Macron y el pesimismo sobre Europa

Tras las dos catástrofes mundiales y la multitud de catástrofes locales del siglo XX, que representaron la resistencia feroz del pensamiento tribal a una posible realidad global, se intentó, no solo en Europa, el avance de este sistema cooperativo: La globalización.

Puesto que ese esquema suponía ir contra corriente, se intentó (Schumman, y los creadores del germen de la UE) endulzarlo con la promesa de una vida mejor. Y así fue, pero la mejora constante es muy difícil sin un suministro creciente de energía de alto rendimiento (energía que exija gastar muy poca de ella misma para conseguir más). Ya no hay más energía creciente: El pico de producción de petróleo se alcanzó, curiosamente, en 2007. Sigue y seguirá habiendo petróleo, pero no al ritmo necesario para que las gentes, de todo el mundo, aumenten un, digamos, 5% anual su riqueza.

El aumento de riqueza se ha estancado. Si el futuro es trabajar sin mejorar, las personas se vuelven hacia otros objetivos: Que mi jardín sea solo mío, que no oiga yo hablar en rumano en el bar de la esquina, vivir de sueños …

Esto deriva del miedo.

Ayer estuve en un examen de mis alumnos. Muchos me decían que se ponen nerviosos. Estos “nervios” son consecuencia del miedo.

Lo vemos claramente en Cataluña: Ellos eran los “ricos” de España. Eran los que controlaban la riqueza fabril. Pero hoy una buena parte de la riqueza ya no deriva de las fabricas, sino de los servicios. Ven que han dejado de ser los “reyes del mambo”, y tienen miedo de seguir por ese camino. Y se revuelven.

Lo que genera resistencias férreas, hasta llegar a las guerras, es la pérdida de los privilegios. Se vio en las revoluciones inglesa y francesa. En el estallido de la primera guerra mundial, en la subida de Hitler. En la guerra civil inglesa, en la revolución francesa, los aristócratas ingleses y franceses se revolvieron como gato panza arriba contra los nuevos ricos, los burgueses que querían participar en esos privilegios. Austria no quería permitir que los “siervos” serbios accediesen o al co-gobierno con Austria, o a la independencia, los “superhombres” alemanes no podían aceptar que los “inferiores” franceses dispusieran de la industria del Ruhr.

Los catalanes, sin verbalizarlo, se dicen a sí mismos: Si no podemos controlar financieramente al resto de España, nos encerramos. Seremos pobres, pero dentro de nuestra casa. Así no se verá que hemos perdido el privilegio.

Europa, realmente, se construyó desde la hazaña de Colón. La América inglesa, los EEUU funcionaron como “sueño americano” mientras había energía de sobra de que disponer: Primero las tierras del Oeste, luego, el petróleo. Hoy el fracking ya no es lo mismo. Y de ahí la llamada imposible de Trump: “Hagamos América grande de nuevo”. Ya no puede.

Hay solución, pero exige una revolución mental, y las revoluciones son sangrientas, aunque sea la sangre cerebral, el esfuerzo inmenso de cambiar de forma de pensar.

Para poder seguir creciendo, ya no podemos confiar en los “capitanes de empresa”: En trabajar, cada vez por más dinero, para otros que asumen los riesgos. El sistema capitalista ya no puede seguir funcionando. Y no sugiero el sistema comunista, que es capitalista, pero donde solo hay uno de ellos, solo un capitalista en régimen de monopolio: El capitalismo llevado al extremo.

Lo que he escrito en The Conversation, es que debemos, todos, aceptar la incertidumbre, vivir con riesgo, crear cada uno nuestra propia riqueza, no común, sino riqueza individual, porque la energía de hoy y del futuro no está en muy pocos campos de petróleo, en muy pocas fábricas en el Ruhr, sino que está distribuida por el globo.

Pero lo habitual desde hace 200 años es que el riesgo lo asumen muy pocos, y la mayoría mejora constantemente trabajando para esos pocos.

Mientras los mensajes sigan siendo los mismos de siempre: “Voy a mantener y subir las pensiones”, “Voy a subvencionar la economía”, la sociedad se irá rompiendo en cachitos.

Se precisa otro mensaje: “Tenéis que trabajar todos, tenéis todos que asumir riesgos, nadie os va a cuidar”

Esto no vende, no atrae votos. El resultado será, de nuevo, una confrontación hasta encontrar un nuevo esquema socio-económico.

Lo que es claro es que no se puede seguir con el mensaje caduco: Europa, pero no solo Europa, se rompe con ese mensaje.

Ciencia mística y ciencia real

Hace ya 2500 años que Platón inauguró una forma de pensar que ha retrasado notablemente la comprensión de la naturaleza y del ser humano (que es parte de esa naturaleza). En Platón la naturaleza es una imagen desvaída del reino de las ideas, (que  siendo ideas de los seres humanos, no podrían estar fuera de esa naturaleza), o de las matemáticas abstractas, lo mismo, una creación de la mente humana. Piensa, pues, Platón, que existen las ideas, las matemáticas, fuera del Universo, y que éste es una realización de aquellas, como las matrices pueden ser una realización de los grupos (pero realmente lo que existen son las matrices como conjuntos de números, y a partir de sus propiedades se definen los grupos de simetría matemáticos).

Y aquí empieza la mística. El Universo es, por definición, todo lo que existe, y no puede haber nada fuera del mismo, distinto del mismo. ¿Qué puede querer decir que una pelota de baloncesto es una pobre realización de una esfera ideal?

La realidad es que una esfera ideal es la conceptualización realizada en nuestras mentes de los elementos comunes de canicas, bolas de rodamientos, bolas de billar, balones de futbol, balones de baloncesto, y demás objetos similares.

Los objetos del Universo no pueden ser realizaciones de ideas abstractas, pues falta el mecanismo que las produce, mientras que para la conceptualización en las mentes humanas de las ideas abstractas a partir de los elementos comunes de los objetos sensibles, el mecanismo es sencillo de describir: Pasa por eliminar del concepto los detalles de diferencia, con lo que queda el concepto abstracto como resultado común. Y el mecanismo físico son las conexiones neuronales.

Hace unos 90 años, tras la década prodigiosa de la física de pequeñas escalas de energía, del desarrollo de la mecánica cuántica, en los años 20 del siglo XX,  se empezó a encontrar que cuando se hacían chocar entre sí partículas estables, como protones, aparecían, tras los choques, trazas distintas de las de éstos en las cámaras de registro, trazas que duraban muy, muy poco, tan poco que algunas de ellas no se visualizaban más que que como otras trazas que aparecían a partir de puntos de los registradores, puntos en los que no se había detectado nada.

Por otro lado, se conocía desde aquella década la desintegración beta, o desintegración del neutrón.

Es éste una partícula neutra, de algo mayor masa que el protón (el núcleo del átomo de hidrógeno). Las primeras ideas sobre el mismo eran que estaba formado por la unión de un protón, de carga unidad (en unidades atómicas) positiva y un electrón, de carga unidad negativa. La idea es correcta a grosso modo, digamos, visto desde lejos. Pero tanto el protón como el electrón tienen spin 1/2 , y también lo tiene el neutrón, de manera que aunque la combinación de cargas da carga 0, la combinación de spines no puede producir el spin del neutrón, salvo que este contenga adicionalmente otra partícula neutra.

Por otro lado, ¿cómo están unidos en el núcleo de los átomos, los protones y los neutrones entre sí? Una forma muy sencilla la proporciona una estructura triangular, con por ejemplo, 3 protones en los vértices y un electrón en el centro. Esta estructura debería romperse, pues los protones se repelen entre sí, pero la presencia del electrón en el centro los cementa, los une, e incluso permite oscilaciones del conjunto.

En las últimas teorías del neutrón, éste está formado por 3 quarks, de cargas 2/3 y -1/3, -1/3, y otros parámetros, de los cuales uno se indica como “abajo” y otro como “arriba”. En un momento dado, unos 15 minutos después de que el neutrón haya salido del núcleo, uno de los quarks (“abajo”), sin explicación ni mecanismo alguno, cambia su carga de -1/3  a 2/3 y su parámetro a “arriba”, y emite un electrón y un neutrino (o antineutrino, que es lo mismo) que al tener spin, mantiene los momentos angulares equilibrados.

Visto desde lejos, la realidad parece ser que el neutrón está formado por un protón, un electrón y un neutrino.

La idea de la formación mediante quarks parece ir en contra de la norma de la cuchilla de Occam, y ser un forzamiento de una idea sobre la realidad.

La explicación actual (y desde hace unos 60 años, ya algo talluda) es que el conjunto de tres quarks (“arriba”, “abajo”, “abajo”) de repente, al cabo de esos minutos, emite una partícula virtual (es decir, irreal) que convierte uno de los quarks “abajo” en un quark “arriba”, cambia su carga eléctrica y emite un electrón y un neutrino.

La idea de la partícula virtual es la de una herramienta matemática. En una cierta formulación de esa desintegración (travestida de transmutación) del neutrón, se precisa de una cierta interacción matemática para  resolver las ecuaciones. De la necesidad matemática se pasa a la invención, digamos, lingüística.

Estamos ante la misma magia que la conversión directa de un neutron en un protón, un electrón y un neutrino.

No hay explicación, no hay mecanismo físico.

Se suele decir que “… en Mecánica Cuántica, si algo puede ocurrir (por razones energéticas, por ejemplo) ocurrirá.” . Pero necesitamos mecanismos, sin ellos todo es magia. El Acueducto de Segovia puede caer, pues es energéticamente favorable que caiga. Pero para ello se precisa un terremoto, por ejemplo, o un deslizamiento de tierras, una causa, un mecanismo. Y este no se conoce para la conversión de un quark d en un quark u, o para físicos avezados, para la emisión un boson W (la partículainexistente). Se emite este bosón. Sin causa, ni mecanismo ni explicación. Así no se puede hacer ciencia.

Se asume que los cambios de un quark d en un quark u se producen mediante una fuerza “débil”.  Es una “fuerza” misteriosa, y de hecho, bien analizada no puede decirse que sea una fuerza, al menos no en el sentido de la Ley básica de la Naturaleza, la Segunda Ley de Newton, en la cual la fuerza entre cuerpos produce aceleración.

Por otro lado, tampoco es una “interacción”, pues la conversión de un quark d en un quark u no implica interacción entre nada.  En la descripción de arriba, un quark d aislado, un neutrón alejado de las paredes de un contenedor, emite una “partícula que no existe” (ese es el significado de ‘virtual’) y pasa a quark u.

Pudiese ser que la interacción entre dos quarks d generase que uno de ellos se convirtiese en u, y nunca a la inversa. Pero no queda especificado ni cómo (cómo se emite una partícula inexistente W) ni cuándo.

Se suele decir: “… en Mecánica Cuántica las cosas ocurren.”

O bien “ … cuando un quark d que forma un neutrón emite espontáneamente una partícula inexistente W y esta partícula inexistente genera espontáneamente un electrón y un neutrino …” lo que se está afirmando es que no se tiene ni idea de como se producen esos cambios y que ellos son esencialmente magia.

Pero la ignorancia no es un reconocimiento de la realidad. Es mucho más honrado decir “Ignoramos por qué ocurren”.

Una de las figuras de la física del siglo XX, Niels Bohr era ciertamente platónico, mientras que Einstein aceptaba la objetividad de la Naturaleza, aunque tenía una componente mística cuando afirmaba que “Dios no juega a los dados”.

La herencia de Bohr es que en una parte de la física de los siglos XX y lo que va de XXI, domina el pensamiento platónico en el sentido de que se intenta forzar a la Naturaleza a seguir los desarrollos matemáticos: Teoría de cuerdas, espacios de 17 dimensiones, multi-versos, etc.

Como en otras muchas cosas que están ocurriendo hoy en todo el mundo, visto que la realidad es prosaica y el pensamiento ideal aguanta cualquier esfuerzo de imaginación, una gran cantidad de gente, científicos incluidos, opta por la irrealidad.

La evolución de las personas: Trump, Brexit, Francia, Cataluña, Podemos, disturbios por todo el mundo.

La esencia de los problemas es la “tribu”, y el ansia de las tribus de eliminar a las demás, sobre todo cuando los cazaderos se vuelven escasos.

Cuando había riqueza  (energía) de sobra en un cazadero no importaba que otras tribus dispusieran de otros. Solo cuando, por causas climáticas o por aumento de la población, se agotaba la energía disponible por persona en el primer cazadero, la tribu trataba de eliminar a otras de otros cazaderos y quedarse con ellos.

Evidentemente, el problema era que otras tribus podían hacer lo mismo con la primera.

Ocurrió con la agricultura, hasta agotar la tierra fértil disponible, y hasta que las tribus predadoras habían agotado lo que podían obtener de la rapiña. Está ocurriendo ahora, por el crecimiento de la población y estancamiento de la producción de combustibles fósiles.

La mejor solución no es eliminar a otras tribus, o desplazarlas, sino, evidentemente, aumentar la riqueza disponible.

Se alcanzó un máximo de petróleo por persona en el año 2000, y además aumentó la distribución, de estar concentrada en los EEUU y Europa, a repartirse entre estas dos regiones y China e India.

Así, digamos en 2000, cuando el consumo en China no era muy grande, a los estadounidenses y europeos tocaban unos 29 barriles de petróleo por persona al día. Hoy tocan a 23.8. Es claro que las personas de por aquí han empezado a detectar que otra(s) tribu(s) está(n) haciendo disminuir su riqueza.

La respuesta racional es aumentar la riqueza disponible, aumentando la captura de energía.

La respuesta tribal es trata de quitar a otros parte de esa riqueza.

Un ejemplo fueron los Sioux o Lakotas en el Medio Oeste. Vivían en los bosques de Montana. Los Pawnees vivían en el valle de río Republican, un afluente del Missouri. Decidieron expulsar a los pawnees para aumentar sus recursos energéticos (la energía solar almacenada en los granos y demas alimentos que un valle produce en mayor abundancia que un bosque.

En unas circunstancias climáticas favorables, la población de las tribus mongolas del norte de China creció considerablemente de manera que tuvieron que buscar nuevas fuentes de energía, a costa de sus vecinos, incluyendo los valles fluviales del sur, en China.

¿Qué pasa hoy?

En los EEUU era común la idea del “sueño americano”: Que todos los estadounidenses podían, es más, tenían el derecho de mejorar su riqueza personal a lo largo de sus vidas.

Mientras hubiera tierras fértiles sin ocupación “blanca”, mientras hubiese esclavos (o casi esclavos) negros, mientras no hubiese otro poder financiero dominante y hubiese abundancia de energía por persona, todos contentos. Pero las tierras libres se agotaron, la UE empezó a convertirse en un competidor financiero, y en el comercio apareció China como competidor. La riqueza por persona se estancó, y desapareció el sueño americano. Hay pleno empleo, pero las personas no ven cómo mejorar cada año.

Las tribus “blancas” de los estados agrícolas piensan que deberían re-esclavizar a los negros, y en su caso, esclavizar a los latinoamericanos, además de tratar de eliminar a los chinos del comercio mundial. Las tribus retoman su actitud secular y buscan quitar recursos a los demás en vez de aumentar esos recursos in situ.

Esto mismo pasa en Inglaterra, donde las tribus “rurales” piensan que los inmigrantes del este de Europa bajan los salarios que, piensan, ellos podrían obtener. Se disfraza ésto de imágenes culturales, y añoranzas históricas deformadas (la colonización generaba algunas oportunidades de mejorar, pero solo para los que no morían en las colonias, que eran muchos). Si la “tribu” vuelve a ser “independiente” podrá volver al esquema colonial, ignorando, por falta de análisis, que esto ya no es posible.

Lo mismo ocurre en Cataluña, donde se trata de que, al separarse del resto de España, pueda dominar sobre ese resto. Deriva esto del cambio mundial de una economía fabril, que ellos controlaban, hacia una economía de servicios, en la cual ya no son los mejores, sino que deben competir en pie de igualdad con ese resto de españoles. Algo parecido pasa con los vascos, pero en este caso, al ser tan pocos, no tiene riqueza suficiente para pagar a los mayores unas pensiones bastante elevadas.

En Francia se vive ahora algo parecido, en mucha menor escala, a lo que ocurrió antes de la revolución Francesa: La anulación de los privilegios. Muchas personas soportan el vivir peor que antes, pero muy pocas aceptan perder “status” y privilegios, pues eso les haría tener que cambiar de tribu. Los privilegios de cada uno de los 42 sistemas de pensiones (recordemos que éstas comenzaron con las pensiones para los marinos organizadas por Colbert alrededor de 1680) se sienten de una tribu distinta de las de demás. Estos privilegios se mantenían mientras Francia podía aumentar cada año su riqueza, pero de nuevo, el aumento de la riqueza de China con una producción de petróleo por persona decreciente, hace que esto ya no sea posible.

En España apareció, como en el resto de los países que estoy analizando, el frenazo de las expectativas de mejora, tanto en las pensiones, como en las personas que trabajan. Una forma de adquirir status en España era acceder a la propiedad de vivienda (habitual y de vacaciones). Esto funcionaba (sin recursos, pero funcionaba) hasta 2007-2010, cuando el “sueño español” fracasó. Para muchos españoles, el PP no es el partido de la corrupción, sino, realmente, el partido de la austeridad. Podemos es el partido del “sueño”, aunque sea el sueño de ganar lo mismo trabajando menos, o de ganar algo más quitándoselo a otra tribu “los ricos.

Si miramos con atención la historia de la humanidad, vemos que solo ha habido progreso (que cada uno viva mejor que sus padres, por ejemplo) cuando se ha instalado una nueva energía (la agricultura, el carbón y el petróleo), o se han puesto en marcha nuevas fuentes de la misma (las tierras americanas para los inmigrantes europeos, por ejemplo).

Las luchas tribales no han generado nunca el menor progreso común, aunque quizás sí progreso limitado para los cabecillas de esas tribus.

Tenemos al alcance de la mano incrementar por un factor muy elevado la disponibilidad de energía, capturando la energía solar sin necesidad de agua ni de suelo fértil.

Pero no lo estamos haciendo, y si estamos volviendo a la mentalidad de los 100.000 años anteriores al descubrimiento de la agricultura, una mentalidad que, como se vio desde el año 400 d. C. hasta 1492, lo único que generaban las guerras tribales era muerte, desolación y pobreza.

Hoy todos quieren ser reyes

En todo el mundo una considerable cantidad de personas quieren que se las considere, que se haga lo que cada una reclama: Más pensiones, vivir aislados, ganar los americanos a los chinos, los chinos a los americanos, que no haya ricos, que las mujeres igualen en todo a los hombres, etc., etc.

Hasta las niñas y los niños  quieren volar  moviendo los brazos.

Normal.

Siempre ha querido la humanidad vivir mucho mejor de lo que vive, aquí, o tras la muerte.

Pero hoy los deseos se comparten globalmente, y la fuerza de los grupos es enorme.

Sin embargo, en vez de utilizar esa fuerza cooperando para conseguir mucho, los grupos quieren, cada uno, eliminar a los demás, pensando que la riqueza es algo fijo, que es preciso aislar e impedir que otros accedan a ella.

Pero, como escribo muchas veces en este blog, la riqueza es, si no infinita, inmensa, pues es la energía del universo del cual nosotros somos una minúscula parte.

Se puede conseguir cada vez más riqueza, para cada uno y para todos. Pero es preciso cooperar para extraerla. Competir solo produce pobreza, es decir, una riqueza muchísimo menor que la alcanzable mediante la cooperación.

Esto lo hemos aprendido a través de la ciencia, desarrollada solo durante los últimos 400 años de la historia del homo pseudo-sapiens. Lo que domina los cerebros de los miembros de nuestra especie son, no los genes, sino los memes acumulados antes de 1600 DC: Al menos 100.000 años que crearon una cultura de robo de la escasísima cantidad de energía a la que podían acceder.

Un ejemplo lo deja claro: A principios del siglo XX la tierra ya no era lo que generaba riqueza, lo que producía energía, sino las minas y los pozos de carbón. Pero el Kaiser Guillermo II de Prusia (con Alemania unida a ella) seguía pensando en tierras y colonias como fuente de riqueza, y envidiaba tremendamente a Inglaterra y a Francia. Su meme cultural seguía siendo la riqueza procedente de la fotosíntesis del momento, y no de la fotosíntesis de hacía 300 millones de años almacenada en los combustibles fósiles: Quería utilizar éstos para conquistar las tierras europeas y sus colonias, en vez de para aumentar la riqueza de su pueblo.

Las protestas actuales, los Brexits, las tarifas de Trump, la exigencia de separación de España por parte de algunos catalanes, las exigencias de acceder a más riqueza por parte de chilenos, peruanos y ecuatorianos, entre muchos otros, son los memes antiquísimos que vuelven a salir a la superficie.

Otro ejemplo: Sin aumentar la riqueza española, en inútil exigir más pensiones, más altas: Sencillamente no hay más, y sin aumentar esa riqueza hay que repartir la que hay entre cada vez más personas que no la producen.

Tenemos disponible toda la riqueza que queramos, la energía que viene del sol. Pero para capturarla es preciso dedicarse a ello, no a reclamar parte de la que ya hemos capturado, pues esta parte va desapareciendo con cada día que pasa.

Y para dedicarse a ello es preciso cooperar entre todos los grupos. Rechazar los memes de escasez y dedicarse a la captura posible.

Estamos en el borde, en la frontera, como lo estaban España y Portugal en 1480.

Podemos cruzar el Atlántico.

O podemos seguir luchando en eternas guerras civiles, intraeuropeas y similares, que solo producen la continuación de la pobreza.

¿Qué necesitamos para acceder a la riqueza de la energía solar?

Escribía hace un par de semanas que estamos desperdiciando la oportunidad de acceder a una barbaridad más de energía de la que disponemos ahora, utilizando la energía solar.

El domingo día 27 de Octubre apareció Jeremy Rifkin en la televisión diciendo que esa riqueza estaba ya casi disponible, y que se alcanzaría en 2028.

Es un poco difícil que sea así. Pero se puede avanzar más o menos deprisa hacia el objetivo. Lo que no podemos es detenernos.

Vamos a considerar el caso de España, y este caso se puede extender a otros países.

España está utilizando hoy alrededor de 1440 Twh anuales entre usos estáticos y movimiento de vehículos.

Con un rendimiento medio de 200 kwh por metro cuadrado y año, el consumo anual español implica instalar unos 7200 km2 de paneles fotovoltaicos. Teniendo en cuenta que España tiene medio millón de kilómetros cuadrados, 7200 representan un 1.4% de la superficie española. Por comparación la superficie urbanizada es de 88000 km2, es decir un 17.4%.

Tenemos, pues, suelo más que de sobra para capturar energía solar  de los tres tipos fotovoltaica, solar térmica y eólica.

El consumo de energía se reparte en un 22% para usos industriales, un 33% para usos en edificios, y un 45% para transporte.

La UE ha propuesto un objetivo en las próximas décadas, de edificios de consumo neto cero de energía. Teniendo en cuenta que en los edificios (viviendas, oficinas, industria, locales de ocio) se precisa consumir energía sí o sí, en frigoríficos, cocinas, lavadoras, casi nada en iluminación, máquinas, etc. se plantea producir esa energía mediante un máximo de energía fotovoltaica y solar térmica locales, en los propios edificios. La solar térmica se usa para el agua caliente que precise la higiene personal y lavadoras y lavaplatos.

Se pretende que los edificios estén bien aislados térmicamente. Es imposible conseguir que un edificio nuevo no pierda o gane energía térmica (calor) a través de paredes y ventanas, además de los tejados en los pisos superiores, pero se pueden reducir notablemente esos intercambios de energía mediante buenos aislamientos. Aislar térmicamente los edificios antiguos es más difícil, pero se puede hacer.

Es posible reducir el flujo de energía en forma de calor por conducción a través de las paredes y ventanas, pero es imposible reducirlo a cero. Es más difícil reducir el calor por radiación a través de los ventanales, pues es claro que éstos están diseñados para que entre y salga energía (la luz). Solo eliminándolos conseguimos bajar a cero el calor que pudiese pasar por ellos.

Hoy se ha comenzado ya en algunos (pocos) edificios a instalar almacenamiento geotérmico de la energía, inyectando calor en verano en el subsuelo y extrayéndolo en invierno.

Los cálculos que realizan mis alumnos de un Master de Arquitectura (MUPAAC) de la universidad de Alcalá, indican que para edificios en España, se precisa instalar una producción fotovoltaica de un mínimo de 2 kw y almacenamiento para unos 6 kwh diarios por vivienda. Esto implica al menos 10 m2 de tejados por vivienda, para fotovoltaica, y 2 m2 más para agua caliente

Si tenemos un tejado de 320 m2 (4 viviendas de 80 m2 por planta) no podemos construir más de 8 plantas por edificio, y teniendo en cuenta que en invierno se captura poca energía solar, lo más probable es que la altura quede limitada a 6 plantas. En Madrid no es mucho problema pues hace años se estableció una ordenanza que limita a 4 plantas los edificios de viviendas, pero no hay limitación para edificios de otros usos.

Pero las viviendas nuevas son pocas, relativamente al parque de viviendas actual en las ciudades españolas.

Es preciso un esfuerzo notable de reforma  de edificios antiguos y una total adecuación a la normativa europea de los edificios nuevos.

Para los sistemas industriales se precisa un cambio mucho mayor de los esquemas productivos, pues muchos de ellos se basan en el fuego, en vez de en la electricidad, como por ejemplo, las cementeras, que precisan temperaturas de 1500 ºC. Sería necesario cambiar a hornos eléctricos. Es posible, pero no inmediato.

El mayor gasto de energía en España se concentra en el transporte, de viajeros y de mercancías. Es preciso cambiar el transporte de mercancías hacia túneles al vacío con contenedores cilíndricos deslizando en acero sobre teflón, y en su momento en levitación magnética. Esto implicaría eliminar los puestos de trabajo de los conductores de camiones, que pueden dedicarse al mantenimiento y control del sistema de túneles.

Con respecto a los viajeros, se necesita sobre todo un cambio de mentalidad sobre la idea de la posesión de los medios de transporte. Hoy un coche es un bien preciado para su propietario, pero es algo que pierde buena parte de su valor en el mismo momento de comprarlo, y que al revés que una vivienda, se deprecia en un plazo muy breve, y solo se usa un par de horas al día. Parece mucho más racional que los coches sean compartidos entre todos, que estén funcionando al menos 18 horas diarias, y que se compartan sus gastos entre todos los usuarios.

Los coches deberán ser eléctricos, lo que resuelve muy bien el problema de la producción intermitente de energía solar pues, por ejemplo, en España, 20 millones de baterías en los coches acumularían casi toda la energía intermitente que deben producir las fuentes solares (eólica incluida).

Rifkin hablaba aquel día de redes de transmisión eléctrica inteligentes. Rifkin solo debe de conocer las desastrosas, viejas y obsoletas redes de los EEUU. La red eléctrica española es, ya hoy, lo que Rifkin piensa que deberían ser las redes de todo el mundo.

Los problemas actuales del mundo, el rosario de protestas a lo largo y ancho del planeta, se deben al parón en el crecimiento de la disponibilidad de energía. Todos queremos vivir mañana mejor que hoy. Reducir la desigualdad económica es un factor psicológico, pero no resuelve el problema de que cada uno tenga cada día algo más, pues la riqueza de “los ricos” es un tesoro finito en el tiempo: Una vez repartido, ya no hay más y lo que se ansía es que haya más cada mes, cada año, cada generación.

Al menos durante un milenio ese “cada vez más” lo puede satisfacer la captura de energía solar, si se controla al mismo tiempo el aumento de población, y con ese surplus de energía se reforesta la Tierra y se invierte en eliminar la desertización  de sus suelos.

Es un buen desafío, y un maravilloso objetivo que debe concentrar las capacidades de la población en su propio beneficio, en vez de dispersarlas en protestas y luchas sin futuro alguno.

Parece mentira pero tras 400 años de ciencia seguimos siendo animales

Y es una pena, pues la única virtud animal es la supervivencia. Las hormigas llevan 300 millones de años sin hacer otra cosa que vivir para parir. Es como cierto sultán de una isla de Asia central, que tiene 300 coches. ¿Para qué? O la ex presidenta de Filipinas, 3000 zapatos. ¿para qué?

El ser humano, o al menos algunos seres humanos, crea. Antes del Duomo de Florencia, de la Capilla Sixtina, de las Cantatas de Bach, de las sinfonías de Beethoven, antes de la Iliada, de “La naturaleza de las cosas”, del Quijote, de Lope y Calderón, de Shakespeare, esas obras no existían en el Universo. Fueron creadas por el hombre.

Hasta los humanos más sencillos, más “normales” crean en sus casas y en sus trabajos un ambiente particular, original, individual, que no es el mismo nido que el de otros, como los de las avispas, iguales hasta el último detalle entre ellos.

Se ha dicho que lo que distingue al ser humano de los animales es el manejo del fuego, la capacidad de hablar, de hacer herramientas. Ésto, y mucho más se resume en la capacidad de crear, única en el mundo de las personas que lo habitan.

Más propio de animales es la destrucción, que no aporta ni siquiera la liberación de stress, pues el que destruye quiere seguir haciéndolo.

Cuando conduzco, mantengo una distancia de al menos 100 metros con el de delante, y me gustaría que el que va por detrás mantuviese la misma distancia conmigo. Pues bien, mi experiencia es que los que van detrás me adelantan de cualquier manera posible, aún a riesgo de accidentes y pérdida de sus coches. ¿Para qué?

Cuando me han adelantado siguen a la misma velocidad a la que voy yo, y por tanto llegan a destino en el mismo tiempo que si no lo hubiesen hecho.

Esto solo puede deberse a un instinto atávico, animal. No sé si los lectores han visto algún documental de buitres alrededor de la carroña. Todos quieren encontrar un hueco para meter el cuello. Parece que los conductores que adelantan para avanzar cinco metros lo hacen siguiendo el instinto de los buitres, en vez la racionalidad humana.

Las recientes escenas de Cataluña, en la semana del 14 al 20 de Octubre de 2019 representan otras imágenes de esa animalidad. ¿Qué pretenden conseguir con la quema de coches y asaltos a comercios, con los incendios de contenedores, y la rabia desatada?  Nada, pues, racionalmente, ellos y sus jefes saben que sus contrarios no negocian ante el chantaje. Nadie ha “conquistado” la independencia mediante la violencia, ni mediante la resistencia civil.

El mejor ejemplo es la India. Inglaterra, tras la II Guerra Mundial calculó, interesadamente, que le salía más a cuenta la Commonwealth que mantener ejércitos en distintas partes del mundo. Sencillamente.

La Revolución Francesa no llegó a durar ni 10 años, y la violencia solo sirvió para satisfacer las ansias animales de algunos ciudadanos. La Revolución Bolchevique solo consiguió cambiar de nombre a los déspotas, y mantuvo el sistema de esclavitud de los eslavos en Rusia que había durado desde 1550 hasta 1918. Los mismos perros con distintos collares.

En los EEUU una buena parte de los que apoyan a un loco infantil son aquellos que quieren volver al sistema de tribus de los nativos americanos, un sistema que, debido a la competencia violenta entre ellos, en vez de la cooperación racional, los mantuvo en una escala de primitivismo que los llevó a la casi desaparición. Los “blancos” no eran mucho mejores, pero fueron capaces de formar una federación y, a regañadientes, cooperar entre sí.

La razón, por encima de la mera animalidad, siempre produce mejores resultados para cada uno y para todos.

La incertidumbre en la ciencia

El mundo es incierto. Desde las más pequeñas dimensiones de tamaño y energía a los agujeros negros y las galaxias.

El ser humano ha querido eliminar la incertidumbre, en vez de acogerla y adaptarse a ella. De aquí vienen los los populismos y otros sistemas dogmáticos. Hay personas que quieren creer cuándo les dicen: “vais a vivir mejor si seguís este mensaje”.

Pero jamás ha sido así.

La única manera que hemos encontrado para vivir mejor ha sido seguir a la razón, nunca a la persuasión.

Pero la razón es difícil de aceptar. Exige reflexionar, meditar, pensar. Para muchos lo mejor es lanzarse al precipicio sin pensar en la caída.

La ciencia de los siglos XVII al XX ofrecía un nuevo tipo de seguridad: Se puede hacer el siguiente experimento: Se cuelga una bola de 100 kg de un cable de acero. Se pone la frente pegada a la bola, con ésta desplazada un ángulo alpha de su punto de equilibrio. Se deja la bola libre desde un ángulo -alpha, y se queda uno quieto donde estaba. La bola vuelve con velocidad. Su gran masa puede destrozar la frente. Pero al llegar a ella, se ha detenido y no causa daño.

Estos comportamientos son muy escasos en la naturaleza. En ese mismo siglo XX se empezó a ver que a nivel atómico los movimientos son tan inciertos, que es imposible predecirlos. Se elevó ésto a Principio: Las relaciones inescapables de incertidumbre de Heisenberg.

A nivel macroscópico la naturaleza es así mismo incierta: Las nubes no tienen forma fija, los fluidos se mueven de forma turbulenta, tres péndulos acoplados no recorren nunca la misma trayectoria, tres astros de masas similares pero no iguales no recorren trayectorias definidas, etc., etc., y esta incertidumbre no puede eliminarse en buena ciencia.

Ésta es una de las razones, entre muchas otras, para dudar de la ilusión del Big Bang: Se habla de los primeros nanosegundos, microsegundos, segundos, del Universo. ¿Cuales son las incertidumbres de esos fenómenos? Porque no podemos aceptar que ocurriesen de forma determinista.

De nuevo, esta es otra de las razones para dudar de lo que nos cuentan de la economía (un fenómeno natural, pues los seres humanos somos parte de la naturaleza). Cuando leemos: “El PIB de tal país va a subir o bajar un 2%” ¿cuál es el error, la incertidumbre? Porque si la incertidumbre es de un 2%, o mayor,  la expresión anterior carece de significado; es preciso añadir que nadie puede calcular ni siquiera el PIB actual con un error nulo.

Ese ansia de certeza llevó al mismo Einstein a afirmar que lo que no se pudiese predecir con certidumbre, carecía de realidad física. Según ésto, la posición y la velocidad de una bola dentro de un bombo de lotería carecen de realidad física, y de hecho, según Einstein, el mundo carece de realidad física, pues no es predecible.

La realidad es incierta. Y no pasa nada, pues hemos vivido millones, o mil millones de años con esa incertidumbre, aplicando, en todos los niveles de la vida, otro principio, el principio de precaución. Es incierto que alguna espora de un hongo fructifique. Los hongos emiten miles de millones de esporas, como las plantas miles de millones de granos de polen, con la esperanza de que al menos una o uno de ellos fructifique.

Las especies se extinguen, pero surgen otras especies en la vida.

Aparte el principio de precaución, en la física utilizamos la estadística. De hecho, a nivel atómico, todo es estadística y probabilidad, pues la función psi, que en Mecánica Cuántica caracteriza en exclusiva el mundo de protones, neutrones y electrones, no es otra cosa que una amplitud de probabilidad de encontrar las partículas con determinados valores de sus variables, tales como posición, velocidad, energía, spin, etc.

Es una función que nos proporciona información sobre un mundo con importantes componentes aleatorias, y para ella tenemos ecuaciones razonablemente exactas, aunque las soluciones de esas ecuaciones solo se conocen para ciertos casos muy simplones.

A nivel macroscópico, y tras 400 años de física determinista, hemos caído en la ilusión del determinismo de nuestras máquinas y sistemas, de manera que cuando éstos no funcionan, se producen frustraciones en la sociedad, frustraciones que pueden conducir catástrofes tan tremendas como las 2 guerras mundiales del siglo XX, y los problemas que estamos experimentado ahora.

En 1914, en vez de afirmar: “Si entramos en guerra, no sabemos lo que va a pasar”,  en Inglaterra se aseguraba que la guerra sería un paseo, y terminaría en menos de 6 meses. Duró 48.

En Alemania, las personas creyeron la afirmación de que los alemanes serían los dueños del mundo durante 1000 años. Fueron destrozados, y destrozaron a los demás, en 4 años.

Si en vez de determinismo se acepta la idea de que no estamos seguros de nada, se pueden evitar esas tonterías que se convierten en horrores.

Hay algo un poco tonto, como ejemplo de esta discusión de grandes cosas e ideas. En las carreteras, hoy, se producen atascos todos los días. Los conductores creen que pueden frenar, o controlar el volante a tiempo, y conducen demasiado cerca unos de otros. Conducir con doscientos metros de distancia entre vehículos, todos a la misma velocidad que cuando se conduce a tres metros, implica llegar en el mismo tiempo que con un intervalo entre vehículos de tres metros: La velocidad no tiene nada que ver con la separación.

Pero con distancias de doscientos metros, los accidentes se reducen a, al menos, un décimo, y los cambios de carril son inmediatos.

Un ligero cambio de la Visión del Mundo, de un mundo determinista a otro con importantes componentes aleatorios, puede resolver innumerables de los problemas a que nos enfrentamos hoy.

El clima, un sistema complejo

¿Por qué es tan difícil predecir, o estimar, hacia dónde evoluciona el clima?

Sabemos que estamos dentro de un cambio climático, sabemos con bastante seguridad que la concentración de CO2 en la Tierra aumenta cada año, y que lo mismo hace la temperatura media global, aunque esta con mayores fluctuaciones.

¿Por qué la subida de CO2 es constante mientras que la de la temperatura sube y baja? ¿Por qué no podemos predecir el cambio climático, fuera de unas estimaciones muy imprecisas?

La física se ha concentrado hasta el momento en los sistemas simples, no complejos, hasta el punto de que el modelo que los físicos teóricos han elevado a los altares, el “modelo estándar”, es un modelo de partículas individuales, cuando llega a las partículas, o un modelo de campos sin masa, simétricos bajo la acción de ciertos grupos de simetría.

Pero en la naturaleza no existen los cuerpos aislados. De hecho la ciencia de la naturaleza es la ciencia de la interacción.

Incluso cuando podemos aislar un único átomo, para hacerlo lo tenemos que contener dentro de un aparato con trillones de otros átomos, todos ellos enviando y recibiendo campos electromagnéticos que, si quizás son débiles en promedio, no lo son en sus detalles individuales, además de que, para mantener el átomo inmovilizado, se precisa someterlo a radiación, generalmente de rayos laser, en lo que se denomina “pinzas ópticas”. Es decir, interacción.

Deriva esto, posiblemente, de la insistencia en los libros de texto en los cuales los físicos aprenden su disciplina, en los conceptos de “la partícula aislada”, “el oscilador armónico”, y otros similares, incluso al nivel de mecánica cuántica.

Se promete a los estudiantes que “más tarde” ya verán otros sistemas más complejos, pero la promesa parece política, es decir, sin la mínima garantía de cumplimiento.

Un sistema complejo es aquel que está compuesto por múltiples partes o subsistemas, similares o, en general, distintos, que interaccionan entre sí con fuerzas de escalas diferentes, y con parámetros dispares entre ellos.

El mejor ejemplo es el sistema climático, que describiré luego. Pero incluso con sistemas formados por subsistemas simples, como 3, 4 o 5 cuerpos estelares de masas disimilares, péndulos de longitudes no conmensurables acoplados entre sí, directamente o colgados de un cable tenso, y otros parecidos, incluso con estos sistemas, cuyas ecuaciones son perfectamente conocidas desde hace siglos, los movimientos no son predecibles en detalle: Son sistemas complejos.

El sistema complejo más sencillo de entre los posibles es uno que cualquier lector puede realizar en su casa: Un par de varillas de madera de longitudes distintas, mejor si no son múltiplos enteros una de la otra, con un par de agujeros en cada extremo. Una de ellas se cuelga de la otra mediante un perno liso, y ambas se cuelgan de un clavo en la pared, o cualquier otro dispositivo que las permita oscilar. Sus oscilaciones son caóticas y no invertibles en el tiempo.

O una bandeja plana con más de dos canicas de distintos diámetros, agitada siempre de manera regular. Las canicas (o esferas de acero si se dispone de ellas) realizan un movimiento caótico no invertible en el tiempo, aunque la agitación (horizontal) sea siempre la misma.

Sistemas complejos de características medias son los fluidos. Un fluido en una tubería se comporta de una manera predecible si la tubería es estrecha y/o la velocidad es baja. Cuando crece una de estas dos cosas o ambas, el movimiento del fluido se convierte en impredecible: El flujo pasa de laminar (en láminas paralelas) a turbulento: En vórtices interactuantes como los péndulos acoplados o las canicas en la bandeja.

El sistema climático está al otro lado de los sistemas complejos elementales.

Está formado por muchos subsistemas: Atmósfera, océano, tierras emergidas con sus relieves, vegetación, radiación solar entrante y radiación de infrarrojos de la Tierra saliente, y el ser humano. Cada uno de ellos se mueve con escalas espaciales y temporales muy diferentes entre sí.  Por ejemplo, la atmósfera no tiene barreras horizontales, mientras que sí las tienen los océanos. La escala de tiempo de la atmósfera varía entre unos minutos y unos 5 días mientras que la del océano varía entre meses y décadas. La vegetación de las tierras emergidas tiene escalas de años y los continentes se mueven en escalas de tiempo de miles a millones de años. En cambio los humanos hemos cambiado el clima de la Tierra, localmente en escala de siglos, y actualmente, de décadas.

¿Cómo podemos entender este sistema tan complejo de subsistemas interactuantes?

La mejor manera es dejar evolucionar cada uno de los subsistemas e introducir la interacción, y la interacción tiene que ser en los dos sentidos, es decir, analizar sistemas acoplados y realimentados. Por ejemplo, el océano se calienta al recibir la radiación solar, y su superficie caliente produce convección y vientos en el aire que al rozar con la superficie del agua mueven ésta produciendo corrientes oceánicas que transportan la energía de unos puntos a otros del globo, produciendo convección y recibiendo el viento.

Ahora bien, los fluidos tienen ecuaciones no lineales, y dos fluidos con reglamentaciones generan aún más no linealidad.

¿Qué es esto de la no linealidad?

Un sistema lineal es uno en el cual si se duplican las causas, se duplican los efectos. Un sistema no lineal es otro en el cual una duplicación de causas puede llevar a una multiplicaciones de los efectos por cualquier coeficiente, desde menores de uno a millones.

En español hay un dicho para retratar los sistemas no lineales: “El rico se hace más rico y el pobre, cada vez más pobre”.

En las épocas de crisis, el que tiene riqueza puede comprar a los que lo necesitan sus fincas, sus casas, sus herramientas de trabajo. De esta manera el rico cada vez adquiere más riqueza, y el pobre pierde lo que tenía.

El sistema económico, como casi todos los sistemas humanos y naturales, es no lineal.

En los sistemas no lineales los coeficientes llevan a multiplicar los efectos por valores mayores que uno, crecen no solo los efectos de las causas, sino las fluctuaciones de esos efectos alrededor de las medias. De esta manera llega un momento en el cual las fluctuaciones son tan grandes que invalidan cualquier predicción exacta.

Por otro lado, si los efectos crecen, llegan a unos valores que rompen el sistema: El mejor ejemplo ha sido la crisis en España, en la cual se compraban casas no para habitarlas, sino para venderlas. En un cierto momento los precios siempre crecientes impidieron seguir vendiendo casas, y colapsó todo el sistema económico. Posiblemente no se pudo predecir porque los modelos matemáticos económicos son lineales, y no representan la realidad.

Un ejemplo de no linealidad y reglamentación lo tenemos en el subsiste del hielo en el sistema climático. El hielo tiene un muy alto albedo, es decir, refleja casi toda la luz que recibe. Al estar el suelo, y el mar, cubiertos de hielo en las latitudes altas, no se calientan.

Pero si la superficie se empieza a deshelar, el suelo y el agua, en verano, retienen calor. Al llegar el invierno se deposita sobre esa superficie una capa de hielo. Éste es muy aislante (los iglúes de los esquimales) y la superficie retiene el calor. Al deshelarse en el verano siguiente, el suelo, y el agua, están aún calientes, y se calientan más y el calentamiento se extiende a superficies adyacentes, de manera que la zona deshelada crece mucho más deprisa. Al mismo tiempo, al no reflejar la luz, aumenta la temperatura del aire, que a su vez calienta otras  zonas con hielo que aumentan la temperatura del aire que …

El sistema se dispara.

Este es el comportamiento general de los sistemas complejos. De hecho no tiene nada que ver con el de los sistemas simples, que, sin embargo, son los que, por lo general, se estudian.

Dado que los sistemas complejos fluctúan y tienen tendencia a explotar, ¿cómo estudiarlos?.

Como en la mecánica cuántica, que es un sistema totalmente estadístico, la manera de estudiar los sistemas complejos es utilizar las herramientas de la estadística, valores medios, fluctuaciones, y sobre todo, probabilidades y amplitudes de probabilidad.

Es preciso que nos adaptemos a esta nueva forma de pensar, de ver el mundo. Los sistemas simples, deterministas, sin fluctuaciones estocásticas son muy malas aproximaciones a la realidad. Ésta es compleja, no lineal y fluctuante, y tenemos que trabajar en nuestra vida con probabilidades en vez de con certidumbres.

Se puede hacer, pues la naturaleza (y en ella plantas y animales) lo hace sin problemas. Y es una visión mucho más libre del mundo que el rígido, y falso, determinismo.

La situación actual del mundo

Durante el siglo XX hubo dos matanzas espantosas generadas en Europa y Japón, con otras tremendas en Asia y África.

 

Pero las personas, en los 5 continentes, al tener cada vez más energía, tenían también esperanza en lo que se llamaba “El Sueño Americano”, y su equivalente en el resto del mundo: Trabajando duro, se podía acceder, no solo a vivir mejor, sino a la riqueza.

 

Conocí a una persona, argentino, que había emigrado a los EEUU. Me escribió hace unos 8 años, destrozado, diciéndome que el “Sueño Americano” había desaparecido y que la mayoría de los estadounidenses ya no confiaban en llegar a ser ricos.

 

Lo mismo ocurre con muchísimos ingleses, con los agricultores franceses, con muchos italianos, y con los catalanes.

 

El “Sueño” estaba basado en un crecimiento exponencial de la disponibilidad de energía barata, pues todos sabían que los ricos se llevarían siempre una parte sustancial de la riqueza, pero si ésta crecía, quedaría bastante para los demás.

 

No ha sido así, pues disponibilidad de energía fósil no solo no puede seguir creciendo de manera exponencial, sino que desde el año 2007 está disminuyendo la producción de petróleo. Muy lentamente, casi sin notarse, pero está disminuyendo, a pesar de todo el fracking americano.

 

Cuando no hay mucho más qué repartir, los que pueden lo almacenan y no lo comparten.

 

¿Qué pasa con los demás? Porque se puede coger lo que tienen los que lo han almacenado, pero eso se acaba. Lo que se precisa es energía creciente y de suministro constante.

 

Cuando se acaba el sueño de riqueza de cada uno queda el sueño de dominio sobre los demás. En cualquier grupo humano, e incluso animal, siempre hay alguna persona, mujer u hombre, que satisface sus ansias psicológicas sintiéndose superior a los otros. Una forma de esa “superioridad” es la riqueza: Una casa palaciega, un coche más grande, más potente, y ejemplos parecidos.

 

Cuando no hay riqueza la superioridad puede ser nadar, esquiar, correr, …., mejor que los otros. Liderar un grupo. Maltratar entre muchos a otros no más débiles, pero sí aislados, el “bullying” de los colegios, femeninos y masculinos.

 

Esto mismo se traslada a los grupos más grandes y a las tribus que, aunque parezca mentira, siguen existiendo.

 

Tenemos dos ejemplos claros como el cristal, en la historia del siglo XX. Alemania, en 1910, era un país muy rico, pero no “mandaba” en el concierto internacional, y su Kaiser era manco. La única forma que tuvo este señor y los gestores y empresarios alemanes de intentar mandar fue organizar una guerra espantosa con millones de muertos.

 

Tras esa guerra, los listos y poderosos alemanes se volvieron pobres, pues se les obligó a pagar parte del daño que habían hecho.

 

La única solución que encontraron para satisfacer su necesidad de dominio, de superioridad, fue refugiarse en la “raza”, como en “bullying” de colegio, matar a los que según ellos, no pertenecían a su raza.

 

Hoy tenemos el mismo ejemplo: Muchos americanos e ingleses sienten que hoy ya no mandan y que no pueden sustituir ese sentimiento con la riqueza individual, pues, trabajen o no, no pueden aumentarla.

 

La respuesta es la alemana de Hitler: No queremos saber nada de los demás, pues somos superiores a ellos.

 

Esto mismo, según se lee en los escritos del Sr. Torra y otras personas, parece que lo sienten algunos catalanes.

 

Pues bien, lo mismo que el “Sueño Americano” era un sueño, los sueños de supremacía son otras tantas alucinaciones.

 

Gentes tan seguras de la supremacía americana están viendo cómo los chinos les están alcanzando. En vez de competir, quieren encerrarse tras barreras arancelarias. Los chinos, a su vez, se consideran superiores al resto de los mortales, pero no lo son tanto. Los americanos han perdido todas las guerras desde 1945, así que no pueden sacar mucho pecho.

 

Los ingleses que se quieren ir de Europa, ¿con quienes van a comerciar en pie de igualdad? Perdieron su imperio, tuvieron que ceder ante lo que para ellos eran “razas inferiores”, y ahora su economía, la que afecta no a la City de Londres, sino a los millones que viven fuera de esta ciudad, es mediocre.

 

Y así unas tribus y otras, unas sociedades y otras.

 

La única riqueza real que se ha podido repartir desde 1850 ha sido la generada por la energía de los combustibles fósiles y se está acabando.

 

Pero tenemos una energía muchísimo más abundante que aquella: La energía solar con rendimientos de entre un 20 y un 30%, que puede instalarse en todo el Globo, que no contamina ni genera CO2.

 

Pero al revés que las energías de los combustibles fósiles, no puede obtenerse solo mediante la rapacidad de unos pocos emprendedores e inversores. Es una energía del “común”, en lenguaje económico, es decir, de todos, o al menos tiene una parte considerable que es de todos.

 

Como la agricultura, no se puede concentrar en pocas manos, y por tanto no sigue el esquema capitalista del carbón y del petróleo/gas natural.

 

Exige coordinación, cooperación. Puede traernos una inmensa riqueza, pero puede, también, quedarse durmiente durante décadas o siglos, mientras que las tribus, empobrecidas, vuelven a las andadas de supremacías ilusorias.

 

Estamos en una encrucijada. ¿Elegiremos bien?

La energía y la riqueza

La energía y la riqueza.

 

Durante un intervalo entre 150.000 y 90.000 años antes de ahora, los homo sapiens vivieron una vida de considerable pobreza, similar a la de los !Kung (o bosquimanos) del siglo XX. No quiere decir esto que fueran felices o infelices, pero ciertamente no eran ricos, y sus hijos morían cada pocos años al repetirse las sequías en sus lugares de habitación. La riqueza no tiene mucho que ver con la felicidad. Es algo radicalmente distinto de ella.

 

Cuando terminó la última glaciación, hace unos 12.000 años, cuando los bosques se retiraron hacia el norte, la hierba pudo desarrollarse en las llanuras, y en los valles fluviales de Mesopotamia, Egipto, del Indo, el Ganges, y los ríos Amarillo y el Yang-tse, así como en las montañas de los Andes y los valles volcánicos de México y Centroamérica. Unos tipos de hierbas, los cereales, y otras plantas como las legumbres y en América los tubérculos, mutaron y se adaptaron a estaciones meteorológicas secas muy largas. Los sapiens empezaron a ingerirlas, y al mismo tiempo, a utilizar cerdos y ovejas mantenidos en corrales para sus necesidades.

 

Entre 10.000 y 3.000 años antes de Cristo (AC) las bandas de sapiens no crecieron mucho: A veces organizaban santuarios en las colinas (Jericó en las colinas costeras del Levante, y Çatalhöyük en Anatolia) pero, como con las muy posteriores ciudades de Troya (hasta 10 distintas), estas dos anteriores desaparecieron para volver al cabo de unos siglos o milenios, dependiendo de las oscilaciones climáticas, y las luchas entre bandas.

 

Una vez estabilizado el nuevo clima interglacial, alrededor de los 3.000 años AC, los homo sapiens detectaron una tremenda regularidad en los flujos de los ríos: el Éufrates y Tigris, con el Indo, el Ganges, y los dos ríos de China tienen crecidas importantes al final de la primavera y comienzo del verano boreal, cuando se funden los hielos de los Zagros en Anatolia y del Tibet, mientas que el Nilo crece en el otoño, tras los monzones de verano que descargan agua en enormes cantidades en las altas mesetas de Etiopía.

 

Los valles se llenan, no solo de agua, sino mucho más importante, de barro fértil. Las semillas de los cereales mutados no se dispersan por el aire sino que se mantienen en la planta o caen al suelo debajo del tallo. Los seres humanos ensayan, prueban y pronto aprenden a plantar, cuidar y recoger las semillas.

 

¡Han aprendido a capturar la energía del sol!

 

Del sol llegan, entre los trópicos, unos 0.8 kilowatios (kW) por metro cuadrado durante 6 horas al día, es decir 4.8 kWh (kilowatios hora, la unidad que utilizamos como medida de la energía en nuestras actividades). El ser humano necesita 2,4 kWh diariamente para mantenerse vivo.

 

Pero las plantas solo capturan un 0.5% (en media) de la energía que reciben, y eso solo mientras están creciendo. La eficiencia en un año es del 0.07%. En un cultivo medio el trigo produce en un año alrededor de 1.3 kWh por metro cuadrado.

 

Una persona necesita 2,4 x 365 = 876 kWh al año para vivir. 876/1.3 = 673 metros cuadrados, alrededor de 0.07 hectáreas (con agua) de tierra cultivada con trigo, o lo que es equivalente, una hectárea alimenta a unas 15 personas.

 

El Nilo mantiene una superficie cultivable de unos 5 km a cada lado, durante unos 1000 km, es decir, un millón de hectáreas. Daría para comer a unos 15 millones de personas. La población del Egipto antiguo no superó nunca los 5 millones de personas.

 

Esto se traduce en que cada persona disponía de una energía 3 veces superior a sus necesidades alimenticias.

 

Equivalentemente, tres personas podían comer con lo que una cultivaba: algunas de esas personas podían hacer carpintería, barcos, minería, extraer granito, mármol, metales, piedras preciosas: Riqueza.

 

Si utilizamos como unidad de riqueza la necesidad de alimento, cada persona del Egipto antiguo tenía una riqueza de 3 unidades.

 

Lo mismo ocurría en Mesopotamia, los ríos indios, y los chinos.

 

Los seres humanos, gracias a la energía solar capturada por las plantas, eran 3 veces más ricos que cuando vivían en bandas de cazadores/recolectores.

 

Fue la primera revolución energética.

 

Esa riqueza (a la que no han llegado nunca los animales) permitía, directamente, habitación, ropas y algún objeto, digamos, de lujo. Puesto que alguna parte de esa riqueza se conservaba y transmitía de generación en generación, se podía acumular y aumentar.

 

Los seres humanos descubrieron la riqueza, y no solo los que capturaban directamente la energía del sol, sino otros, merodeadores, que les quitaban a aquellos, periódicamente, parte de esa riqueza, de manera que ésta se trasladaba de los valles a las mesetas y las colinas.

 

Mientras que la riqueza derivaba directamente de la energía solar a través de la fotosíntesis, y dado que ésta tiene una eficiencia muy pequeña, la única forma de aumentar la riqueza era aumentar la superficie disponible para el cultivo y que dispusiera de agua.

 

Se canalizaron los ríos (sobre todo en China) y se amplió al máximo la superficie cultivada.

 

Pero esto tenía un límite, y éste se alcanzó, grosso modo, hacia el año 400 de la Era Común, en Europa, Asia y África, hasta 1492, cuando un nuevo continente ofreció tierras, muchas de ellas sin cultivar, a aquellos que sí querían cultivarlas. Aumentó la riqueza bruta al aumentar mucho la población humana.

 

En 1800 se había llegado de nuevo a una situación de bloqueo: No había más riqueza para los seres humanos porque no había más tierra cultivable. Es claro que la riqueza existente se repartía de manera desigual, pero lo importante era, y es, que no había más riqueza.

 

Tantas hectáreas irrigables, tantos watios solares por metro cuadrado, y no había ni hay más. Se puede aumentar la eficiencia de la fotosíntesis, mediante abonos y rotación de cultivos. La planta con mayor eficiencia de que disponemos es la caña de azúcar. Se hicieron fortunas equivalentes a las del petróleo (relativamente hablando) por los plantadores de Jamaica, de Cuba, de Brasil.

 

Pero contados los esfuerzos, al final la energía capturable (y por tanto la riqueza humana) era finita y se medía en hectáreas de tierra fértil con agua.

 

El ser humano, como las bacterias en un plato Petri con alimento, se propaga hasta llenar toda la superficie habitable.

 

Los seres humanos habían conocido el carbón desde antiguo, como el petróleo (recuerden la cestita impermeable del bebé Moisés).

 

Pero olía muy mal cuando se quemaba, y no se podía comer, así que ¿para qué extraerlo de las entrañas de la Tierra?

 

Había madera, y con ella se podían calentar las casas, y para hacer acero, se podía utilizar la madera libre de agua, el carbón vegetal.

 

Pero como hoy globalmente, en la Inglaterra del siglo XVIII empezó a faltar madera. Se habían ido talando los bosques más deprisa de lo que estos se regeneraban. Aunque maloliente, se empezó a llevar carbón del norte al sur de Inglaterra, de Newcastle en la frontera con Escocia a Londres.

 

El carbón era energía, y energía concentrada. Para gastar energía ya no hacían falta millones de hectáreas. Unas pocas bastaban para extraer la energía de millones de años, almacenada en el subsuelo.

 

Si utilizamos el concepto de ERdEI (Energía Recobrada dividida por la Energía Invertida para obtenerla), la agricultura tiene alrededor de 2, mientras que el carbón tiene un ERdEI de 50: El esfuerzo de una persona proporciona energía para 50, de los cuales 49 pueden hacer otras muchas cosas.

 

¡Riqueza inmensa!

 

Con el carbón se hicieron calderas para hervir el agua y mover bombas hidráulicas con el vapor, locomotoras con esas calderas, rieles de hierro para transportar bienes de un lado a otro, barcos de vapor, telares, toda clase de máquinas. La revolución industrial y la riqueza que se iba almacenando fue una consecuencia de la energía solar almacenada en el carbón y recobrada desde las minas.

 

Comenzó la segunda revolución energética.

 

El petróleo se conocía, como he dicho más arriba. Pero no se sabía para qué usarlo. En America se estaba agotando el aceite de cachalote utilizado para iluminar las noches. El petróleo era un buen sustituto para ello. El ERdEI del primer petróleo, extraído en Pennsylvania en 1860, era cercano a 100 pues se encontraba a solo unos metros bajo la superficie.

 

Se consolidó esa segunda revolución.

 

La riqueza actual de la sociedad humana es, si se reflexiona un poco, inimaginable, y toda ella deriva de la disponibilidad de energía de alto ERdEI. Como he dicho más arriba, una parte de esa energía se almacena y se incorpora, de forma que la riqueza aumenta con cada segundo de tiempo que pasa.

 

Como con la agricultura, la energía del carbón, petróleo y gas, depende de la geografía. Aunque se obtiene de zonas de almacenamiento concentrado, hay pocas de ellas.

 

Estamos entrando, pero a trompicones, en la tercera revolución energética. Como en la primera, la energía que podemos capturar deriva de los 0.8 kw de energía solar que caen en un metro cuadrado de superficie entre las dos líneas de los trópicos, y menos fuera de ellas.

 

Pero hoy no dependemos de la bajísima eficiencia de la fotosíntesis de las plantas, ni necesitamos suelo fértil ni agua para capturar esa energía.

 

Podemos poner celdas solares, centrales termosolares y aprovechar las corrientes de aire creadas por esa energía solar, en cualquier metro cuadrado de suelo o de agua del planeta, en los desiertos, en las montañas, en los mares.

 

Hoy los rendimientos estándar en la conversión de energía solar a electricidad en las celdas solares están entre el 20 y el 30%, 6 horas diarias, todo el año, y en toda la superficie del planeta. Un cálculo rápido nos produce el siguiente resultado (teniendo en cuenta la superficie de la Tierra solo entre los paralelos 50ºS a 50ºN): 0.25 trillones españoles de kwh.

 

El consumo actual de energía en 2018 ha sido de 0.00016 trillones de kwh.

 

Es decir, poniendo “solo” la mitad de la superficie del planeta entre los paralelos 50ºS a 50ºN, a generar energía a partir de la energía solar podemos tener disponible 500 veces más energía de la que usamos en la actualidad, 500 veces más riqueza. Es casi imposible imaginar lo que eso significa.

 

Pensando que al pasar de la caza y recolección multiplicamos por 3 nuestra riqueza y al utilizar la energía solar fósil la multiplicamos por 50, poner en marcha la captura masiva de energía solar la multiplicará por 500.

 

¡Es difícil entender a qué estamos esperando!

 

 

RESUMEN

 

La riqueza de los seres humanos ha ido creciendo según íbamos capturando cada vez más energía. Hoy podemos aumentar nuestra riqueza en cantidades inimaginables.