¿Nos debe importar el cambio climático?

Es claro que hay cambio climático. Basta con entrar en esta página WEB:

 

http://nsidc.org/arcticseaicenews/

 

y seguir la pista al hielo del Ártico. Es la segunda vez en 37 años que la extensión del hielo es tan pequeña en noviembre.

 

El clima en España depende del “Chorro” polar, una corriente de aire que circula a 11 km de altitud, de Oeste a Este. La existencia y posición de esta corriente deriva del gradiente latitudinal de temperaturas, la diferencia de las mismas entre el Ecuador y el Polo Norte.

 

La situación de verano en España: grandes calores y sequía deriva de que el chorro polar, en verano, se desplaza hacia el norte, al estar calientes las regiones árticas.

 

Pues bien, ahora, en estos últimos años, el Polo Norte no se enfría lo que era habitual hasta el año 2000 hasta que se acerca el solsticio de Invierno (15 de diciembre), y se mantiene relativamente caliente durante todo el invierno.

 

Si el Chorro no arrastra el aire húmedo del atlántico central hacia España y sobre ésta no hay aire suficientemente frío, no llueve.

 

La situación de verano es de un Polo caliente: El gradiente de temperatura entre el Ecuador y ese Polo es suave.

 

Hoy esta situación se da tanto en otoño como en primavera, y solo tras el solsticio de Invierno se enfría algo ese Ártico y desciende hacia el sur el Chorro polar.

 

El clima ha cambiado ya de sus características del siglo XX a las del siglo XXI: Lluvias concentradas en 4 meses en vez de extendidas a 7, precipitaciones torrenciales en vez de suaves, fuertes escorrentías en vez de permear hacia los acuíferos.

 

Esto produce escasez de agua para el riego, y llega a producir escasez de agua para el hogar y para, simplemente, beber.

 

Al mismo tiempo, unas temperaturas más altas provocan mayor evapotranspiración de las plantas y daños para éstas.

 

Los glaciares de las montañas están deslizándose hacia los valles y solo quedan como hielo en zonas muy altas. En la Antártida y Groenlandia los glaciares, sobre suelos calientes en las costas por el agua del mar, se van deslizando hacia el océano, produciendo la subida dl nivel del mar.

 

Una subida de este nivel de medio metro, añadida a las mareas y las olas supone la entrada del agua unos cinco kilómetros tierra adentro.

 

Podremos seguir viviendo, pero no, claro está, de la misma manera que lo hacemos hoy.

 

Adicionalmente un consumo creciente de petróleo y gas, además de acelerar el cambio climático, acelera su agotamiento, lo que implica un cambio adicional en la vida de las sociedades.

 

Debemos, simplemente por precaución, frenar el calentamiento del Planeta.

 

Hay quien todavía duda, o rechaza de plano, que es la acción humana la que está produciendo el cambio climático actual. Y no solo son personas sin conocimiento, sino incluso físicos y meteorólogos de valía.

 

Pero no hay la menor duda. Toda la evidencia científica, desde la geología, la arqueología climática, la historia, la química, la termodinámica, la mecánica de fluidos, nos dicen que el cambio climático actual deriva de la emisión salvaje de CO2 (y metano) a la atmósfera desde 1800.

 

Adicionalmente, la extracción en 200 años de la energía solar capturada durante 20 millones de años por las plantas (carbón y gas) y los animalillos (petróleo) del Carbonífero, ha generado un sistema económico que no puede seguir cuando se acaben estos combustibles fósiles.

 

¿Podemos hacer la transición hacia un nuevo sistema económico sin revoluciones violentas? Es dudoso, pero posible. Los populismos son siempre preludios de cambios, pues ocurren cuando la sociedad se da cuenta, implícitamente, de que su entorno vital ha cambiado, pero sus miembros, las personas, explícitamente no quieren cambiar, aumenta su miedo a lo ignoto y se aferran a lo que ya conocen: Quieren explícitamente mantener su forma de vida, aunque saben, implícitamente, que no pueden hacerlo. Hay una tensión brutal en la sociedad que ha generado, a lo largo de la historia, conflictos que en el caso de Europa en el siglo XX llevaron a decenas de millones de muertos.

 

Hoy tenemos la ventaja, escasa, pero la ventaja de que conocemos el proceso, sus orígenes y desarrollo, y quizás pudiésemos reconducirlo, aunque las fuerzas de un lado son muchas mientras que las fuerzas de la razón y el conocimiento, son escasas.

 

No tenemos mucho tiempo, pero, aunque corto, lo tenemos.

 

La única forma es la comunicación constante de la realidad, y sus soluciones, pero en un lenguaje asimilable por la masa de la población.

 

¿Es posible convencer a alguien de alguna cosa? Este será el tema de otro post.

 

 

 

¿Es incomprensible la teoría económica?

Estoy leyendo un libro sobre sistemas complejos, “The Science of Complex Systems in Business, Life and Society”, de John H. Miller, del prestigioso Instituto de Santa Fe, en Nuevo México. Uno de los primeros capítulos lo dedica a las finanzas.

 

Confieso que entiendo poco de éstas, y teniendo en cuenta que entiendo algo de muchas cosas, me pregunto por qué de esta dificultad mía. Y reflexionando pienso que el problema es que cuando leo de ellas me faltan definiciones y realidades.

 

En ese libro se habla de “vendedores” que obtienen beneficios, y de “compradores” que también lo hacen y que en el “equilibrio competitivo” todos acaban obteniendo un beneficio neto.

 

Y aquí me paro. ¿De donde sale ese beneficio neto? No hay explicación. ¿Qué es ese beneficio neto? No hay explicación.

 

Esos vendedores y compradores viven en un universo extraño. Solo existen ellos, pero sin embargo obtienen beneficios. ¿De la nada? Porque los beneficios son la diferencia entre lo que cuesta producir algo que se va a vender y lo que se obtiene de la venta, y en ese ejemplo no hay la menor indicación de lo que ha costado producir lo que se ha vendido.

 

El problema es más grave. En el mundo real, es muy posible que el “comprador” haya sido parte del coste del “vendedor”. Y que probablemente el vendedor haya pagado al comprador parte del dinero que este va a devolver comprando lo que el vendedor vende. De hecho, es así, puesto que la economía no funciona en el vacío. La economía, que se dice ahora “global” ha sido siempre global, pues ni ganancias ni beneficios salen de la nada, sino que son parte de un flujo casi cerrado, solo abierto en dos extremos: El origen de la riqueza y su disipación. El resto son ciclos, ruedas interconectadas que van rellenando el camino total entre esos dos extremos.

 

La única fuente de riqueza es la energía solar, que antes se sacaba exclusivamente de forma directa e inmediata del sol mediante la fotosíntesis de las plantas, y en los dos últimos siglos de la energía solar fósil almacenada en el carbón, el petróleo y el gas natural.

 

Y esa riqueza acaba disipándose, directamente, cuando la quemamos en nuestro metabolismo, o en el de los coches, cuando la enterramos en un edificio que termina cayéndose, en ropas que acaban en la basura, en cerámicas y vidrios rotos, en fin, en la destrucción.

 

En esta economía global una persona, como Amancio Ortega, por ejemplo, puede hacerse muy rica, temporalmente. ¿Cuánto dura esa riqueza? Con suerte cuatro o cinco generaciones. La empresa más duradera que existe hoy es DuPont, y no tiene más de 200 años; y es la única. El resto crecen y desaparecen en pocas décadas. Sus “costes” son beneficios de otros, sus “beneficios”, costes para los demás y el resultado neto, sin inyección de energía desde fuera del sistema, desde el Sol, nulo, o más bien, negativo.

 

Es, pues, necesario cambiar el razonamiento. En los argumentos sobre equilibrios competitivos, sobre ganancias y pérdidas, sobre PIBs, etc. es preciso introducir la realidad, cuánta riqueza real se genera en cada intercambio comercial, financiero. Probablemente se vea que la generación es negativa, que lo que producen los intercambios son pérdidas de riqueza real.

 

Si es así, como así parece, necesitamos urgentemente otra teoría diferente de la que deriva de Adam Smith, que se limita a “lo que hay”, sin considerar de dónde viene y hacia dónde va.

 

Necesitamos, ya, tras doscientos años de estática, una dinámica de la riqueza, una mecánica de flujos y no un análisis de equilibrios.

 

Es tremendo que, incluso un muy buen científico, del Instituto Santa Fe, preocupado por los sistemas complejos y en 2015, siga pensando en estática tras 200 años de desarrollo de la disciplina.

 

Lo mismo ocurre en mi disciplina, en la física, o al menos en una parte de la misma. Estoy leyendo otro libro sobre el concepto de “tiempo” (del reloj, no atmosférico). Y no hay análisis coherentes del mismo. En la mayoría de los textos se introduce el tiempo como una variable de la teoría, sin especificar lo que pueda ser. Incluso hay un científico, William G. Unruh que afirma que de hecho la gravitación es el tiempo.
No está mal, pero sustituye una cosa por otra, para la cual no ofrece definición.

 

El tiempo exige dinámica, movimiento, flujo. El tiempo fluye, evidentemente, mientras que el espacio tiene un aspecto esencialmente estático. El tiempo exige cambio, en la posición de un objeto (y por tanto algún tipo de memoria) o en la concentración de alguna substancia química. Solo hay tiempo si hay secuencia, y si desaparece el cambio (una corriente eléctrica en un superconductor a temperatura de -272ºC, por ejemplo) desaparece el tiempo.

 

Es evidente que el tiempo depende de la masa de los objetos que se mueven, o de los objetos cerca de los cuales otros se mueven, puesto que el espacio cerca de las masas es distinto del espacio muy lejos de ellas, y por lo tanto también lo es el movimiento.

 

Pero no podemos sustituir las masas por el tiempo, pues la definición del mismo no tiene que ver con ellas.

 

Deriva todo esto de ignorar lo que significa una ecuación. Estas son iconos, expresiones gráficas que indican relaciones entre cosas distintas, y por lo tanto esos entes no pueden ser considerados como iguales. De hacerlo así, perdería la ecuación todo su significado.

 

La segunda ley de Newton (de la cual el resto de la física no es más que un comentario) dice que una fuerza, sobre un cuerpo, le produce una aceleración, y que el coeficiente que da la aceleración es una propiedad del cuerpo que denominamos “masa”. Pero la aceleración no es la fuerza, ni lo es la masa, y la fuerza no es la aceleración.

 

Si así fuera, la ley de Newton sería una tontería, una perogrullada, algo carente de interés. Su importancia se basa en que indica cómo responden los cuerpos a la presencia de otros, como es la interacción entre cuerpos, y la fuerza no es la masa por la aceleración, sino algo que produce aceleración en los cuerpos.

 

Una ecuación, en la física, indica la respuesta de un sistema ante la interacción con otro, y no una mera igualdad.

 

Es necesario ser inmensamente preciso en lo que se piensa, se escribe, se dice.

 

La alternativa es el error.

Clima y cambio climático

He puesto en la sección “Noticias de Clima” un par de ellas sobre los glaciares de la Antártida y la subida del nivel del mar.

Si entráis en http://nsidc.org/arcticseaicenews/ veréis que los hielos del Ártico no se recuperan, que están de nuevo en su nivel más bajo de los últimos 20 años.

Mientras el Ártico no esté frío, el “chorro polar” (the polar jet) no desciende en latitud hasta las latitudes españolas. El “chorro” circula a 11.000 metros de altura y por tanto es lo que coloca aire frío, sobre España, por ejemplo. Mientras no haya aire frío en altura, las nubes no crecen y no condensan y no hay lluvia continua, la que empapa el suelo que rellena los acuíferos.

 

Los ríos y pantanos se nutren realmente de los acuíferos, no de las escorrentías de las grandes riadas. Con acuíferos “secos” (no lo están nunca, pero están en tal situación que no permean agua hacia las cuencas) tenemos sequía garantizada.

 

El clima, como casi toda la naturaleza, y la sociedad humana, es un sistema no lineal. Estos sistemas son aquellos que tienen realimentación positiva: En buen español, “los ricos se hacen más ricos y los pobres, miserables”.

 

La razón es sencilla de entender. Hay un rico que tiene fincas en Asturias y en Hellín. En Hellín hay una sequía que dura un año, otro año, otro … . El primer año el pequeño agricultor todavía aguanta. El segundo año empieza a pasarlo mal, y el tercer año tiene que vender su terreno al rico que se mantiene bien porque llueve en Asturias. El rico empieza a incrementar las hectáreas que tiene en Hellín, y acaba dueño de toda la región.

 

El aumento de temperaturas está deshelando las tundras canadiense y siberiana. Las tundras mojadas sueltan el metano que contienen, que calienta aún más el clima, y la falta de hielo hace que se refleje cada vez menos energía hacia el espacio, y que esa energía se absorba por el suelo, lo que impide una helada intensa en invierno. La tundra sin hielo se va extendiendo hacia el norte en un sistema “rico, más rico; pobre, más pobre”.

 

Esto se puede parar, como se puede desamortizar la riqueza improductiva (Enrique VIII de Inglaterra, Lutero en Alemania, la Revolución Francesa, … ).

 

Tenemos que cambiar de fuentes de energía, y lo podemos hacer: Tenemos todos los recursos en nuestras manos. Incluso tenemos donde almacenar la energía intermitente de celdas fotovoltaicas y de molinos de viento: en las baterías de los coches eléctricos.

 

¿Es “caro” esto? De entrada, toda la energía solar que capturemos es energía que no pagamos a los petroleros, incluidos, claro está, Repsol y Gas Natural. Cuando se dice que “España no puede dejar el petróleo ni el carbón’’ lo que se está diciendo es que los grandes petroleros (carboneros) no quieren dejar de ganar dinero mediante unas inversiones ya totalmente amortizadas, lo mismo que las de las centrales nucleares, amortizadas hace décadas, y que hoy son pura ganancia con un casi nulo empleo.

 

Por cierto, para los que dicen que las energías renovables no las puede subvencionar el Estado, hay que recordar que casi todas las centrales nucleares las pagó el Estado, es decir, las pagamos los españoles, y hoy, ya amortizada la inversión, dan ganancias a tres empresas particulares.

 

Se puede eliminar la energía fósil. También los criadores de caballos decían que no se podían substituir éstos por los coches.

 

Y en cuanto al “gasto”, de nuevo, ¿Qué “gasto” implica la substitución de los combustibles fósiles? Hay que montar fábricas de celdas solares. Sabemos hacerlo y supone pagar sueldos a un buen número de personas que devuelven ese dinero cuando compran las celdas solares y otros productos derivados de las mismas: El gasto neto es cero. Los montadores de paneles solares cobran sueldos que devuelven cuando otras personas compran los paneles solares. Y así hasta el infinito.

 

Gasto de verdad es lo que estamos haciendo ahora: Quemar, destruir la energía solar almacenada en los combustibles fósiles. Esto es gasto irreversible, como lo es, por ejemplo, tirar al fuego un millón de euros sin obtener nada a cambio más que un poco de humo. Y esto lo hacemos todas las horas de nuestros días sin que nadie se fije siquiera en eso.

 

Hoy he tenido un acceso de tos en un restaurante. Cuando se me ha pasado he contado al camarero, que es amigo, que eso deriva de que tengo los pulmones llenos de micro partículas sólidas, producidas por el diésel al quemarse en los motores. Y el hombre se ha quedado de piedra: ¡No sabía que el diésel es uno de los peores contaminantes que tenemos en nuestras ciudades y carreteras, no por los óxidos nitrosos, que también, sino por el azufre y las micro partículas sólidas que acaban en los bronquiolos de nuestros pulmones sin posibilidad alguna de su expulsión o limpieza!

 

En fin … .
Podemos arreglar muchísimas cosas de lo que nos pasa.

 

Pero tenemos que querer hacerlo.

Razón y sinrazón

Ayer me llamaron de Capital Radio para que explicara, se supone a gentes con mentes profesionales, lo que cualquier crío entiende: Que las tecnologías solares son cosa del siglo XXI y que el carbón es del siglo XIX.

 

Estamos metidos en España en un juego sin final entre Cataluña y el resto de los españoles por algo esencialmente infantil: aquel juego de guardería de ver quien micciona mas lejos que otro. Resulta que todo el problema de cuatro gatos en Cataluña es que no sean ellos, o los que les sucederán, miembros del Consejo de Europa, y sí lo es el presidente del Gobierno español. Al pueblo catalán lo que de verdad le debería interesar es tener una economía que diese trabajo con salarios altos a cuantos más catalanes mejor, y no contentarse con migajas pero “ser catalán’’, como lo que prometía Hitler a los alemanes: “Seréis pobres, pero ¡SOIS ALEMANES!”

 

Resulta que lo que quieren esos cuatro gatos, hablar de “tú a tú” al presidente del gobierno de España, degenera en valor cuando deja de haber presidente de gobierno de España y lo que hay es 17 presidentes de gobierno de 17 miniterritorios. Si en el Consejo de la UE se sentasen 280 presidentes de gobierno en vez de 27, la “categoría”

de cada uno de ellos sería la de un oficinista más de Bruselas.

 

Hace años los profesores de las universidades querían ser catedráticos. Ser catedrático tenía “prestigio”. Hoy se ha conseguido y hay catedráticos por decenas de miles. Correspondientemente el sueldo real de un catedrático se ha reducido en el mismo factor en que ha aumentado su número y su categoría social es la misma que la de aquellos profesores antes de serlo.

 

El “prestigio” de un catedrático derivaba de su singularidad. El prestigio de un presidente de Gobierno deriva de su unicidad. Cuando hay 17 no hay prestigio que valga.

 

Todo esto son sistemas dinámicos que cambian sus condiciones de contorno al evolucionar. Puesto que las soluciones de un sistema dinámico dependen de las condiciones de contorno, que deben ser externas a las ecuaciones, las soluciones dejan de representar al sistema al cabo de un tiempo reducido.

 

No es tan difícil reconocer esto. Hasta los críos saben que al cabo de un cierto tiempo los juegos dejan de tener interés y se adaptan a otros.

 

A veces se dice que el ser humano necesita la sinrazón, que hay aspectos “trascendentes” en la vida. Lo que yo he visto es que la razón genera riqueza y bienestar, para un gran número de personas, mientras que la sinrazón genera pobreza, malestar, muerte y desolación. Incluso la búsqueda de lo “trascendental”.

 

No ha habido horrores más grandes en la historia de la humanidad que los del siglo XX generados, respecto a la primera guerra mundial, por las ganas del Kaiser de tener las mismas colonias que los ingleses, algo indiferente, pues todo el mundo reconoce que las colonias costaban a los países más de lo que sacaban de ellas. Y por el ansia de Hitler de dominar a rusos y franceses.

 

Yo conduzco todos los días unos 100 kilómetros, a 100 metros del coche de delante, y todos los días hay quien me pita irritado y me adelanta por la derecha para …. Para colocarse delante de mí y seguir así 20 kilómetros sin alejarse de mí más de 100 metros. ¿Qué ha ganado con adelantar?

 

Actuar razonablemente, utilizando la razón, el pensamiento, es algo que se puede aprender, que se puede ejercitar.

 

Esto mismo ocurre con respecto al clima, y con respecto a la física actual. Las consecuencias del cambio climático son claras y evidentes. Ninguna es buena. Es preciso frenarlo. Y para ello nada mejor que aislar las casas y comprar coches híbridos y eléctricos, y que la generación de energía eléctrica sea 100% renovable.

 

No hay nada, a pesar de los economistas con poder, que diga que esto no es mejor que seguir con casas mal aisladas y generando energía mediante carbón y gas natural.

 

Razón y sinrazón.

 

En la física actual tenemos varios problemas conceptuales. El primero es que se insiste una y otra vez en que la Mecánica Cuántica debe de ser correcta pero que no se debe intentar entenderla: Que hay dominios de la naturaleza que son ininteligibles. ¡Cómo se parece esto al estudio interminable de la biblia por los judíos: ¡Se estudia sin esperanza de comprensión!

 

Pero la ciencia no es esto. La ciencia se desarrolló contra el misticismo, la ciencia afirma que todo puede entenderse, y de hecho es así. Si hay algo que no entendemos es que no lo hemos explicado bien, y que tenemos que hacer un esfuerzo para explicarlo mejor. No es de recibo decir: Tenemos una teoría perfecta, pero ininteligible. Esto mismo ocurre con la Relatividad General, en la cual hay un parámetro cuyo valor caracteriza un universo que se expande indefinidamente o que se expande y se contrae, y no conseguimos acertar con su valor. Adicionalmente la expansión detectada hoy del universo necesita de una masa inmensa que no se puede encontrar de ninguna manera. Parece más razonable volver al punto de partida y tratar de desarrollar otra teoría que explique los hechos observados sin postular material místico. Razón y sinrazón.

 

Y, por último, el modelo estándar de las partículas elementales. En su desarrollo se llega a decir que todas las partículas no son más que oscilaciones de campos inmateriales. Puesto que cada partícula sería una oscilación, localizada y no extensa. Pero unos cuantos zillones de estas oscilaciones doblan los ejes de un camión cargado de piedras. Hay que buscar mejores explicaciones. Razón y sinrazón.

 

La razón nos sacó de la miseria, puesto que la sinrazón afirmaba que “las cosas son así y hay que aceptar la situación”. La razón siempre dijo: ‘’No, podemos cambiarla’’.

 

Hoy estamos peligrosamente camino del olvido de la razón substituyéndola de nuevo por los deseos y las imágenes.

 

Debemos volver a pensar. Y a desarrollar la razón.

Ondas gravitatorias

Hoy aparece en el New York Times un artículo sobre una colisión entre dos estrellas de neutrones que provocó el tercer caso de detección de ondas gravitatorias en el LIGO de los EEUU:

https://www.nytimes.com/2017/10/16/science/ligo-neutron-stars-collision.html?hp&action=click&pgtype=Homepage&clickSource=story-heading&module=second-column-region&region=top-news&WT.nav=top-news

 

Las ondas coincidieron en el tiempo con observaciones ópticas, de radio y de radiación gamma.

 

La idea de las ondas gravitatorias es que el espacio se contrae y se expande en cantidades minúsculas cuando varían las posiciones de cuerpos (evidentemente con masa).

 

Esto no es extraño: El espacio es lo que hay entre las masas y, por su misma definición, sus características dependen de las posiciones de esas masas. Una bola de acero, por ejemplo, se ve atraída hacia el centro de la Tierra. Podemos decir que hay una fuerza gravitatoria que la atrae, o que el espacio alrededor de la Tierra se curva de manera que el movimiento de la bola sigue una trayectoria en el mismo que la lleva en dirección a su centro.

 

En los rieles de un tren, podemos decir que éstos ejercen una fuerza sobre las ruedas que impide que descarrilen, o que las ruedas siguen un camino marcado.

 

En general, las variaciones del espacio causadas por el movimiento suave de planetas, soles, estrellas y galaxias son demasiado pequeñas, y demasiadas todas juntas para permitir la detección.

 

Pero un evento de alto impacto, la colisión entre estrellas, entre agujeros negros, genera un pulso de “alta” intensidad, que sobresale del ruido de fondo.

 

La idea de que el “espacio” no es plano y que la luz, por ejemplo, avanza en trayectorias curvas, sigue pareciendo revolucionaria, y a Einstein le costó 10 años conseguir expresar eso de forma matemática. Pero esto parece extraño, puesto que ya en la superficie de la Tierra los aviones, para ir de Madrid a Los Ángeles, no vuelen sobre Nueva York (una línea recta en un mapa plano) sino que lo hacen pasando por encima de Groenlandia, siguiendo la distancia más corta sobre una esfera. El espacio, cerca de la Tierra, es curvo.

 

Y es curvo en general, siendo solo aproximadamente plano entre galaxias distintas, lo más lejos posible de las masas que lo curvan.

 

No podemos “detectar” el espacio. Pero entre las masas que existen está el campo gravitatorio, lo mismo que entre las cargas eléctricas en movimiento está el campo electromagnético. En cada punto de estos campos hay fuerzas que se detectan mediante otras masas, o mediante otras cargas eléctricas. Si se mueven las masas o las cargas cambian las fuerzas detectadas. Podemos decir que hay ondas de fuerzas, o que hay variaciones de los campos, y en el caso de la gravedad, variaciones del campo gravitatorio, es decir, del espacio entre las masas.

 

Los campos, el espacio, no son algo independiente de los cuerpos, cargados o masivos.

 

Esto, que parece de Perogrullo, fue el inmenso descubrimiento de Einstein en su teoría de la Relatividad General de 1915.

 

El problema con la gravitación, que no tenemos con la electricidad, es que somos sensibles a ella: Si levantamos un brazo, se cae, la piel se va aflojando con la edad, sometida constantemente a la fuerza de la gravedad.

 

Es difícil mirarse a sí mismo. Es mucho más fácil mirar a los demás. Fue muy difícil entender la gravedad: Es algo “nuestro”. Fue mucho más fácil entender la electricidad: Es algo externo.

 

Pero lo hemos hecho.

Incendios y otras catástrofes

En California se han quemado estos días al menos 46.000 Ha o 450 km2, un área de un tamaño un 80% de la ciudad de Madrid. En Portugal llevan 200 incendios esta primera semana de Octubre. Todos sabemos de los huracanes de este otoño en el Caribe. Pocos siguen las catástrofes de los tifones de Asia y de los monzones de la India.

 

¿Son estas catástrofes consecuencia del cambio climático?

 

El argumento básico de los negacionistas, entre otros el Sr. Trump, y su encargado de deshacer todo lo que se había avanzado en los EEUU para tratar de frenarlo, el Sr. Pruitt, es que “siempre ha habido cambio climático”.

 

¿Quién puede saber esto mejor que los que nos dedicamos al estudio del clima?

 

Pero otros cambios climáticos han ocurrido cuando no había civilización sobre la Tierra, o han sido mucho menores, como el óptimo medieval que permitió a los escandinavos salir de “Vikingos” de sus lugares de origen, o la pequeña edad del hielo, que causó revoluciones campesinas en todo el mundo al hacer disminuir las cosechas a lo largo y ancho del globo.

 

El cambio climático actual es mucho más brusco que los anteriores de que tenemos registro, y como dos veces (hasta hoy) más intenso que estos dos últimos que he mencionado. La única explicación para un cambio climático de esta magnitud y en tan corto tiempo es el aumento de los gases poliatómicos en la atmósfera, que retienen la emisión de salida en el rango de los infrarrojos, y consecuentemente aumentan la temperatura del planeta.

 

El aumento de la temperatura del Ártico cambia las trayectorias de los vientos, y es esto lo que denominamos Cambio Climático: llueve en donde no tenía que llover, deja de hacerlo allí donde se esperaba el agua, la atmósfera carga más vapor y por tanto, cuando llueve, lo hace con mayor intensidad.

 

Los incendios son consecuencia de la sequía, una causa natural pero aumentada por el ser humano, y las malas prácticas de las personas. De la misma manera que las inundaciones son hoy más dañinas que hace décadas o siglos, los incendios son mucho más perjudiciales también hoy. La capacidad del agua para causar daño se debe a la deforestación (incluidos los incendios), ya que al eliminar los árboles se eliminan los frenos al agua que cae por las laderas, y al llegar este agua a las zonas pavimentadas el suelo no la puede absorber.

 

Respecto a los incendios, si no se limpia constantemente el sotobosque, éste, al final de verano, es pura yesca, que se incendia por cualquier causa. Si además se permite construir al lado de los bosques (la distancia mínima debería ser de 500 metros, pues las casas se incendian sencillamente por la radiación infrarroja que desprende el incendio) la tragedia está servida.

 

Los argumentos de los negacionistas son, o bien que las vidas humanas no importan, o bien que son el precio a pagar por no se sabe qué libertad de las personas. Que hay que permitir los negocios (el carbón, por ejemplo), que no debe haber zonas protegidas pues las gentes deben poder vivir donde les plazca, y que limpiar los bosques cuesta dinero.

 

Como se puede aceptar sin esfuerzo mental, el dinero que se gana con el carbón se puede ganar mejor con otras actividades, y la realidad es que, aunque queramos, no podemos vivir donde nos apetezca, por ejemplo, en lo alto del Everest, ni podemos conducir unos por la derecha y otros por la izquierda al mismo tiempo, y el dinero que cuesta limpiar los bosques no llega ni al 0.01% del dinero que se pierde cuando estos se queman.

 

La razón verdadera es la que describió Ortega en su “Rebelión de las masas”, hace ya 90 años, y que llevamos arrastrando desde entonces: La exigencia del que no sabe a hacer su santa voluntad. El rechazo a la razón, y la vuelta a la barbarie, entendiendo ésta por rechazo a una vida civilizada y racional.

 

Las catástrofes aumentarán. Lo predijimos unos cuantos, hace ya 30 años, pero como los escritos de Ortega, ante el rechazo de la gran mayoría de las personas.

La situación actual del mundo

Estamos viendo el empoderamiento de los más ignorantes de la sociedad, como ya anunciaba Ortega: Estamos viendo la auténtica “Rebelión de las Masas”.

Hay esta semana (2-8/10/17) un artículo en “The Economist” que indica cómo, con el crecimiento del número de investigadores ha disminuido, no solo relativamente, sino en términos absolutos, la aparición de ideas nuevas, de nuevos descubrimientos.

Todos los años me pide “El Cultural” una lista de los 5 hitos más importantes ocurridos en ese año en la ciencia. Cada año me resulta más difícil señalarlos, encontrar aunque solo sea uno.

Esto es fácilmente comprensible: Para descubrir algo nuevo es preciso pensar mucho, y para ello deben los pensadores pasar mucho tiempo ‘’sin hacer nada’’, nada se entiende no correr frenéticamente de un sitio a otro, no escribir alocadamente artículos para promocionarse, y no justificar sin parar las subvenciones recibidas.

Los temas aceptados para ser investigados son aquellos que presentan el mínimo riesgo de fracaso, es decir, temas marginales que no suponen ninguna innovación. A mí me rechazaron los dos últimos proyectos que presenté, con el mismo argumento: “Los resultados que usted propone conseguir no están garantizados”. Tras estos dos mensajes, dejé, evidentemente, de plantear proyectos oficiales, y ahora investigo yo solo por mi cuenta.

Esto, que es algo de un pequeño rincón del mundo, la investigación científica, es una muestra de la situación general de este mismo mundo, al menos en nuestra esfera de atención, lo que se da en llamar ‘’el oeste’’.

Esto que pasa en la investigación es un síntoma, como digo, de muchos problemas actuales de todo el mundo. Los problemas se llaman, paradójicamente, éxito. Pongamos otro ejemplo de España: En la transición se pensó que todos los españoles deberían poder obtener un título de licenciado universitario. Se montaron universidades nuevas hasta llegar al número de 80. Sus profesores pensaron que debían llegar todos a catedráticos y el número de estos no ha hecho sino aumentar de manera continuada.

Ahora bien, un catedrático tiene alguna importancia si hay pocos. Si hay muchísimos no hay distinción alguna. Se mantiene la denominación, pero no la imagen que esa denominación despierta en la mente. Con respecto a los alumnos, si todos los españoles son licenciados, ser licenciado carece de valor.

Entre 1950 y, digamos, 2010, se “garantizaba” a todas las personas que podrían no solo vivir bien sino, sobre todo, prosperar. Ahora bien, prosperar, por ejemplo, en una fábrica quiere decir llegar a capataz, a jefe de sección, a jefe de servicio. Y si todos llegan a jefe de servicio, ya no hay ninguno que lo sea, realmente.

Se buscaron máquinas para aumentar la productividad de cada persona. Las máquinas se hicieron tan eficientes que dejaron de necesitar a las personas. El éxito produce fracaso.

En las ciencias los sistemas se caracterizan mediante ecuaciones llamadas diferenciales. Para encontrar la solución de éstas, se precisan condiciones de contorno, que se suponen constantes.

La evolución de nuestras sociedades ha generado cambios constantes en las condiciones de contorno, de manera que las ecuaciones no tienen solución. Los gestores se empeñan en mantener las antiguas ecuaciones con aquellas condiciones hoy ya obsoletas. Las gentes se revuelven, y no ven solución a sus problemas. Y sobre todo no entienden cómo esos gestores que prometieron tanto, no reconocen que ya no saben cómo arreglar aquellos problemas.

Las magníficas ecuaciones y sus maravillosas soluciones ya no describen el mundo que esas soluciones han creado. Pero su éxito era tal, que los que manejan las ecuaciones no aceptan que tengan que cambiarlas.

Nos está pasando esto mismo con la cosmología, con los modelos de partículas: Se han ajustado tan bien a los datos medidos, que los físicos se resisten a aceptar que son erróneos. Pero hoy se plantea la existencia de una materia obscura que no existe; y los neutrinos, en contra de la teoría, tienen masa.

Hay que cambiar las ecuaciones, pero la resistencia es brutal, y los científicos, que tienen que presentar un informe trimestral de lo que hacen, no tienen tiempo de hacerlo, y si piden tranquilidad para pensar, se les rechaza.

En los EEUU el nuevo sistema de producción y distribución ha dejado a millones de personas fuera de la carrera por aumentar su prosperidad. Cuando están apoyando los gritos de Trump, están pidiendo que el mundo se ajuste a unas ecuaciones cuyas soluciones lo han cambiado, de manera que ya no lo representan. En vez de buscar, como otros, el prosperar en el mundo nuevo, se empeñan en querer mantener las antiguas ecuaciones. Y si no puede ser, destrozar el nuevo mundo, las nuevas condiciones de contorno. Las masas se rebelan y su única propuesta es destrozar.

La solución pasa por aceptar que con el inmenso éxito del método de trabajo que nos ha traído hasta aquí, tenemos que rechazar una parte del mismo y aceptar la búsqueda de nuevas ecuaciones.

En el lenguaje de la física, rechazar la Relatividad General y el Modelo Estándar y volver, humildemente, a empezar, con los nuevos datos.

Los griegos lo sabían muy bien: El mayor pecado, el mayor problema de los humanos, es la hýbris. Necesitamos -humildad-.

El Big Bang

El ser humano desarrolló su pensamiento en la tribu. Y si bien lo vemos, en tribus más o menos carroñeras que se movían en las sabanas africanas. Estas tribus, como cualquier persona que haya visto un documental, o haya empleado algunos minutos de su tiempo en un zoo, dependen, para su supervivencia, de la existencia de un jefe. La misión principal del jefe es asumir responsabilidades, es decir, ser capaz de dar respuesta a los problemas de la tribu.

 

Ahora bien, la responsabilidad es molesta, pero los beneficios de la jefatura en términos de comida y hembras, son grandes. Es mucho mejor que las decisiones las asuma alguien -esencialmente- irresponsable, es decir, a quien es imposible exigir responsabilidad, y el jefe pasar a ser un transmisor de órdenes, pero órdenes que deben ser obedecidas so pena de torturas y muerte. El jefe asume el control total, pero rechaza cualquier responsabilidad.

 

Si hay alguien irresponsable fuera del Universo, fuera de las leyes universales, entonces forzosamente el Universo ha tenido que ser creado, es decir, el universo tiene que ser finito en el espacio y en el tiempo y por lo tanto debe haber habido una creación, bien directa, bien por medio de “leyes”.

 

Pero la idea de alguien absolutamente irresponsable es una construcción de los “jefes” para acceder ellos mismos a la irresponsabilidad. Si no hay entes externos al Universo, éste no tiene por qué haber tenido un origen y quién sabe si un final.

 

En la idea de que el Universo ha sido creado, aparece alrededor de 1930 la noción de un comienzo del Universo en un punto espacial, con una enorme energía cinética de sus componentes. Hay físicos que hablan de una fluctuación de la nada como el origen de esas masas con enorme energía (pero nunca mayor que el producto de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado) : El Big-Bang.

 

Yo puedo hablar de los centauros, los minotauros y las sirenas. Hablar no cuesta. ¿Qué es una fluctuación de la nada? Es el equivalente de la magia. “Nada por aquí, nada por allí, y ¡¡un conejo”.

 

Debe de haber en este momento en el mercado un par de miles de libros y muchísimos más artículos describiendo con pelos y señales, en unidades de 0.00..(27 ceros) 01 segundos lo que pasó una vez que apareció esa fluctuación de la nada con toda la energía actual del Universo.

 

Ya en 1230. Grosseteste, en Inglaterra propuso el método de la ciencia: Observación, propuesta de hipótesis, desarrollo, verificación, y posiblemente, falsación. No se le hizo el menor caso y no hubo ciencia durante 370 años. En 1600 Galileo volvió a proponer el método científico, y esta vez, por motivos que ya veremos, una parte de la comunidad de seres pensantes aceptó el desafío. La ciencia es esencialmente verificación en el laboratorio o en la naturaleza de las conclusiones de las hipótesis emitidas. Verificación por personas independientes y repetida muchas veces.

 

Los casos aislados, los casos repetidos pero imposibles de verificar, los casos verificados por los mismos que proponen los resultados de las hipótesis, no forman parte de la ciencia, aunque, ¿cómo no? Pueden ser enunciados como puede ser enunciada la existencia de leones voladores.

 

La corrección de los desarrollos matemáticos no es garantía de ciencia, ni de exactitud. Ya Gödel demostró que todo el inmenso edificio matemático es una descripción de cómo funciona la lógica desarrollada hasta las últimas consecuencias, pero no es más cierto que los axiomas en los que se basa, y los axiomas no pueden ser probados desde dentro de esa misma matemática.

 

En el pensar humano tenemos, pues, afirmaciones gratuitas: “Hay sirenas”, resultados probados: Las piedras caen en la superficie de la tierra con aceleración de 9.8 más/menos 0.04 metros por segundo en cada segundo, o la luz avanza en el aire a  299.792.458 metros por segundo, y afirmaciones que no se pueden comprobar, bien porque los fenómenos han sido únicos y no se pueden repetir, bien porque si ocurrieron, solo los ha medido siempre una única persona o el mismo equipo de personas, y una única vez.

 

La única “prueba” del Big Bang es que el universo que observamos está en expansión. Pero no sabemos, y no lo podemos saber, porque no lo podemos verificar, si estará en expansión en el futuro. El Big Bang es un fenómeno único, que no ha sido ni siquiera observado. Se ha deducido, pero no podemos afirmar la validez de las hipótesis en las que se basa la deducción, porque no las podemos verificar.

 

El bosón de Higgs no ha sido “visto” de manera rutinaria y repetida en laboratorios independientes, ni siquiera en el mismo laboratorio, habiendo pasado ya 5 años de la primera “visualización”. Y no hay más que un único laboratorio que lo intenta encontrar y es el mismo que lo tiene que verificar.

 

El martes día 3 de Octubre dieron el Premio Nobel a los que detectaron las ondas gravitacionales. Se ha detectado un solo episodio, y solo por un único laboratorio.

 

He estado leyendo un libro que dedica 300 páginas a “probar” que la ciencia fue posible gracias a la religión cristiana. No voy a entrar a debatir esto, pero lo que es evidente y no tiene debate posible es que el método de la ciencia y el de la religión son incompatibles, pues en este último se exige aceptar las hipótesis sin verificación posible.

 

Hay físicos que quieren volver a los cánones de la Universidad de Salamanca en el siglo XV. Afirman sin pudor que es preciso aceptar los resultados válidos de la solución de ecuaciones aunque no haya posibilidad alguna de verificar los puntos de partida de éstas y las soluciones obtenidas.

 

Estamos volviendo peligrosamente a la mística.

 

La sociedad humana ha avanzado en 400 años lo que no avanzó en 400.000. La tecnología en desarrollo constante fue posible no directamente a partir de la ciencia, evidentemente, pero sí solo porque la ciencia había abierto a los seres humanos la libertad de pensamiento bloqueada durante miles de años por la idea de que no se podía rechazar lo afirmado por alguien hablando en nombre de un ser irresponsable.

 

En China se creó tecnología, pero fueron siempre casos aislados, porque la religión china no aceptaba la innovación: Solo se podían hacer las cosas que ya se habían hecho.

 

Periódicamente pasamos por ataques de bilis en forma de pensamientos fijos. En la Alemania de Hitler no se podía estudiar la ciencia “judía” y las cosas eran como decía el Führer y basta. En estos últimos 400 años hemos tenido periódicamente ataques de este tipo, y los estamos sufriendo es estos mismos momentos, en Inglaterra, los EEUU y aún aquí, cuando es obligatorio rechazar la razón, porque las cosas “ Son así, y el problema es que usted no me entiende”.

 

La razón nos ha dado una vida inimaginablemente más rica, material e intelectualmente, que los mandatos del ser irresponsable. Es más fácil seguir estos, pues la ciencia exige esfuerzo y esos mandatos vienen dados. Pero el mismo nombre lo indica todo: mandatos no criticables, es decir, esclavitud. Hasta hay grupos que personas que se autodenominan “Esclavos de…”.

 

Es bueno asumir la libertad, aunque sea trabajosa.

 

 

El desarrollo mortal de las sociedades y la economía

Las sociedades fracasan en escalas de siglos, y las economías hacen crash de manera casi regular con escalas de décadas.

 

La realidad vital, de la que deriva la evolución en el tiempo de sociedades y sus economías es una función no lineal, complicada y compleja, pero no lineal. Una tal función es aquella en la que 2+2 no es igual a 4. Por ejemplo (2+2) elevado al cuadrado nos da 16, que no es ni siquiera la suma de 2 al cuadrado más 2 al cuadrado. Lo mismo ocurre si la función es una raíz cuadrada o cualquiera de las innumerables funciones que son no lineales. En estas, y solo en estas, son 2+2=4.

 

Las sociedades, y sus economías crecen genéticamente como las bacterias, siempre que no actúe la razón. Un plato con una bacteria, alimentado con energía suficiente, crece hasta que las bacterias llenan todo el plato y mueren por asfixia.

 

Cuando yo vivía en Murcia se desarrolló la ingente obra de ingeniería del trasvase, cuyo canal, por casualidad, pasaba por delante de la casa de mis abuelos en Hellín. La idea era que la ‘’huerta de Murcia’’ daba al agua un rendimiento 10 veces superior al rendimiento que se podía obtener en La Mancha y en Extremadura.

 

Perfecto: Se comenzó a regar la huerta murciana y había agua para ambas regiones. Los sistemas sociales y económicos (distintos) vieron que el riego funcionaba. Se insistió en él. La cantidad de agua trasvasada y de tierra regada empezó a crecer exponencialmente (una función tremendamente no lineal). Se pusieron en regadío 60.000 hectáreas adicionales y el trasvase empezó a colapsar. Los pantanos que alimentan el trasvase, Entrepeñas y Buendía, llevan años al 30% de su capacidad nominal, que realmente es un 15% pues los fondos están ya sedimentados.

 

Ahora ya no hay agua ni para La Mancha ni para Murcia. El crecimiento sin control ha roto, o está a punto de romper, el sistema

 

Este es el mismo desarrollo para todas las sociedades de que tenemos noticia. Egipto: Las primeras 4 dinastías fueron lo suficientemente ricas para hacer las pirámides. Después de eso, la riqueza del Nilo tenía que repartirse entre cada vez más gente. Cada egipcio se fue haciendo cada vez más pobre, y lo mismo los faraones, que no podían extraer de su población lo que extraían antes. Dejaron de construir pirámides.

 

La historia se repitió una y otra vez.

 

Lo mismo pasó en las ciudades estado de Mesopotamia: Crecían con el agua del Tigris y el Éufrates, hasta que llegaban al desierto. Entonces colapsaban. Surgían otras: Ur, Babilonia, Assur, llegaron los persas, e iban cayendo una detrás de otra al agotar los recursos disponibles para cada ciudadano.

 

En Israel, por ejemplo, la población creció, se dispersó, pero no se integró en las zonas de diáspora, en las que sin embargo controlaban finanzas y otros negocios. La población griega reaccionó, y se produjeron las dos rebeliones en Israel que acabaron con Jerusalén y la vida de los judíos en aquellas tierras.

 

Roma basó su desarrollo en el robo sistemático de los pueblos que la rodeaban. Fracasó finalmente cuando con la tecnología disponible ya no podían llegar más lejos: Fracasó en el Éufrates, en Rumanía. El imperio fué decayendo y las ‘’invasiones’’ de los bárbaros no fueron más que succión de una sociedad debilitada, que llamaba a esos ‘’bárbaros’’ en su ayuda, como legionarios, administradores y finalmente reyes.

 

A los árabes les pasó lo mismo: Sus sociedades decayeron de éxito. Llegó un momento en el que no pudieron crecer más y entonces decrecieron. La historia de China, que ellos muestran orgullosos como una única dinastía larguísima, es una secuencia inacabable de ascensos y caídas, una y otra vez.

 

Si nos acercamos a nuestra época reciente, tenemos el sistema en diente de sierra de la economía de cada país, y de la economía global. El mejor ejemplo es el de las ‘’burbujas inmobiliarias’’. Estas consisten en enterrar riqueza productiva (energía que genera más energía), en elementos pasivos que no solo no la generan, sino que demandan cada vez más. El resultado es un crash, hasta que se vuelve a repetir el proceso, con bienes inmobiliarios, o con cualquier otro tipo de bienes: En vez de mantener un equilibrio (concepto en el que está basada toda la teoría económica pero que no existe) las sociedades recorren sendas de acumulación y fracaso una y otra vez.

 

Y sin embargo … . Sin embargo, esto se puede controlar si se reconoce la realidad no lineal del sistema ‘’emocional’’ o genético, y se regula mediante el sistema racional.

En Egipto y Mesopotamia se trataba de mantener a raya el aumento de población, y no se hizo.

 

Roma podía haber cambiado su esquema económico basado en el robo sistemático utilizando las riquezas conseguidas mediante el mismo por el desarrollo de un esquema productivo. No lo hizo cuando podía (antes del 200 de la Era Común). Luego fué ya demasiado tarde.

 

En Europa desde 1300 hasta 1945: Se acumulaba riqueza en manos muertas, y periódicamente había que hacer una revolución para liberar ese potencial. Las cosas “van bien”. ¿Por qué se va a cambiar el método?

 

El ejemplo más palpable, y horroroso, fué Prusia desde el rey sargento hasta Hitler: La sociedad disciplinada crecía a base de conquistas en sus márgenes, como Roma, hasta que colapsaba. Se volvía a insistir, y nuevo colapso. Solo una derrota brutal, total, radical, pudo cambiar una visión del mundo, el insistir en lo que antes ha tenido algún éxito. Hoy hay algunos, pocos de momento, que quieren repetir el fracaso.

 

Esto mismo ocurre en las relaciones humanas. En el aparejamiento real, es decir, la vida en común, la pasión dura alrededor de un año y medio (pura enmpiria). Muchas parejas insisten en hacer lo mismo que les llevó al éxito inicial. Lo que hay que hacer es cambiar de táctica.

 

Las sociedades comerciales, industriales necesitan dejar de aplicar al cabo de unos años los principios que las llevaron al éxito. El problema es el mismo que el de las sociedades humanas: Cuando se exagera el éxito, se llega al fracaso salvo que antes se consiga cambiar de rumbo mientras hay recursos y tiempo. Los dos mejores ejemplos son General Electric y Dupont de Nemours.

 

Hasta las sociedades pequeñas acaban en un colapso. Piden y se les da. Piden y se les da. Al final ya no pueden pedir más: Lo tienen todo. Y colapsan porque no tienen otra estrategia distinta de la pedir, han olvidado producir en un mundo competitivo.

 

La solución es evidente.

Cambio climático y problemas biológicos

Hoy he estado hablando con un profesor de Farmacia sobre los impactos del cambio climático sobre la salud humana.

 

Lo podemos entender de manera sencilla: todos los seres vivos lo somos porque cada célula de nuestros cuerpos está forzada a duplicarse: Eso es el software, la “app” del ADN, una cadena de azúcares que codifica su propia duplicación.

 

Para duplicarse necesita energía, y energía de ciertos tipos concretos. Por ejemplo, los virus que entran en nuestros cuerpos lo hacen para conseguir una energía ya procesada y fácil de adquirir. Nuestros cuerpos se resisten y diseñan destructores de virus. Pero estos mutan muy deprisa mientras que nosotros lo hacemos muy despacio. Son acciones masivas frente a defensas muy específicas. La competición dura millones de años, y de momento el resultado son tablas.

 

Hemos podido controlar algunos virus (el que les da nombre, el de la viruela), parece que vamos a controlar la hepatitis, pero la vida sigue mutando y tendremos otros desafíos en cada momento del futuro de la especie humana.

 

Uno de estos desafíos lo presenta el cambio climático. Sobrevivimos muy bien en el clima al que nos hemos adaptado, el del antropoceno, y hemos prosperado de manera exponencial en este periodo interglacial: Hemos podido poner barreras a los que quieren nuestra energía al haber cambiado nuestras defensas de acuerdo con los atacantes.

 

Pero estos tienen unas propiedades adecuadas a ciertos climas. Los europeos tuvieron que importar esclavos africanos a las plantaciones de azúcar, tabaco y algodón tropicales, y a las minas de Bolivia, porque los trabajadores “blancos” morían como chinches en los marjales de las islas caribeñas.

 

El cambio climático es como llamamos a los cambios de temperatura y humedad de las zonas del planeta. Unas formas de vida que mantenemos a raya en nuestros cuerpos, gracias a una adaptación de miles de años, están mutando muy deprisa hacia otras formas de vida, contra las cuales nuestras defensas se desarrollan muy despacio.

 

Un ejemplo que no son virus ni bacterias: Hace unos 10 o 12 años se produjo una plaga de topillos de campo en Castilla la Vieja. La razón era evidente: en aquel año las temperaturas invernales habían sido muy altas y la reproducción de esas especies empezó en enero, en vez de hacerlo en marzo. Puesto que estos animales crecen de manera exponencial, dos generaciones adicionales suponen millones de individuos en el verano. Si, además, porque se comen las gallinas, las gentes de los campos matan a las alimañas, los roedores crecen casi sin límite: Una plaga.

 

Esto mismo ocurre con los hongos, con los mosquitos, con las moscas negras, las avispas asesinas, etc., etc. Y, claro está, con nuevos virus y bacterias adaptados a climas ni más cálidos ni más fríos: A climas cambiantes, a inviernos cortos, a veranos largos, a más lluvia, por ejemplo, en los Andes, a más sequía, por ejemplo, en España.

 

Y tenemos la tecnología en la mano, y no es cara hoy, para frenar ese cambio climático.

 

Un ejemplo lo he puesto en la sección: Inicio. Es un reportaje sobre energías de “la 2”.