organización social.

 

Lo mismo que pensábamos, todos, que podíamos seguir quemando gasolina y diésel sin control, todospensábamos que podíamos ser, todos, cada vez más ricos.

 

El mensaje no era de los malvados, de los millonarios, que también. Era una idea asumida por la población en general, por cada ser humano.

 

Y desgraciadamente, y esto es políticamente incorrecto, no es posible. O al menos no es posible con una población planetaria creciente. Sencillamente, aunque llega energía más que suficiente del Sol, llega muy despacio. Un crecimiento exponencial es incompatible con una energía finita.

 

Habrá revoluciones. No hay alternativa, pues los seres humanos nos agarramos a los privilegios (no a las disponibilidades) que tenemos. Nadie quiere renunciar a aquello de lo que disfruta. Los seres humanos, como cualquier ser vivo, se agarran a lo que tienen, y lo designan como “justicia”, sin darse cuenta de que es “lotería”.

 

En un artículo reciente de Carlos Fresneda (https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2018/11/17/5bf01774268e3e40048b462f.html) se describe la acción de miles de personas en el Reino Unido contra la pérdida de biodiversidad. Pero el Reino Unido lo habitan 66 millones de personas. Muchos de esos millones han votado un Brexit, asumiendo que ese Brexit los va a hacer más ricos. No hay razón alguna para que sea así. Muchos de los millones de personas del Reino Unido pasan olímpicamente de los problemas de la biodiversidad, del cambio climático, de la falta de agua: Consideran sus privilegios como un derecho, y cuando defienden sus “derechos” no quieren saber nada de nada más.

 

Esto mismo ocurre con los “chalecos amarillos” franceses, con los “hombres blancos” del Medio Oeste estadounidense, y otros muchos.

 

Como digo, se ha asumido, durante 100 años, una falsedad, y es casi imposible que se asuma la realidad.

 

No es una cuestión de educación explícita. Es una cuestión de cambio implícito de mentalidad. No es posible educar a nadie en la realidad cuando esa realidad va contra las creencias íntimas.

 

Las mujeres (y la gran mayoría de los hombres) quieren acabar con la violencia de género. Pero esto es como querer acabar con la violencia, punto. ¿Cómo se consigue, si es parte de la vida, si todos los seres vivos atacan a otros para conseguir lo que quieren? Queremos. ¿Podemos?

 

Los seres humanos, como cualquier ser vivo, solo aceptan la realidad cuando ésta les golpea brutalmente. Lo he aprendido, con pena, con mis alumnos. La mayoría de ellos solo se ponen a estudiar tras los primeros suspensos.

 

Muchos alumnos se ponen las pilas cuando ven que van a perder curso y que las matriculas son cada vez más caras si son segundas o terceras.

 

Solo cuando las cifras del cáncer de pulmón se hicieron ominosas, algunos dejaron de fumar.

 

Un problema de la biodiversidad, de la desertización, del cambio climático, es la escala de tiempo. Las asignaturas se pueden aprobar estudiando, el cáncer parar dejando de fumar. Las escalas de los tres problemas ambientales son de cientos y miles de años.

 

El problema es, también, uno de energía: Como ser vivo, como máquina extractora de energía, cada ser humano busca sin parar incrementar su disponibilidad de energía (puesto que la energía se mide mediante el dinero, incrementar la disponibilidad de dinero). Así se queman bosques tropicales y se eliminan animales y plantas para hacer sitio para los cultivos que son la forma más elemental de capturar la energía solar. Así, también, se consigue energía quemando carbono en todas sus formas, y propiciando la desertización y el cambio climático.

 

La energía, como sabemos, nos llega en cantidades realmente gigantescas desde el sol. Las plantas han desarrollado, a lo largo de cientos de millones de años, la captura de una parte muy pequeña de esa energía, pues esa pequeña parte, si hay agua, produce tanta vegetación que no quedaría espacio en el planeta si su rendimiento fuese mayor.

Pero nosotros somos capaces de capturar mucha más energía que las plantas. Para limitar la pérdida de biodiversidad, la desertización, el cambio climático, es necesario que cada ser humano tenga acceso a esa mayor cantidad de energía que proporciona el sol, para cumplir con su demanda genética de captura de energía.

 

Tenemos toda la tecnología necesaria a nuestra disposición. Nos falta la voluntad social para vivir con estas nuevas formas de capturar energía.

 

Los meteoros de las últimas semanas y el aprendizaje constante

Un mini-huracán entrando por Portugal, inundaciones tremendas en el Mediterráneo, masa fría con nieve abundante entrando con una vaguada del Chorro Polar. Y solo hemos comenzado el otoño.

 

Tras años en los que las hojas se caían en diciembre, volvemos a la tradición de que empiecen a caerse para Todos los Santos y difuntos.

 

¿Ha terminado el Cambio Climático? Hasta hace 5 días teníamos un calor excepcional para finales de octubre, hoy, 29 de octubre de 2018, tenemos un frío excepcional.

 

Este es el Cambio Climático: La exageración, y la ocurrencia múltiple de fenómenos extremos.

 

Visto a posteriori, el Cambio Climático es uno más de los fenómenos sociales de cualquier tribu humana, que solo se quiebran por estallidos o, equivalentemente, revoluciones.

 

Las sociedades humanas son esencialmente no lineales. Una vez en un cierto camino, es imposible, salvo revoluciones, cambiarlo. Si se quiere hacerlo, es preciso preparar la revolución para que sea lo menos violenta posible. Las personas aprenden unas habilidades y rechazan, incluso por la fuerza, cambiarlas, porque no saben cómo adquirir otras en un tiempo limitado entre el abandono de las antiguas y la adquisición de las nuevas, y porque además esas habilidades les dan un lugar en la sociedad que temen perder si buscan otras.

 

La razón es que, como con el clima, se van amplificando las fluctuaciones. Tomemos varios ejemplos:

 

Roma tuvo un éxito inicial robando a todos los pueblos que la rodeaban, en vez de mediante esquemas industriales o comerciales. Por lo tanto, insistió en ello, hasta que no quedaron más pueblos a quien robar. Se amplificó una fluctuación inicial hasta que colapsó el sistema.

 

El sistema de los Habsburgo (y de los Reyes Católicos un poco antes) era agrupar pueblos distintos bajo un mando único, en vez de agrupar los pueblos en una única unidad legal, lingüística, y social. Esto era difícil, pero lo hicieron los romanos, los ingleses y los franceses, de manera que no era imposible. El resultado es evidente: La desintegración del sistema español, que llega hasta nuestros días.

 

En la Francia de Enrique IV, contemporáneo con Felipe II, se trataba de superar incontables guerras civiles, de manera que se estimuló la idea del valor físico a ultranza, pagado con privilegios a perpetuidad para el que lo demostraba, y para sus herederos, a quienes tampoco se les exigía nada más que ese valor físico.

 

Cuando la sociedad se estabilizó, y el valor físico se convirtió en redundante, la sociedad no supo cómo reaccionar, de manera que se tuvo que llegar a una revolución sangrienta.

 

El conocimiento sirve para llegar a saber cómo funciona una máquina para poder manipular los botones de manera que se pueda cambiar ese funcionamiento.

 

La solución es evidente, pero exige ser tomada mucho tiempo antes del estallido. En el clima, habría exigido, en contra de la sociedad, la implantación de la energía solar en la generación y en el consumo hace ya 20 años.

 

En España habría que haber exigido con total disciplina que las autonomías hubiesen sido un estricto sistema de gestión, y nunca sistemas políticos.

 

En aquella Francia del siglo XVIII, los reyes hubiesen tenido que ir sude stituyendo a los nobles y las guerras exteriores por abogados y financieros, y desarrollos comerciales.

Y de la misma manera en el resto de las civilizaciones.

 

Claro, ni los reyes, ni sus consejeros aristócratas tenían la menor capacidad para hacer eso, pues carecían de los conocimientos necesarios, y habían sido educados en lo que había tenido éxito anteriormente sin ver que ese mismo éxito había cambiado las condiciones bajo las cuales gobernaban.

 

Se precisa educar a las personas en un esquema móvil, como se educan a sí mismos los surfistas en un mar de oleaje siempre cambiante: Aprenden la tecnología de la adaptación, en vez esquemas fijos que se revelan inválidos.

 

Esto es una discusión académica, pues ya no hay tiempo de enderezar ni el clima ni las autonomías, ni quizás la Unión Europea.

 

Pero se nos viene encima, mucho más rápido que el cambio climático, el cambio de paradigma informático, con la inteligencia artificial. Esta hará redundantes muchas actividades hasta ahora humanas, como la pacificación de Europa hizo redundante el valor físico de la aristocracia francesa. Los votantes de Trump se empiezan a sentir redundantes en la sociedad americana, pero en vez de adaptarse a las nuevas condiciones de contorno que ellos mismos han creado, quieren, como los nobles franceses, que persista el sistema de batallas sin cañones y peleas cuerpo a cuerpo.

 

A las personas no les gusta estudiar durante toda la vida, ni siquiera les gusta a los grandes catedráticos de Física, que quieren que lo que ellos saben y explican sea una verdad dogmática.

 

Solo mediante una enseñanza que ponga por encima de cualquier otro valor la diversidad, y el dominio del alumno para aprender cualquier cosa, siempre variable, podrá dar una respuesta útil a los desafíos que se nos vienen encima.

Retomando las reflexiones sobre el clima y la situación social en el mundo

Hemos vuelto a tener huracanes y tifones, cada vez más intensos, aunque sabemos que no más frecuentes. Este verano no ha sido de los más calientes, pero ha sido caliente, y sobre todo, largo, pues está durando hasta Octubre. Las lluvias de primavera se extendieron hasta Junio.

 

Estos cambios respecto a las estaciones tradicionales son lo que llamamos Cambio Climático.

 

Sabemos (y ¿quién mejor que los que estudiamos el clima?) que siempre ha habido cambios en el clima, puesto que este es un análisis estadístico del tiempo atmosférico y de los movimientos del océano. Las estadísticas cambian con el tiempo del reloj, pues así lo hace el tiempo atmosférico.

 

Pero estos cambios actuales son muy seguidos y muy intensos, mucho más que los más importantes del pasado próximo, el óptimo climático de la época de las expediciones de los noruegos como “vikingos”, alrededor del año 1000 de la Era Común, y la Pequeña Edad del Hielo, en la última mitad del siglo XVII. Y muchísimo más rápido que el comienzo y la finalización de las glaciaciones del Cuaternario, y otros muchos cambios de los últimos millones de años.

 

¿A qué puede deberse esta rapidez e intensidad?

 

Es curioso notar que las temperaturas en el Globo empezaron a subir unas décadas después del comienzo de la segunda revolución energética, con el uso de los combustibles fósiles, cuando este uso alcanzó una mayoría de los países de la Tierra, hacia 1860/1870.

 

Las coincidencias y correlaciones no son causa/efecto. Pero en este caso el incremento de la concentración de gases poliatómicos en la atmósfera genera un incremento de la radiación infrarroja atrapada entre el límite superior de la troposfera, la tropopausa, y la superficie del planeta, cuyo efecto ahora sí es el aumento de temperatura. Puesto que el aumento de la concentración de CO2 es el más rápido de los que tenemos registro, y ha alcanzado hoy un valor que no se había alcanzado en los últimos 3 millones de años, es evidente, desde la ciencia, que el aumento actual de la temperatura del planeta, y sobre todo, del Ártico, es consecuencia del aumento de esa concentración.

 

Aceptemos, ya, sin más dudas, que la quema de combustibles fósiles está causando el presente cambio climático rápido e intenso. La concentración de CO2 ya ha causado este cambio, y sería urgente impedir que se haga aún más intenso. En particular, en las tundras del Círculo Polar Ártico, el metano atrapado bajo el hielo está comenzando a salir a la atmósfera, con un potencial de retención de radiación infrarroja 30 veces superior a la del CO2.

 

Tenemos un buen problema.

 

Tenemos la solución en nuestras manos, pero como con todos los problemas actuales de la sociedad, no queremos aplicarla.

 

Teníamos una sociedad que funcionaba. En Europa, tras varias guerras con intervalos de 20 años entre las mismas, hemos vivido 70 años sin ellas. Solo un ignorante de la historia quiere volver al riesgo de las muertes masivas.

 

La humanidad ha pasado de vivir en chozas con letrinas comunes y sin higiene a vivir, quizás no tan bien como todos quisieran, pero mil veces mejor de como se vivía hace 100 años. Basta con ver fotos de aquella época.

 

Cuatro países del planeta, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua y Venezuela, han optado por una vida miserable, pudiendo vivir muchísimo mejor.

 

Los votantes de Trump, de LePen, los Brexiteros, las nuevas extremas derechas de Austria, Alemania, Suecia, Hungría, Polonia, los fanáticos religiosos, rechazan la buena vida en favor de una idea mística e irrealizable: La vida aislada en pequeñas tribus.

 

En el Medio Oeste de los EEUU, sede del triunfo de Trump, la unión de las tribus “indias” habríanconseguido una negociación ventajosa con el gobierno federal, hace unos 150 años, sin en vez de “tribus” hubiesen dejado de lado las tonterías y hubieran hecho un frente común.

 

La razón de no hacerlo, la razón del Trumpismo, del populismo, es el miedo. El miedo a ser libres e individuales, a ser cooperativos en vez de imitativos, a cooperar cada uno desde su propia autoridad, en vez de querer imponer a todos el ser todos iguales. La búsqueda de la protección del grupo en vez de la vida en un mundo abierto, que da miedo.

 

Estas personas con miedo son muchas, y hoy pueden ejercer un poder considerable, pues les es muy fácil agruparse vía los distintos sistemas de comunicación.

 

Los Brexiteros en Inglaterra se sienten perdidos en una Europa que desconocen, y de la que solo tienen referencias históricas. En vez de volar sin miedo, se quieren refugiar en el nido de sus “tradiciones”.

 

De la misma manera una buena parte de la población del planeta tiene miedo de perder su forma de vivir si acepta la realidad del cambio climático: Su coche, sus vacaciones, su calefacción, su aire acondicionado.

 

La reacción es de miedo, en vez de tener miedo a lo que representa el cambio climático.

 

Los Brexiteros tienen miedo a la invasión de gentes de la Europa del Este, los Trumperos, a los latinos. En vez de sentirse fuertes e incorporar a esos inmigrantes, se sienten débiles y quieren levantar barreras de protección.

 

La racionalidad, la razón, las razones, son impotentes frente al miedo. Cuando una muchedumbre se deja llevar del pánico ante, por ejemplo, un atentado, o en los vomitorios de un estadio de futbol, hay generalmente más problemas de muertes por aplastamiento que directamente por las armas terroristas.

 

Hubo una época en la cual los franceses eran diablos para los españoles, auténticamente, seres con cuernos y rabo.

 

¿Cómo se superó el miedo? Solo cuando los viajes permitieron ver a una mayoría de las personas que los de “allá” eran iguales a los de acá.

 

Votaron el Brexit aquellos ingleses de menor conocimiento, losque menos habían viajado, o que lo habían hecho siempre dentro del cascarón de la tribu, como votaron a Trump los americanos con menor conocimiento de la geografía y de su propia historia. Hoy tenemos ese mismo problema con unas personas en Cataluña que desconocen la historia real y viven dentro de un cascarón tribal de mitos y cuentos.

 

¿Tiene solución esta situación de rechazo de la realidad?

 

La mejor solución es aumentar el conocimiento de las personas, si es que aún estamos a tiempo, lo cual es, cuando menos, dudoso.

 

La UE debería ofrecer viajes muy baratos o gratis, a los ciudadanos de Hungría, de Polonia, de Austria, y utilizar la televisión para comunicar la realidad, utilizando, sin escrúpulos, las técnicas de marketing.

 

Cambiando una frase bien conocida, en vez de “la mejor defensa es el ataque”, deberemos asumir que la “única defensa es el ataque”.

 

Quizás el problema del cambio climático tenga solución si no resolvemos el problema del populismo: Una crisis económica brutal puede conseguir que dejemos de quemar combustibles fósiles por falta de dinero.

 

Pero una mejor solución, si se quiere buscar por quien tiene los recursos, implicaría mostrar y vender, con las mejores técnicas desarrolladas para convencer, que el hecho de sustituir las energías fósiles por energías solares, genera empleo y riqueza distribuida.

 

La acción individual o de las ONG no llega a la cantidad de personas necesaria para llegar al número crítico necesario para cambiar el paradigma energético.

 

Si estamos, realmente, convencidos de la realidad, no deberemos tener escrúpulo alguno para convencer de esa realidad a los ciudadanos del país, de Europa, del Mundo.

 

 

 

¿Por qué somos tan tontos?

Hoy leo, como continuación de otras muchas noticias en las últimas semanas, que el Sr. Trump ha ordenado poner impuestos adicionales a importaciones americanas procedentes de China por valor de 50.000 millones de dólares. Claro, los chinos han hecho lo propio para sus importaciones de productos americanos (aunque ni los productos chinos ni los americanos son originarios de estos dos países, que solo ensamblan piezas que se producen en todo el mundo).

 

Vivíamos regular, y estas medidas empeorarán la vida de las poblaciones de ambos países. El mercantilismo es una estupidez: Hacer el mal sin sacar beneficios. ¿Quién lo aplaude?

 

Los mismos tribales que aplauden el “ser americanos” como aplaudían los de las tribus entre el Rhin y el Oder el ”ser alemanes”.

 

Las personas tribales no se preocupan de prosperar, de mejorar su condición de vida. Aceptan la pobreza, pues su interés se centra en la lealtad a un caudillo, y las peleas para subir dentro de la tribu, en acercarse al jefe, aunque su condición de vida sea siempre la misma: No conciben que se pueda vivir mejor.

 

Pienso en los miles de peregrinos que se acercaban, alrededor del año 0, a Jerusalén por la pascua, a entregar sus shekels y sacrificar una paloma, un cordero.

 

¿Qué obtenían? Volvían a sus hogares más pobres (habían entregado el impuesto, habían pagado por el sacrificio, habían gastado dinero en el viaje. Solo habían garantizado un sistema primitivo de Seguridad Social, y habían renovado su pertenencia a la tribu.

 

¿Quién opta por esto, en qué épocas se estimula esta opción tribal?

 

Los soldados romanos, pobres, tenían la opción de llegar a disponer de tierras para su cultivo. Tenían un horizonte de mejora, de prosperidad.

 

Los campesinos judíos no tenían más horizonte que los mesías, o perpetuar, como hormigas, la misma vida de siempre.

 

Hoy hay un número muy elevado de personas, en los EEUU, en Inglaterra, en Francia, en Italia, en Cataluña, que han perdido las ganas de prosperar. Han malinterpretado el mensaje de que la mejora era automática, olvidando que, para alcanzarla, tenían que hacer como los soldados romanos: Trabajar muy duro, durante muchos años. En los EEUU, el sueño americano parecía que iba a realizarse sin más que, por ejemplo, labrar las tierras, sin estudiar fuerte además por las tardes y por las noches.

 

Hoy mis alumnos me dicen que han estudiado “mucho”. Les pregunto “¿diez días, quince días?”  y me dicen, horrorizados, “¡ No, qué va ! Un día”.

 

En Europa, mucha gente quiere un “salario vital”, vivir sin el esfuerzo de trabajar para ganarse una vida cada vez mejor. Evidentemente las élites les han engañado, pero eso era y es evidente que iba a ocurrir.

 

Pregunto a mis alumnos: ¿Por qué hay Tabla Periódica”? y me responden que “Porque los átomos se disponen de esa manera”. Es claro que las elites engañan y roban, pero como con la Tabla Periódica, no basta con señalarlo: Es preciso impedirlo, y eso exige esfuerzo, y este esfuerzo es el que los que quieren el Brexit, los seguidores de LePen, los trumpistas, no quieren hacer.

 

Saben que seguirán pobres, pero al encerrarse en sus tribus, cambian sus objetivos, no para que sus tribus mejoren, sino para que meramente existan como los hormigueros en un erial.

 

Para mejorar, no sirve trabajar 8 horas, ni mucho menos rebajar esas horas a 7. Es preciso trabajar 10, 11, 12 horas, y eso, hay muchos que prefieren no hacerlo.

 

Hay quienes, como los judíos, esperan un Mesías, o sobrevivir encerrados en sí mismos.

 

Hay quienes, como los romanos, se trabajan sus vidas para triunfar sin ayudas externas, y mejorar.

 

La tontería, la estupidez, derivan de la falta de energía en la vida.