Evolución de la concentración de CO2 en la atmósfera de la Tierra a lo largo de los últimos 365 días.

Antonio Ruiz de Elvira, Universidad de Alcala

En la siguiente figura se puede observar la evolución de la concentración del gas CO2 en la estación de medida del Instituto Scripps de Oceanografía instalada en el volcán Mauna Loa en Hawai. Se eligió ese punto de medida por estar a gran altura en la atmósfera, y lejos de las grandes aglomeraciones humanas de América y Eurasia. Lo que se mide allí es la mejor información sobre la evolución de esa concentración en la atmósfera de nuestro planeta.

A lo largo de los últimos 365 días la evolución ha sido la de la figura que aquí muestro

 

Observamos que el máximo de concentración en el año 2019 ocurrió entre Mayo y Junio, con un valor de 415 partes por millón (ppm). A 14 de Abril de 2020, la concentración medida en Mauna Loa es ya de 416.5 ppm.

La epidemia de SARS-COV-2, o Covid-19 o CoronaVirus, se convirtió en pandemia en Marzo de 2020, y se obligó a buena parte de la población de Europa y America a dejar de utilizar los vehículos propios. Pero no se pudo limitar el movimiento de los camiones, ni en las ciudades, del transporte público. Aunque sí se rebajó el uso de calefacciones en oficinas, no se hizo en las viviendas. Las fábricas que emiten CO2 de forma masiva, de fertilizantes, cemento, siderúrgicas, no se han podido parar.

En Asia se ha seguido emitiendo CO2 en grandes cantidades (entre otras cosas porque una mayoría de centrales eléctricas en China y en India funcionan con carbón).

Como observamos, la reducción en el uso del coche particular, dentro y entre las ciudades, no cambia apreciablemente el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera. Es posible que si esta reducción en el uso se mantuviese durante 365 días sí tendría algún efecto sobre el aumento de concentración de CO2 en la atmósfera. Pero una reducción de esa concentración exige un cambio radical, no del sistema de movilidad de las personas, sino de las mercancías, de la climatización de los edificios, de la producción de electricidad, de la fabricación de un número enorme de productos. Un cambio radical del uso de la energía.

Mientras no acometamos esa tarea tendremos el resultado que muestro en la siguiente figura

proporcionada por el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve, de la Universidad de Boulder, Colorado, EEUU.

En los últimos 4 meses la extensión de hielo en las zonas polares ha sido la más baja desde 1981, estando por debajo del rango interdecil en estos últimos 45 días, y habiendo seguido ese interdecil en enero y febrero.

Esta extensión del hielo ártico es la mejor señal del calentamiento global del planeta, y tiene una enorme influencia sobre el tiempo atmosférico en nuestras latitudes templadas.

 

La vida virtual

La epidemia de coronavirus (COVID-19) ha forzado a los españoles, como a los ciudadanos de muchos otros países, a desarrollar una vida virtual.

Los alumnos atienden a la escuela en una pantalla, los profesores hablan a una ordenador, los novios se besan enviando un deseo por escrito, los partidos son de imágenes en las televisiones. Muchas empresas gestionan sus asuntos, sobre todo los financieros, vía teclado y conversaciones telemáticas.

Pero los agricultores tienen que mantener el trabajo físico, real, en el campo y los transportistas llevar, físicamente, los alimentos a las ciudades. Los médicos no pueden intentar curar por ordenador, los enfermos necesitan tubos reales introducidos en sus esófagos.

Se dice que no hay problemas financieros, que los bancos centrales pueden emitir todo el papel que haga falta (más bien, instrucciones telemáticas virtuales). Pero en algún momento ese papel tendrá que llegar a alguna equivalencia con los alimentos, que es lo único que se quiere que se produzca.

Es altamente probable que si pasa la crisis sanitaria, muchas vertientes de la vida se mantengan en el esquema virtual.

Ayer hablaba por teléfono con algunos amigos, familiares. Por el teléfono, sabe uno de ellos. Sabe. Conoce una parte pequeña de lo que hacen y de cómo piensan. Aunque el conocimiento de los demás es siempre escaso, vía teléfono es mucho más fragmentario. Vía Skype o sistemas similares se puede ampliar la información intercambiada, pero sigue siendo una información escasa.

De los 5 sentidos, la telemática usa solo dos, y de manera reducida, pues la transmisión, por muy ancha que sea la banda, comunica mucho menos que la realidad.

Y todo esto se centra en el objetivo de la vida, de la vida humana en particular.

La vida del resto de los seres vivos es adquirir energía para duplicar los genes. Las hormigas habitan el planeta, sin haber cambiado, desde hace 300 millones de años. En cuanto llegan temperaturas moderadas, salen de los hormigueros en busca de comida (energía). Con ella la reina pone huevos, que al cabo de unos días eclosionan para… ¿para qué? Para salir a buscar comida (energía) para que la reina ponga más huevos para…

No tiene el menor sentido ni interés. Es el mismo esquema de los virus que hoy nos atacan: Duplicar sus cadenas de ADN, de manera ciega, sin objetivo alguno.

La vida humana, manteniendo, cómo no puede ser de otra manera ya que somos animales,  el objetivo de la reproducción, desarrolló otra ambición: La ambición de crear.

El ser humano crea, desde su aparición en el universo, crea: Crea melodías y armonías, crea imágenes bidimensionales (pintura y fotografía) y tridimensionales, la escultura, crea estructuras grandes, la arquitectura y la ingeniería civil, crea historias con la literatura. Ha descubierto las leyes de funcionamiento de la naturaleza, incluida la de la reproducción de las cadenas de ADN.

El objetivo de la vida humana no es, como dicen algunas religiones, adorar, servir, ser esclavos de un dios, o eliminar el dolor de volver a nacer.

El objetivo es, siempre que se puede, crear, en grande o en pequeño, crear cada uno, y ayudar a crear a los demás.

Incluso arreglar un jardín para crear belleza en él es crear. Incluso preparar un plato delicioso de comida, es crear.

Crear exige la libertad casi absoluta de cada ser humano, solo limitada porque cada ser humano respete la libertad de los demás.

La libertad no se puede mantener en un sistema de control del estado y de la sociedad.

Y la creación no es posible en un mundo virtual.

Incertidumbre

El ser humano ansía la certidumbre: “¿Me querrás siempre?”, “¿Me pagarás este trabajo?” …

Pero la realidad del mundo es incierta, y ningún esquema mental ni social puede eliminarla.  Aceptar ésta realidad nos da algo más preciado que cualquier certidumbre: La libertad.

Los calvinistas y puritanos, y otros muchos grupos religiosos y sociales, de todas las partes del mundo, asumían y asumen la predestinación: La falta total de libertad, pues, según sus doctrinas, no existe incertidumbre y todo está linealmente establecido por su dios o sus dioses.

Hay muchos físicos que aún asumen el determinismo, pues se fían de unas ecuaciones que predicen el futuro de un sistema físico con certeza a partir del conocimiento del presente.

Pero esto solo se cumple para algunos sistemas especiales, simples, sin interacción con otros, y cuyas ecuaciones son lineales, es decir, del tipo de 2+3 = 5. Si las ecuaciones son no lineales (del tipo (2+3)^2= 25) y los sistemas interaccionan, aunque solo sean dos de ellos, entonces es imposible predecir las trayectorias, ya que los sistemas tienen componentes de aleatorieidad que los hacen inciertos.

Y esto es así para la inmensa mayoría de los sistemas naturales, aunque, claro, los humanos hemos construido máquinas razonablemente predecibles. Razonablemente, pues, por ejemplo, hace unos días no me arrancaba el coche: La máquina, pseudo-determinista, se convirtió en incierta.

El mejor ejemplo de un sistema físico tremendamente simple, que se mueve aleatoriamente, es la unión de dos reglas de longitudes distintas mediante un clavo que las permita oscilar una respecto a la otra:

https://www.youtube.com/watch?v=d0Z8wLLPNE0

Se suele decir en los textos de física al uso que, si pudiésemos fijar siempre las mismas condiciones iniciales, los dos péndulos describirían exactamente las mismas trayectorias altamente irregulares. Pero, ¿cómo puede un físico decir ésto? Todos los físicos saben que es imposible fijar una posición con precisión infinita, que el error es parte intrínseca de la naturaleza, pues esa posición inicial depende de los movimientos de un número del orden de cuadrillones de  interacciones atómicas altamente irregulares. Si la física no es un puro juego matemático, sino un esfuerzo por conocer la realidad de la naturaleza, no podemos decir “los movimientos

son deterministas, pues las ecuaciones así lo son”. Las ecuaciones podrán serlo, pero no lo son las soluciones de esas ecuaciones, que dependen de condiciones iniciales y condiciones de contorno variables.

La naturaleza es incierta a nivel físico, a nivel químico, a nivel biológico, y por lo tanto a nivel humano, y social.

A nivel atómico, no hay átomos aislados. Las interacciones lo son entre un número muy grande de ellos, y son interacciones eléctricas, y por lo tanto, no lineales. Los movimientos de los electrones en los átomos son, por tanto, no deterministas, dentro de las ligaduras correspondientes: De la misma manera que dentro del bombo de la lotería de navidad los movimientos de las bolas son no deterministas, pero están sometidos a la ligadura de moverse dentro de ese bombo, los electrones se mueven de manera no determinista, pero alrededor del núcleo de los átomos, y sus energías solo pueden tener ciertos valores discretos.

Desde las dimensiones más pequeñas a las mayores dimensiones que conocemos, la incertidumbre en los movimientos de los cuerpos es la realidad de la naturaleza.

Esto mismo ocurre en la biología: Cada duplicación genética introduce aleatorieidad. Las especies se mantienen, cambian, desaparecen, sin regla alguna conocida.

El mundo es incierto. Se puede tratar de reducir esa incertidumbre, pero no se puede eliminar.

Si esto es así, lo mejor es reconocerlo.

Un ejemplo puede servir para ilustrar esta idea: En las carreteras se producen averías y accidentes de forma constante, pero aleatoria. Sin embargo, las carreteras no están diseñadas para esos casos. Una avería, un accidente colapsan el tráfico durante horas, porque no existen en esas carreteras arcenes amplios por donde puedan circular las grúas, las ambulancias, los bomberos, la guardia civil.

No se ha asumido la realidad de la incertidumbre a la hora de construirlas y el resultado es evidente: Un desastre para la eficiencia, para el gasto de energía, y para las emisiones de CO2.

Y así con todo. Los políticos podían decir, de manera honrada: “Haré todo lo posible para que las cosas vayan bien, para que vayan mejor, pero habrá problemas.  Lo intentaré, pero no puedo garantizar nada”. Y los votantes deben asumir esa realidad.

Si se reconoce la realidad de la incertidumbre, se puede aplicar de manera sistemática el principio de precaución, que consiste en tener preparadas las alternativas para cuando las cosas no funcionen como se espera que lo hagan: Por ejemplo, tener siempre las reservas económicas necesarias para afrontar sin demasiados problemas crisis como las de 2007-2010. Asumir que puede haber cambio climático, y tener preparadas las alternativas a las posibles sequías, subidas de temperatura, inundaciones y demás efectos del mismo.

Y, sobre todo, dar la bienvenida a esa realidad de la incertidumbre, pues permite la existencia siempre de muchas alternativas a cualquier situación: Nos da acceso a la libertad.

La física de pequeñas y grandes dimensiones

La física de pequeñas y grandes dimensiones

La física, como ciencia positiva, ha exigido siempre tratar temas de investigación sobre la naturaleza que puedan validarse o invalidarse mediante los experimentos independientemente repetidos y las observaciones.

Cualquier tema que, por definición, no pueda ser sometido a experimentos, o a observaciones directas y repetidas, queda fuera de las consideraciones científicas, y entra en el dominio de la especulación o la magia.

Por ejemplo, si se dice que un ruego puede frenar la rotación de la Tierra durante unas horas para continuar esta rotación después, se está enunciando una tontería, que ni siquiera entra en el dominio de la magia y se queda en el del cuento literario.

Cuando decimos que los objetos sólidos de bajo rozamiento con el aire (una plomada con forma de pez, por ejemplo) caen desde un balcón de 19.62 metros de altura (unos 6 pisos) en 2 segundos, estamos afirmando algo que cualquiera puede verificar mediante experimentos independientes y repetidos.

Cuando se  afirma que se han visto fantasmas, o que se ha hablado con los muertos, no hay manera de diseñar experimentos independientes y repetidos que permitan verificar o falsear esas afirmaciones.

Si se deducen causas de efectos observados, esas causas pueden ser cualesquiera, pues de las causas se deducen efectos, pero un cierto efecto puede tener causas diversas incompatibles entre sí.

Por ejemplo, si vemos, desde el balcón mencionado, subir una plomada con forma de pez por delante de nuestros ojos, podemos deducir que los cuerpos sólidos en la superficie de la Tierra suben ellos solos en el aire, o que un fantasma tira de ellos hacia arriba con un hilo también fantasmal, o cualquier otra locura de la imaginación. Solo si comprobamos que cada vez que vemos subir ese objeto, este ha salido de un cañón, y siempre de un cañón de la misma forma y con la misma cantidad de pólvora y el mismo ángulo con respecto al suelo, podemos concluir de la observación del “pez” volador que la causa de esa subida es la explosión de la pólvora en un cañón.

Es decir, de una causa podemos deducir un efecto, pero nunca a la inversa.

En los libros de divulgación de los hechos de la naturaleza se habla con mucha frecuencia del Big-Bang, un fenómeno sugerido por el astrónomo jesuita Georges Lemaitre, que sería una explicación física de los primeros versículos del Génesis del Pentateuco.

Pero el Big-Bang carece de toda posible realidad científica: De haber ocurrido, habría sido un fenómeno único y no repetido, sin causa posible, no susceptible ni de medida ni de observaciones repetidas, y ni siquiera observado como fenómeno, sino deducido de posibles efectos postulados a partir de ese concepto considerado como causa.

En los libros de divulgación científica, cuando tratan de fenómenos de dimensiones menores que las de un protón (el núcleo del átomo de hidrógeno) se habla de partículas que median en las conversiones de otras partículas entre sí. Por ejemplo, se considera lo que se denomina “partículas virtuales” W, que se supone que son necesarias para que un neutrón (lo que hay distinto de los protones en el núcleo de un átomo de Helio, por ejemplo) se convierta en protón, como lo hace cuando ese neutrón está fuera del núcleo de los átomos.

Pero no se ha conseguido medir ni visualizar directamente ninguna de esas “partículas”  virtuales (es decir, irreales), sino solo siempre a partir de sus posibles efectos. (Por cierto, la expresión “realidad virtual” es un oxímoron, una contradictio in terminis, una, como mucho, metáfora, o en realidad, una tontería. Por mucho que la imagen de una comida suculenta en una pantalla  se parezca a una comida real, la “virtual” no se puede ingerir, es decir, no existe, no tiene realidad como comida).

En varios laboratorios de partículas sub-nucleares y con experimentos de alta energía, se han detectado fenómenos tales como la aparición en un punto de un detector, de dos trazas, de un protón y un electrón que aparecen en un mismo punto y luego se mueven en caminos separados. Esto es lo que se mide. De acuerdo con un modelo del universo de partículas sub-nucleares, se deduce que electrón y protón han aparecido como efecto de la conversión de una partícula W en estos electrón y protón, pero la partícula W ni se ve ni se mide.

Con respecto a las variables físicas de las partículas atómicas y sub-nucleares, tales como sus posiciones, velocidades, masas, y como combinación de las masas y velocidades, las energías, se suele decir en los libros y artículos de divulgación que la naturaleza a esos niveles es “bizarra” (weird, en inglés): Si medimos la posición de una de esas partículas con cierta precisión, no podemos conocer su velocidad más que con una gran incertidumbre. Si medimos su velocidad con cierta precisión, no podemos conocer su posición más que con gran incertidumbre, y se compara esto con la medida de la velocidad y posición de un coche, por ejemplo.

Pero nunca se dice que, a nivel atómico y menor, no tenemos energías para medir esas variables mucho menores que las energías de las propias partículas. Al medir, perturbamos el sistema, y ya no mantiene las variables que tenía antes.

No se explica en esos libros y artículos lo que ocurriría si iluminásemos un coche de masa 1000 kilogramos, que se mueve a 108 km/h, iguales a 30 m/s,  con un láser de su misma energía: 0.125 kWh. Si lo hiciésemos, al medir cambiaríamos el coche de posición y le cambiaríamos su velocidad, de manera que no podríamos medir ambas con precisión elevada.

Es esto, sencillamente, lo que ocurre a esos niveles de átomos y menores: Los instrumentos de medida cambian las posiciones y velocidades de lo que medimos. No hay nada extraño ni bizarro: Es sencillamente una consecuencia de los tamaños relativos de las energías de medida y las energías de lo que medimos.

De la misma manera, la ecuación para el movimiento de los electrones alrededor de los núcleos de los átomos, y de los planetas alrededor de las estrellas es la misma, y por consiguiente, ambos sistemas tienen trayectorias prohibidas, niveles discretos de energía. Pero en los átomos pequeños, hidrógeno, helio, litio, y pocos más, esos niveles de energía están muy separados unos de otros, lo que ya no ocurre con los átomos de muchos protones y electrones, como, por ejemplo el uranio, el radio, el radón, en los que los niveles, discretos, están tan juntos, que pueden considerarse continuos.

Esto mismo ocurre en el sistema planetario: Los niveles discretos de energía están tan juntos que, siendo discretos, pueden considerarse continuos. Pero no hay nada distinto, cualitativamente, entre los planetas y los electrones, salvo que en la gravedad solo hay atracción, mientras que en la electricidad hay atracción y repulsión, pero tanto a niveles minúsculos como estelares y mayores.

Eso sí, puesto que los átomos son muy pequeños, y están cargados eléctricamente, sufren billones, trillones de interacciones entre sí, de manera que al moverse los electrones alrededor de los núcleos, sus trayectorias son altamente irregulares, casi aleatorias, dentro de sus respectivos niveles de energía. Por otro lado, los planetas solo interaccionan entre sí por la fuerza gravitatoria. Están tan lejos unos de otros, y hay tan pocos sistemas planetarios en el Universo, (comparados con el número de átomos) que esas interacciones gravitatorias perturban muy poco sus trayectorias.

De nuevo, la física a niveles, digamos humanos y mayores, y la física a niveles atómicos y menores, no son fundamentalmente distintas, sino que su aparente diferencia deriva exclusivamente de las energías relativas de ambos subconjuntos de los cuerpos del universo.

Hay que saber de qué se habla.

INCERTIDUMBRE

El ser humano ansía la certidumbre: “¿Me querrás siempre?”, “¿Me pagarás este trabajo?” …

Pero la realidad del mundo es incierta, y ningún esquema mental ni social puede eliminarla.  Aceptar ésta realidad nos da algo más preciado que cualquier certidumbre: La libertad.

Los calvinistas y puritanos, y otros muchos grupos religiosos y sociales, de todas las partes del mundo, asumían y asumen la predestinación: La falta total de libertad, pues, según sus doctrinas, no existe incertidumbre y todo está linealmente establecido por su dios o sus dioses.

Hay muchos físicos que aún asumen el determinismo, pues se fían de unas ecuaciones que predicen el futuro de un sistema físico con certeza a partir del conocimiento del presente.

Pero esto solo se cumple para algunos sistemas especiales, simples, sin interacción con otros, y cuyas ecuaciones son lineales, es decir, del tipo de 2+3 = 5. Si las ecuaciones son no lineales (del tipo

(2+3)^2= 25) y los sistemas interaccionan, aunque solo sean dos de ellos, entonces es imposible predecir las trayectorias, ya que los sistemas tienen componentes de aleatorieidad que los hacen inciertos.

Y esto es así para la inmensa mayoría de los sistemas naturales, aunque, claro, los humanos hemos construido máquinas razonablemente predecibles. Razonablemente, pues, por ejemplo, hace unos días no me arrancaba el coche: La máquina, pseudo-determinista, se convirtió en incierta.

El mejor ejemplo de un sistema físico tremendamente simple, que se mueve aleatoriamente, es la unión de dos reglas de longitudes distintas mediante un clavo que las permita oscilar una respecto a la otra:

https://www.youtube.com/watch?v=d0Z8wLLPNE0

Se suele decir en los textos de física al uso que, si pudiésemos fijar siempre las mismas condiciones iniciales, los dos péndulos describirían exactamente las mismas trayectorias altamente irregulares. Pero, ¿cómo puede un físico decir ésto? Todos los físicos saben que es imposible fijar una posición con precisión infinita, que el error es parte intrínseca de la naturaleza, pues esa posición inicial depende de los movimientos de un número del orden de cuadrillones de  interacciones atómicas altamente irregulares. Si la física no es un puro juego matemático, sino un esfuerzo por conocer la realidad de la naturaleza, no podemos decir “los movimientos

son deterministas, pues las ecuaciones así lo son”. Las ecuaciones podrán serlo, pero no lo son las soluciones de esas ecuaciones, que dependen de condiciones iniciales y condiciones de contorno variables.

La naturaleza es incierta a nivel físico, a nivel químico, a nivel biológico, y por lo tanto a nivel humano, y social.

A nivel atómico, no hay átomos aislados. Las interacciones lo son entre un número muy grande de ellos, y son interacciones eléctricas, y por lo tanto, no lineales. Los movimientos de los electrones en los átomos son, por tanto, no deterministas, dentro de las ligaduras correspondientes: De la misma manera que dentro del bombo de la lotería de navidad los movimientos de las bolas son no deterministas, pero están sometidos a la ligadura de moverse dentro de ese bombo, los electrones se mueven de manera no determinista, pero alrededor del núcleo de los átomos, y sus energías solo pueden tener ciertos valores discretos.

Desde las dimensiones más pequeñas a las mayores dimensiones que conocemos, la incertidumbre en los movimientos de los cuerpos es la realidad de la naturaleza.

Esto mismo ocurre en la biología: Cada duplicación genética introduce aleatorieidad. Las especies se mantienen, cambian, desaparecen, sin regla alguna conocida.

El mundo es incierto. Se puede tratar de reducir esa incertidumbre, pero no se puede eliminar.

Si esto esa así, lo mejor es reconocerlo.

Un ejemplo puede servir para ilustrar esta idea: En las carreteras se producen averías y accidentes de forma constante, pero aleatoria. Sin embargo, las carreteras no están diseñadas para esos casos. Una avería, un accidente colapsan el tráfico durante horas, porque no existen en esas carreteras arcenes amplios por donde puedan circular las grúas, las ambulancias, los bomberos, la guardia civil.

No se ha asumido la realidad de la incertidumbre a la hora de construirlas y el resultado es evidente: Un desastre para la eficiencia, para el gasto de energía, y para las emisiones de CO2.

Y así con todo. Los políticos podían decir, de manera honrada: “Haré todo lo posible para que las cosas vayan bien, para que vayan mejor, pero habrá problemas.  Lo intentaré, pero no puedo garantizar nada”. Y los votantes deben asumir esa realidad.

Si se reconoce la realidad de la incertidumbre, se puede aplicar de manera sistemática el principio de precaución, que consiste en tener preparadas las alternativas para cuando las cosas no funcionen como se espera que lo hagan: Por ejemplo, tener siempre las reservas económicas necesarias para afrontar sin demasiados problemas crisis como las de 2007-2010. Asumir que puede haber cambio climático, y tener preparadas las alternativas a las posibles sequías, subidas de temperatura, inundaciones y demás efectos del mismo.

Y, sobre todo, dar la bienvenida a esa realidad de la incertidumbre, pues permite la existencia siempre de muchas alternativas a cualquier situación: Nos da acceso a la libertad.

El problema de las dietas de adelgazar

Hay personas que se pasan la vida entera tratando de rebajar su peso.

Consideremos el siguiente hecho sencillo: 10 gramos diarios asimilados suponen 3.65 kilos mas de peso al año, 36.5 kilos de peso en 10 años, es decir, pasar de 60 a 96 kilos.

10 gramos diarios eliminados supondrían 36.5 kilos menos de peso en 10 años.

8 gramos es la cantidad de azúcar  de un sobre de la misma de la cafetería. Toda la energía que necesitamos cada día la podemos obtener de 700 gramos de harina de trigo mezclada con agua, más o menos, de 1 kilo de pan.

Así pues, si asimilamos 10 gramos de materia diariamente, asimilamos el equivalente de un 1.4% de lo que nos comemos.

Según este cálculo tan simple, si reducimos 21 kilocalorías de nuestra ingesta diaria, reducimos 3.65 kilos en un año.

Pero, y esto concurre con todo lo que escribo, ¿cómo vamos a garantizar que esa reducción es real?

En la física, y eso enseñamos a nuestros alumnos, todo lo que medimos tiene incertidumbres. Si comemos un filete de carne ¿sabemos, del peso medido, cuánto hay asimilable y cuánto no, cada día? Los filetes son distintos de día en día, y es imposible saber con la exactitud de 10 gramos o 21 kilocalorías, lo que comemos cada día. Del pan que comemos, ¿sabemos si hemos comido una miga más o menos?

Y así con todo.

Y la asimilación no depende de lo que comemos, ni casi del ejercicio que hacemos. Subir el Himalaya, o correr una maratón implican, sobre poco más o menos, las 2000 kilocalorías de la ingesta de un día. Correr 4 kilómetros (que es lo que se puede correr en una ciudad, en cualquier día laborable, son por tanto, unas 200 kilocalorías. Y si alguien “quema” cada  día 200 kilocalorías extra, no adelgaza 365 kilos en un año: Habrá muerto mucho antes.

El cuerpo de cada animal se mantiene en un equilibrio notable, del que solo se sale cuando se enferma. Se puede reducir en 200 kilocalorías la ingesta diaria. Se baja de peso… uno o dos meses y luego el cuerpo ajusta su consumo a la nueva ingesta.

No conocemos cómo el cuerpo, el cerebro, regula ese equilibrio.

Mientras no consigamos ese conocimiento, el cuento de “ese alimento tiene más calorías que aquel otro”, y la historia de las dietas es, probablemente, un cuento chino.

Nueva Arquitectura contra el Cambio Climático (¡Y para vivir mejor!)

En esta década, entre el 55 y el 60% de la población del planeta va a vivir en ciudades, en edificios diseñados por arquitectos e ingenieros de caminos (o civiles).  Alrededor de un 75% del gasto energético de la humanidad se realiza en y entre las ciudades.

Si queremos frenar el Cambio Climático tenemos que cambiar la forma en que los edificios y las ciudades emplean la energía.

Vivir quiere decir gastar y disipar energía. La disipación es inevitable, debido a la Segunda Ley de la Termodinámica, mientras que el mantenimiento de la vida exige un gasto constante de energía.

Los edificios emplean hoy mucha energía, pero la cantidad empleada puede disminuirse radicalmente, y la que reste como necesaria puede obtenerse sin quemar carbono.

Una parte muy considerable de la energía que emplean los edificios se invierte en calentarlos en invierno y enfriarlos en verano. La idea es proporcionar una temperatura entre 18 y 22ºC a las personas que se encuentran en su interior, bien habitándolos, bien por razones de trabajo.

Un termo de café lo conserva a 98ºC a pesar de que la diferencia de temperaturas entre su interior y su exterior pueda ser de 110ºC, o al revés, puede conservar agua a 0ºC mientras que el exterior se encuentre a 45ºC.  Se trata de impedir el flujo de energía (calor) a través de sus paredes en cualquiera de los dos sentidos. En los termos esto se consigue mediante dos paredes reflectantes  entre las cuales se ha hecho un vacío considerable.

No habría mucho problema en hacer lo mismo con los edificios, pero los vacíos son difíciles de realizar. Afortunadamente, el aire inmóvil conduce muy mal el calor, como saben bien quienes utilizan jerseys o abrigos de lana. Se trata de forrar los edificios por dentro y por fuera, con elementos llenos de aire que no pueda moverse: Lana de oveja, de vidrio, de roca.  Hoy tenemos toda clase de elementos constructivos con estos materiales que nos permiten conseguir que solo una cantidad mínima de calor atraviese las paredes. Cualquier persona que vaya a comprar un piso, una parte de un edificio debe, por su propia economía, comprobar cómo están hechas las paredes y demandar al constructor una prueba de flujo de energía a través de las mismas.

Por ejemplo, en un día en el cual la temperatura exterior sea de 0ºC, una pared de 15 m2, que dé al exterior, no debería perder más de 80 watios, 2 kwh diarios, o 0.40 euros. Cualquier cantidad mayor de ésta debería implicar una reclamación y falta de pago al constructor.

Las ventanas deben ser dobles para mantener una capa de aire entre los vidrios de no más de un centímetro de espesor, para evitar el movimiento del mismo. Una ventanal de 2 m2, de doble vidrio perdería, o ganaría, otros 80 watios, pero si ponemos vidrio triple, con cada uno de los tres vidrios de espesores que no sean múltiplos enteros unos de otros, por ejemplo, 5, 7 y 9 milímetros, tendremos una pérdida o ganancia de 40 watios y un aislamiento casi perfecto frente al ruido exterior, como valor añadido.

Esta energía perdida en invierno se compensa calentando las paredes de la habitación mediante un sistema estándar de placas de yeso con minitubos por los cuales circula agua a temperaturas de unos 30ºC, habiendo calentado el agua mediante una bomba de calor que ha extraído energía del aire frío exterior, enfriándolo, y movida por energía eléctrica obtenida de celdas solares.

Esto parece un poquito complicado, pero también era complicada la electricidad hace 140 años, o la telefonía hace 100 años, y hoy son algo completamente normal que instalan todos los constructores.

Hoy, en el código técnico de la edificación vigente en España, es obligatorio instalar en todos los edificios sistemas de agua caliente solar. Dada la disminución brutal del precio de las celdas fotovoltaicas, parece evidente que debe añadirse una cláusula a ese código técnico que obligue a instalar tantas celdas de éstas como permitan las cubiertas de los edificios.

Otra cuestión arquitectónica que debe ayudar a frenar el Cambio Climático es el urbanismo. Vivimos en ciudades que se han ido construyendo según un esquema de hace unos 6.000 años: Personas concentradas dentro de un recinto amurallado con muy pocas puertas, que salen del mismo por las mañanas y retornan al anochecer y similarmente con el flujo inverso. Aquellas ciudades se construyeron como almacenes de granos y otros productos energéticos y era preciso amurallarlas con pocas puertas para defender esos productos de los predadores externos.

Hoy las ciudades ya no son almacenes de energía, y si sufren ataques, estos se realizan desde el aire, por lo que las murallas han quedado obsoletas.

Para saber cómo organizar una circulación sin atascos, podemos fijarnos en el cuerpo de los animales y de las plantas, y en ejemplo más cercano, nuestro propio cuerpo.  Los atascos se crean en las carreteras cuando se reduce la sección del canal del flujo. En el cuerpo humano la aorta va reduciendo su sección, pero se abren ramales de manera que la sección combinada de ellos es mayor que la del canal de entradas, y así hasta los capilares que aportan la sangre a las células.

Dejando para los siguientes párrafos la idea de una nueva organización del trabajo que elimine la necesidad de viajar constantemente de fuera hacia adentro de la ciudad y viceversa, una manera sencilla de reducir las atascos, y el inmenso gasto de energía que suponen, es multiplicar por un factor grande el número de puertas en las murallas que hoy rodean las ciudades: Las circunvalaciones como la M40 y la M50 en Madrid, por ejemplo, y similares en el resto de las ciudades del mundo. Una vez abiertas las puertas, dividir los canales (las calles) de entrada y salida en un número muy grande de rutas capilares a cada punto, multiconectadas, y siempre evitando los embudos.

Adicionalmente, en 2020, ¿hay alguna necesidad del tráfico intenso diario de entrada y salida de las ciudades? Evidentemente, el personal de los talleres, los vendedores en el mercado, y los transportistas deben moverse.

Pero, ¿es necesario que una persona encargada de la contabilidad de una empresa, un abogado, un economista, etc, acudan todos los días al mismo edificio con otras personas de la misma empresa? Se puede trabajar en las casas, y en oficinas subsidiarias en núcleos no jerárquicos que formen una conurbación.

Una mayoría del tráfico de personas e incluso de mercancías se puede realizar mediante cintas transportadoras paralelas de velocidades crecientes hacia su centro, de manera que los viajeros puedan pasar de unas a otras sin disrupción. Si las cintas aumentan su velocidad de 5 en 5 km/h (la velocidad de una persona andando) los pasajeros pueden acceder a la cinta rápida en una serie de 12 saltos, y a la inversa. Los núcleos de la conturbación deben estar conectados entre sí todos con todos, huyendo de jerarquías y copiando del sistema de internet.

Edificios aislados y conexiones inteligentes entre nudos no jerárquicos reduce en un factor de al menos 10 el consumo de energía, siendo la residual necesaria suministrada mediante centrales solares.

¿Que es la Universidad?

La universidad es un conjunto de personas que, reunidas, se dedican a la búsqueda del conocimiento, y una vez alcanzado este, a su enseñanza a otras personas jóvenes (en edad y de espíritu) que quieren acceder al mismo.

Estamos rodeados por la naturaleza, y una parte de ella que somos nosotros, los seres humanos. Y aunque vemos lo que nos envuelve, conocemos aún poco de ello, a pesar de estar en 2020. Tres ejemplos:

  • Aún somos incapaces de entender las olas del mar y el movimiento del aire sobre la superficie de la Tierra.

2)   No entendemos nuestra respuesta humana (o la de otros animales y plantas) a los ataques víricos.

3)   No sabemos realmente cómo pensaban nuestros antepasados: Del Nuevo Testamento solo tenemos

información de 200 años después de los hechos que cuenta, y tenemos idea de que el Antiguo se escribió

hacia el año 400 a.C. ¿Existió Homero? ¿Quién escribió la Iliada?

 

¿Podemos vivir sin conocimiento?

 

Como robots, sí, pero no como personas. La búsqueda del conocimiento no tiene como razón de ser encontrar trabajo, o producir bienes y servicios.

 

Es algo esencialmente, esencialmente, humano. Que además sirva para otras cosas está bien, pero no es su misión. Por lo tanto cualquier argumento sobre la universidad que mencione “colocación”, “productividad”, etc. es espúreo.

 

Siendo esto así, ¿Debe financiar la sociedad esa búsqueda, transmisión y almacenamiento del conocimiento?

 

La respuesta es evidente. Al ser una parte de la acción humana, debe hacerlo, sin preocuparse mucho de rendimientos inmediatos. No hay relación directa entre el estudio y la prosperidad, pero esa relación, implícita, es evidente: Las sociedades que potencian el estudio, avanzan. Las que lo rechazan, se mantienen a niveles, digamos, antropoideos.

 

La razón evidente de que la sociedad no puede exigir resultados concretos de conocimiento como rendimiento de su inversión es la siguiente: Si un gestor social dice a un estudioso: Le doy 100.000 euros y quiero que me descubra la Ley de la Gravedad, está tirando el dinero, pues ya conoce la Ley de la Gravedad. Ahora, si ese gestor social (la iglesia anglicana, es decir, la sociedad inglesa, que era la que pagaba a la iglesia, que financiaba a la Universidad de Cambridge) paga el salario de Newton, sin exigir nada, por bastante poco dinero obtiene buena parte de las leyes de la física.

 

Frente a las ideas de que las personas prefieren no trabajar y cobrar, la realidad es que la gran mayoría de personas trabajan tanto por el salario como por el interés del trabajo. Sí, incluso en las minas de carbón de Asturias, los mineros querían seguir con esos trabajos inmensamente difíciles, aunque se les ofrecía el mismo salario por dejar la mina. (Es claro que siempre hay excepciones, como siempre hay ladrones y asesinos en todas las sociedades, pero esto es algo que no se puede cambiar; es como las mutaciones en la reproducción celular, lo que llamamos cáncer).

 

Por ello, todo el debate sobre la universidad falla en su origen (como el debate sobre el Brexit, o sobre por qué muchos americanos han votado a Trump: En la sociedad no prima el interés económico, que es uno más entre otros muchos intereses).

 

Entonces, ¿hay problemas hoy en la universidad?

 

Evidentemente, como en todos los tiempos, y en todas las instituciones.  Derivan de una confusión entre el símbolo y la realidad. A principios del siglo XX los ricos, en España, empezaron a cenar a las 10 de la noche, o más tarde, como símbolo de que que podían levantarse a media mañana, ya que no necesitaban trabajar. El resto de la población comenzó a desplazar su hora de cena hacia las 10 de la noche, para parecerse a los ricos. Hoy hay locos de la carretera que quieren imitar a los pilotos de las Fórmulas de coches, sin serlo.

 

Muchas personas, durante los años de la postguerra en España (y si a eso vamos, en el resto del mundo) observaban a gente que prosperaba en distintas profesiones: Médicos, algunos abogados, economistas, ingenieros …, y forzaron, en cuanto se abrió la veda (en España, tras la muerte de Franco) a los gestores sociales a aumentar, casi sin límite, el número de universidades, y a demandar que cambiasen su objetivo hacia uno de tipo agencia de colocación.

 

Puesto que los gestores sociales raras veces son universitarios, no tienen claro lo que es la universidad y bajo aquella presión intentaron convertirla en un sistema de producción de profesionales con un conocimiento superficial de sus profesiones. Superficial, porque con una afluencia masiva a las aulas, la transmisión de conocimiento, que solo puede realizarse mediante el trabajo estrecho, personal y continuado del alumno con el profesor, se reemplaza por unas instrucciones impersonales, de escaso rendimiento.

 

A pesar de ello, la sociedad no está descontenta, pues, como ocurre con el trabajo femenino, la situación social, aunque no óptima, es mejor que la anterior.

 

Pero esos gestores sociales, a pesar de no ser universitarios, en vez de asumir que la sociedad paga contenta por un resultado inespecífico, como con la sanidad, detectan un inconsistencia entre el objetivo de la universidad, el conocimiento, y la realidad actual de producción de semi-profesionales. Y se hacen reformas tras reformas que fracasan pues no afrontan el problema real.

 

Solo hay solución si se reconoce este problema real: Un país de 47 millones de habitantes no puede tener 47 millones de médicos (exagerando para resaltar el conflicto).  En cualquier empresa solo puede haber un jefe y un pequeño número de subjefes. Y esto por definición.

 

La única solución real para la universidad, como para muchos problemas de las sociedades es romper los esquemas y volver a los originales.

 

En Francia, entre 1750 y 1789, los aristócratas, que vendían su arrojo, su valor personal en las guerras, habían dejado de tener utilidad, puesto que, o no había guerras, o estas se hacían desde lejos, con cañones. La utilidad social la habían adquirido abogados y financieros, que sin embargo no estaban representados en las estructuras de poder: La sociedad estalló, y la desaparición de la aristocracia se convirtió en permanente.

 

Hoy es difícil decir a las personas, por ejemplo, en España, que no es necesario que sus hijos realicen una carrera universitaria. Mientras no se reconozca que en cualquier sociedad sociedad el número de universitarios no tiene sentido que sea muy grande, la universidad seguirá en crisis, como estaba en crisis la Francia de la segunda mitad del siglo XVIII.

 

La crisis es de consistencia: Una universidad para todos no es universidad. Y una universidad para pocos es algo que la sociedad no quiere.

 

El conflicto está servido y será permanente durante largo tiempo.

Macron y el pesimismo sobre Europa

Tras las dos catástrofes mundiales y la multitud de catástrofes locales del siglo XX, que representaron la resistencia feroz del pensamiento tribal a una posible realidad global, se intentó, no solo en Europa, el avance de este sistema cooperativo: La globalización.

Puesto que ese esquema suponía ir contra corriente, se intentó (Schumman, y los creadores del germen de la UE) endulzarlo con la promesa de una vida mejor. Y así fue, pero la mejora constante es muy difícil sin un suministro creciente de energía de alto rendimiento (energía que exija gastar muy poca de ella misma para conseguir más). Ya no hay más energía creciente: El pico de producción de petróleo se alcanzó, curiosamente, en 2007. Sigue y seguirá habiendo petróleo, pero no al ritmo necesario para que las gentes, de todo el mundo, aumenten un, digamos, 5% anual su riqueza.

El aumento de riqueza se ha estancado. Si el futuro es trabajar sin mejorar, las personas se vuelven hacia otros objetivos: Que mi jardín sea solo mío, que no oiga yo hablar en rumano en el bar de la esquina, vivir de sueños …

Esto deriva del miedo.

Ayer estuve en un examen de mis alumnos. Muchos me decían que se ponen nerviosos. Estos “nervios” son consecuencia del miedo.

Lo vemos claramente en Cataluña: Ellos eran los “ricos” de España. Eran los que controlaban la riqueza fabril. Pero hoy una buena parte de la riqueza ya no deriva de las fabricas, sino de los servicios. Ven que han dejado de ser los “reyes del mambo”, y tienen miedo de seguir por ese camino. Y se revuelven.

Lo que genera resistencias férreas, hasta llegar a las guerras, es la pérdida de los privilegios. Se vio en las revoluciones inglesa y francesa. En el estallido de la primera guerra mundial, en la subida de Hitler. En la guerra civil inglesa, en la revolución francesa, los aristócratas ingleses y franceses se revolvieron como gato panza arriba contra los nuevos ricos, los burgueses que querían participar en esos privilegios. Austria no quería permitir que los “siervos” serbios accediesen o al co-gobierno con Austria, o a la independencia, los “superhombres” alemanes no podían aceptar que los “inferiores” franceses dispusieran de la industria del Ruhr.

Los catalanes, sin verbalizarlo, se dicen a sí mismos: Si no podemos controlar financieramente al resto de España, nos encerramos. Seremos pobres, pero dentro de nuestra casa. Así no se verá que hemos perdido el privilegio.

Europa, realmente, se construyó desde la hazaña de Colón. La América inglesa, los EEUU funcionaron como “sueño americano” mientras había energía de sobra de que disponer: Primero las tierras del Oeste, luego, el petróleo. Hoy el fracking ya no es lo mismo. Y de ahí la llamada imposible de Trump: “Hagamos América grande de nuevo”. Ya no puede.

Hay solución, pero exige una revolución mental, y las revoluciones son sangrientas, aunque sea la sangre cerebral, el esfuerzo inmenso de cambiar de forma de pensar.

Para poder seguir creciendo, ya no podemos confiar en los “capitanes de empresa”: En trabajar, cada vez por más dinero, para otros que asumen los riesgos. El sistema capitalista ya no puede seguir funcionando. Y no sugiero el sistema comunista, que es capitalista, pero donde solo hay uno de ellos, solo un capitalista en régimen de monopolio: El capitalismo llevado al extremo.

Lo que he escrito en The Conversation, es que debemos, todos, aceptar la incertidumbre, vivir con riesgo, crear cada uno nuestra propia riqueza, no común, sino riqueza individual, porque la energía de hoy y del futuro no está en muy pocos campos de petróleo, en muy pocas fábricas en el Ruhr, sino que está distribuida por el globo.

Pero lo habitual desde hace 200 años es que el riesgo lo asumen muy pocos, y la mayoría mejora constantemente trabajando para esos pocos.

Mientras los mensajes sigan siendo los mismos de siempre: “Voy a mantener y subir las pensiones”, “Voy a subvencionar la economía”, la sociedad se irá rompiendo en cachitos.

Se precisa otro mensaje: “Tenéis que trabajar todos, tenéis todos que asumir riesgos, nadie os va a cuidar”

Esto no vende, no atrae votos. El resultado será, de nuevo, una confrontación hasta encontrar un nuevo esquema socio-económico.

Lo que es claro es que no se puede seguir con el mensaje caduco: Europa, pero no solo Europa, se rompe con ese mensaje.

Ciencia mística y ciencia real

Hace ya 2500 años que Platón inauguró una forma de pensar que ha retrasado notablemente la comprensión de la naturaleza y del ser humano (que es parte de esa naturaleza). En Platón la naturaleza es una imagen desvaída del reino de las ideas, (que  siendo ideas de los seres humanos, no podrían estar fuera de esa naturaleza), o de las matemáticas abstractas, lo mismo, una creación de la mente humana. Piensa, pues, Platón, que existen las ideas, las matemáticas, fuera del Universo, y que éste es una realización de aquellas, como las matrices pueden ser una realización de los grupos (pero realmente lo que existen son las matrices como conjuntos de números, y a partir de sus propiedades se definen los grupos de simetría matemáticos).

Y aquí empieza la mística. El Universo es, por definición, todo lo que existe, y no puede haber nada fuera del mismo, distinto del mismo. ¿Qué puede querer decir que una pelota de baloncesto es una pobre realización de una esfera ideal?

La realidad es que una esfera ideal es la conceptualización realizada en nuestras mentes de los elementos comunes de canicas, bolas de rodamientos, bolas de billar, balones de futbol, balones de baloncesto, y demás objetos similares.

Los objetos del Universo no pueden ser realizaciones de ideas abstractas, pues falta el mecanismo que las produce, mientras que para la conceptualización en las mentes humanas de las ideas abstractas a partir de los elementos comunes de los objetos sensibles, el mecanismo es sencillo de describir: Pasa por eliminar del concepto los detalles de diferencia, con lo que queda el concepto abstracto como resultado común. Y el mecanismo físico son las conexiones neuronales.

Hace unos 90 años, tras la década prodigiosa de la física de pequeñas escalas de energía, del desarrollo de la mecánica cuántica, en los años 20 del siglo XX,  se empezó a encontrar que cuando se hacían chocar entre sí partículas estables, como protones, aparecían, tras los choques, trazas distintas de las de éstos en las cámaras de registro, trazas que duraban muy, muy poco, tan poco que algunas de ellas no se visualizaban más que que como otras trazas que aparecían a partir de puntos de los registradores, puntos en los que no se había detectado nada.

Por otro lado, se conocía desde aquella década la desintegración beta, o desintegración del neutrón.

Es éste una partícula neutra, de algo mayor masa que el protón (el núcleo del átomo de hidrógeno). Las primeras ideas sobre el mismo eran que estaba formado por la unión de un protón, de carga unidad (en unidades atómicas) positiva y un electrón, de carga unidad negativa. La idea es correcta a grosso modo, digamos, visto desde lejos. Pero tanto el protón como el electrón tienen spin 1/2 , y también lo tiene el neutrón, de manera que aunque la combinación de cargas da carga 0, la combinación de spines no puede producir el spin del neutrón, salvo que este contenga adicionalmente otra partícula neutra.

Por otro lado, ¿cómo están unidos en el núcleo de los átomos, los protones y los neutrones entre sí? Una forma muy sencilla la proporciona una estructura triangular, con por ejemplo, 3 protones en los vértices y un electrón en el centro. Esta estructura debería romperse, pues los protones se repelen entre sí, pero la presencia del electrón en el centro los cementa, los une, e incluso permite oscilaciones del conjunto.

En las últimas teorías del neutrón, éste está formado por 3 quarks, de cargas 2/3 y -1/3, -1/3, y otros parámetros, de los cuales uno se indica como “abajo” y otro como “arriba”. En un momento dado, unos 15 minutos después de que el neutrón haya salido del núcleo, uno de los quarks (“abajo”), sin explicación ni mecanismo alguno, cambia su carga de -1/3  a 2/3 y su parámetro a “arriba”, y emite un electrón y un neutrino (o antineutrino, que es lo mismo) que al tener spin, mantiene los momentos angulares equilibrados.

Visto desde lejos, la realidad parece ser que el neutrón está formado por un protón, un electrón y un neutrino.

La idea de la formación mediante quarks parece ir en contra de la norma de la cuchilla de Occam, y ser un forzamiento de una idea sobre la realidad.

La explicación actual (y desde hace unos 60 años, ya algo talluda) es que el conjunto de tres quarks (“arriba”, “abajo”, “abajo”) de repente, al cabo de esos minutos, emite una partícula virtual (es decir, irreal) que convierte uno de los quarks “abajo” en un quark “arriba”, cambia su carga eléctrica y emite un electrón y un neutrino.

La idea de la partícula virtual es la de una herramienta matemática. En una cierta formulación de esa desintegración (travestida de transmutación) del neutrón, se precisa de una cierta interacción matemática para  resolver las ecuaciones. De la necesidad matemática se pasa a la invención, digamos, lingüística.

Estamos ante la misma magia que la conversión directa de un neutron en un protón, un electrón y un neutrino.

No hay explicación, no hay mecanismo físico.

Se suele decir que “… en Mecánica Cuántica, si algo puede ocurrir (por razones energéticas, por ejemplo) ocurrirá.” . Pero necesitamos mecanismos, sin ellos todo es magia. El Acueducto de Segovia puede caer, pues es energéticamente favorable que caiga. Pero para ello se precisa un terremoto, por ejemplo, o un deslizamiento de tierras, una causa, un mecanismo. Y este no se conoce para la conversión de un quark d en un quark u, o para físicos avezados, para la emisión un boson W (la partículainexistente). Se emite este bosón. Sin causa, ni mecanismo ni explicación. Así no se puede hacer ciencia.

Se asume que los cambios de un quark d en un quark u se producen mediante una fuerza “débil”.  Es una “fuerza” misteriosa, y de hecho, bien analizada no puede decirse que sea una fuerza, al menos no en el sentido de la Ley básica de la Naturaleza, la Segunda Ley de Newton, en la cual la fuerza entre cuerpos produce aceleración.

Por otro lado, tampoco es una “interacción”, pues la conversión de un quark d en un quark u no implica interacción entre nada.  En la descripción de arriba, un quark d aislado, un neutrón alejado de las paredes de un contenedor, emite una “partícula que no existe” (ese es el significado de ‘virtual’) y pasa a quark u.

Pudiese ser que la interacción entre dos quarks d generase que uno de ellos se convirtiese en u, y nunca a la inversa. Pero no queda especificado ni cómo (cómo se emite una partícula inexistente W) ni cuándo.

Se suele decir: “… en Mecánica Cuántica las cosas ocurren.”

O bien “ … cuando un quark d que forma un neutrón emite espontáneamente una partícula inexistente W y esta partícula inexistente genera espontáneamente un electrón y un neutrino …” lo que se está afirmando es que no se tiene ni idea de como se producen esos cambios y que ellos son esencialmente magia.

Pero la ignorancia no es un reconocimiento de la realidad. Es mucho más honrado decir “Ignoramos por qué ocurren”.

Una de las figuras de la física del siglo XX, Niels Bohr era ciertamente platónico, mientras que Einstein aceptaba la objetividad de la Naturaleza, aunque tenía una componente mística cuando afirmaba que “Dios no juega a los dados”.

La herencia de Bohr es que en una parte de la física de los siglos XX y lo que va de XXI, domina el pensamiento platónico en el sentido de que se intenta forzar a la Naturaleza a seguir los desarrollos matemáticos: Teoría de cuerdas, espacios de 17 dimensiones, multi-versos, etc.

Como en otras muchas cosas que están ocurriendo hoy en todo el mundo, visto que la realidad es prosaica y el pensamiento ideal aguanta cualquier esfuerzo de imaginación, una gran cantidad de gente, científicos incluidos, opta por la irrealidad.