+/- 10ºC: Nos torramos, nos helamos, y cada vez más fuerte con este Cambio Climático

Nos preguntamos todos los días por el tiempo que va a hacer, calores y fríos, lluvias y sequías, inundaciones y quizás tornados. Nos quejamos cuando a primeros de junio las temperaturas son de 38 grados en Madrid, 40 en Andalucía, y nos quejamos cuando bajan de golpe a 20 grados, de un día para otro, como en estas dos últimas semanas.

 

Este año se han destruido miles de hectáreas de cultivos en Cuenca, a finales de mayo, por el pedrisco, y se han arruinado miles de hectáreas de cereal en el sur de Castilla La Mancha, y en Extremadura, porque no ha llovido por allí en ese mes.

 

En las grandes llanuras de los Estados Unidos los tornados han aumentado su frecuencia e intensidad, y matan cada vez a más gente, y los afluentes del Mississippi generan cada vez más inundaciones.

 

Los grandes incendios son cosa de todos los años en California y Australia y los tifones destrozan con frecuencia las Filipinas y las costas de China.

 

La extensión del hielo ártico es cada vez menor de año en año, como vemos en esta gráfica del Centro de Datos Nacional de la Nieve y el Hielo, de los EEUU:

En los últimos 40 años ha disminuido el hielo ártico en un 3.5% por década.

 

Todo esto ha ocurrido en el pasado, y la historia está llena de estos fenómenos meteorológicos.

 

Lo que estamos viendo ahora, sin embargo, es un aumento de su frecuencia y sus intensidades. Y lo que nos importa no es la historia, salvo para aprender de ella, sino nuestras vidas y nuestra civilización actual.

 

Curiosamente, la concentración de CO2 en la atmósfera empezó a aumentar algo antes de lo que lo ha hecho la temperatura global media del planeta:

(gráficos de la concentración de CO2 en la atmósfera de la Tierra, del Instituto Scripps de Oceanografía, La Jolla, California) y hoy esa concentración es 1.4 veces la del máximo de las distintas glaciaciones de los últimos 800.000 años, y el aumento ha sido inmensamente más rápido. En 200 años hemos superado con creces las oscilaciones propias del planeta que lo llenaron y vaciaron de hielo 8 veces en 800.000 años.

 

No queda la menor duda, entre los científicos y los ciudadanos de la Tierra, de que esta subida acelerada ha sido causada por la quema de combustibles fósiles. Solo quedan las resistencias ofrecidas por las grandes empresas de petróleo y gas. ¿Por qué será?

 

El CO2, una vez inyectado a la atmósfera, y una vez que una parte del mismo se ha capturado por el océano, permanece en aquella unos 150 años. Puesto que ese CO2 está causando, entre otras cosas, la disminución de hielo ártico, y con ella, la subida de la temperatura del Polo Norte, y como consecuencia de esto, los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos que he citado, una parte de un Cambio Climático la hemos producido ya y está aquí para quedarse, al menos a lo largo de nuestras vidas y las de nuestros hijos y nietos.

 

Se trataría de que ese cambio no aumentase. Se trata de que sobreviva nuestra civilización.

 

Para ello es preciso cambiar la forma de capturar energía y, sobre todo, de utilizarla.

La ley de los rendimientos decrecientes

En nuestras culturas “modernas” cada persona quiere mejorar su status de manera constante. En otras épocas de la historia una gran mayoría de personas aceptaba su posición en la vida.

 

La actitud “moderna” es espléndida. Pero tiene una pequeña “cucaracha” (bug en inglés, algo que destroza el programa).

 

Hace 50 años uno miraba a su alrededor y veía que los médicos, los ingenieros, y algunos abogados, ganaban muchísimo dinero. “Yo quiero ser médico”, decían muchos jóvenes.

 

La presión de todos ellos, y sus familias, llevó, al menos en España y en otros muchos países, a llegar a tener 60 facultades de medicina. A que el MIR lo pasasen miles de candidatos.

 

Claro, los médicos, aunque ganan buen dinero, ya no pueden tener, como Marañón, un palacete en Castellana con José Abascal.

 

Las revistas científicas (miles de ellas) están inundadas de artículos, mejores o peores, pero miles de ellos anualmente. No representan innovación, o nuevos descubrimientos, sino pequeños detalles adicionales a lo que ya se conoce. Pero para mejorar su situación los académicos deben, no descubrir nuevas cosas, sino publicar y publicar sin parar. Un artículo al mes no puede, de ninguna manera, representar un nuevo descubrimiento, pues para esto se necesita haber pensado y meditado mucho.

 

Pero la demanda es imparable, y quien no publica más que los demás queda en la cuneta.

 

Ahora, al haber tantos académicos, su reconocimiento social baja de manera sistemática. “Uno más…”

 

Los “chalecos amarillos” en Francia se quejan de las “élites”. ¿Qué quieren? Por lo que dicen, que desaparezcan, y tener ellos lo que tenían aquellas.

 

En España, la enseñanza y las pruebas de acceso tienden (salvo el esfuerzo de algunos profesores) a igualar a todos por abajo: “Las élites son malas, y las diferencias de notas crean frustración”.

 

Pero, ¿para que estudiar si todos van a sacar las mismas notas, y por lo tanto va a haber cada año un millón de graduados? Lo que cada uno de ellos puede conseguir, si todos tienen la misma calificación, es el mismo trabajo, para lo cual no se precisa pasar 15 años de exámenes constantes.

 

El daño no es para “la sociedad”, que también. El daño es para cada persona.

 

Se quiere que cada uno “mejore”, pero al forzar esa mejora, no mejora ninguno.

 

El problema es básico, esencial: Mejorar es ser mejor que los demás, y esto no puede ocurrir en todas las personas, por definición.

 

Ser rico es ser másrico que los demás. Si todos somos iguales, no hay nadie rico. Es decir, todos pobres.

 

De nuevo, el problema no es para la sociedad.

 

El problema es para cada persona.

El mérito y la vulgaridad

Hace unos días estuve en una boda. Éramos alrededor de 150 personas, incluyendo, ¿cómo no? a los novios, ella y él.

La idea de las bodas es certificar ante una serie de instituciones y personas un compromiso por parte de los cónyuges. Vivir juntos es inmediato. El compromiso ante testigos es algo más difícil y exigente.

Para la ceremonia del compromiso no se precisa más que los testigos y la institución ante la que se realiza, ya sea la notaría, el juzgado, o la iglesia. Testigos puede haber desde uno a millones, el número es indiferente.

En realidad lo único que importa es ese comprometerse de las parejas.

Pues bien, en las bodas actuales la parte del compromiso es la menos importante. Por lo que he visto en esta que comento y en otra que tuvo lugar hace unos 4 o 5 años, parece que lo que de verdad importa es la  actuación de un cierto número de los invitados (testigos realmente) que saltan al escenario a cantar, hacer música o contar una serie de historias.

Para el resto de los testigos lo que cuentan estas personas carece de interés, dejando de lado que lo que cuentan o hacen lo suelen hacer bastante mal. Pero, eso sí: La ceremonia se extiende, inmisericorde, a lo largo de la noche.

De repente, sin que tuviésemos aviso de ello (salvo las ideas expuestas en “La rebelión de las masas” de Ortega) nadie quiere ser deuteragonista, todos quieren ser protagonistas en historias que no les corresponden.

Esto ha sido, no causado, pero sí potenciado, por el desarrollo del sistema de comunicación electrónica de que disponemos:

Hoy todos quieren ser fotógrafos con sus teléfonos móviles, y las personas se envían unas a otras fotos y vídeos realmente mal hechos.

Hoy todos quieren ser literatos, y por las redes sociales corren, no ríos de tinta, pero sí torrentes de bits, con información carente en absoluto de interés.

Hoy una considerable mayoría quiere estar en el centro del interés de los demás, cuando por definición en ese centro solo cabe una persona.

Un ejemplo aparece en los colectivos  LGT…. (pongan el resto de las letras del alfabeto) que, aparte de vetar a otros como antes otros les vetaban, exigen que el resto de la sociedad se interese por ellos.

Yo ya casi no voy al teatro ni a la ópera. Si quiero ver una obra de Sófocles, de Shakespeare, de Calderón, de Zorrilla, escuchar una ópera de Wagner, de Rossini, me encuentro con un engendro de segunda o tercera calidad pergeñado por el director en cuestión de una de esas obras, alguien que, evidentemente, no es un creador como aquellos.

Una buena cantidad de personas reclaman la atención de los demás, sin otro argumento más que el de que ellos existen y están ahí.

Pongamos la televisión y busquemos algún documental de la Antártida, del lago Nakuru en África, y fijémonos en las decenas de miles de pingüinos, en los dos millones de flamencos, todos chillando, todos lanzando sus sonidos. ¿Tiene sentido que les dediquemos nuestra atención?

Somos hoy muchos más que los pingüinos, que las gaviotas, que los ejemplares de muchas especies animales (aunque, evidentemente, menos que las bacterias que llevamos simbióticamente en nuestros cuerpos) que habitan con nosotros la Tierra. Pero todos los humanos reclaman atención, una atención que es, forzosamente, limitada.

Mucho mejor dedicar esa atención a quienes lo merezcan, por la calidad de sus escritos, la belleza de sus fotos, el interés de sus vídeos.

Y en las bodas, ser testigos mudos del matrimonio, salvo un “¡Vivan los novios!” y compartir un ligero ágape, es más que de sobra para la ocasión.

La ciencia, la lingüística y el marketing

La ciencia siempre ha funcionado con marketing. Galileo publicitaba sus descubrimientos en la corte de los Medici. Pope escribió una elegía desmesurada de Newton. La publicación en los periódicos ingleses de la desviación de la luz medida por Eddington en un eclipse de sol lanzó a la fama a Einstein.

Me acaba de aparecer en el móvil una elegía de un artículo publicado por tres autores rusos en Nature. Esta elegía se titula “Físicos han invertido el tiempo en la escala más pequeña usando una computadora cuántica”.

Ahora, cuando uno busca el artículo original, y lo estudia, lo que aparece es que, con un error de un 30%, estos tres físicos han conseguido que un estado original de un sistema de tres electrones acoplados, que se han dejado evolucionar mediante un pequeño campo eléctrico, se reproduzca al cabo de tiempo, de un tiempo que ha corrido solo hacia adelante.

Es como si dijésemos que hemos conseguido que un coche que se movía de Madrid a Zaragoza, haya vuelto a Madrid, y se haya quedado parado en la misma posición de salida con velocidad igual a cero.

Y mientras el coche volvía, el resto de las cosas, coches, personas, ríos, rocas, se movían en una única dirección: El coche no ha vuelto atrás “en el tiempo”: Ha vuelto atrás mientras el tiempo ha seguido su camino hacia adelante.

Mientras el tiempo seguía hacia adelante, los qubits (combinaciones de spines de unos electrones concretos dentro del ordenador cuántico de IBM, el cual no se sabe cómo funciona) evolucionaban de una situación original (caracterizada por una cierta función de probabilidad) a otra y luego volvían a la primera, como digo, con un error del 30%.

Si esto es evolucionar hacia atrás en el tiempo, a las doce del mediodía es noche cerrada.

La vuelta a la situación inicial es lo que hace cualquier sistema mecánico o electrónico, cuando se lo deja en la situación en la que estaba algún tiempo anterior.

Estamos, como en muchos otros casos hoy, en un problema de lingüística. En Cuba, Venezuela, en Corea del Norte, hay familias gobernantes que ejercen un control estalinista desde hace décadas, pero cuando hablan siempre dicen que están defendiendo una “revolución” en nombre del “pueblo”.

Para el buen marketing es indispensable una fraseología adecuada: Las casas son siempre maravillosas, si se compran, uno tendrá decenas de amigos de calidad y vivirá en la gloria del cielo. ¡Hasta los Chupa-Chups y los chicles darán una felicidad inabordable a quien los chupetee!

El Brexit va a hacer rica a toda Inglaterra, y con él las enfermedades se curarán en un día. Eligiendo a Trump los campesinos del Oeste Medio vivirán como los ricos de Nueva York.

Y lo asombroso es que la palabra gana a la realidad.

¿Cómo puede ser esto?

La nueva casa es buena, pero de los vecinos los hay gruñones, ruidosos y misóginos. Los Chupa-Chups son la misma azúcar con substancias químicas que le dan cierto sabor como a cualquier otro caramelo, los detergentes limpian todos igual, y las empresas de telefonía ofrecen todas los mismos servicios al mismo precio.

La lengua, el habla, la palabra, es como el olfato en las hormigas y en los perros: La aceptamos sin cuestionarla. La hemos desarrollado como herramienta de supervivencia, lo mismo que las hormigas y los perros han desarrollado la capacidad de oler.  Una hormiga, un perro, seguirán un rastro falso sin pararse a mirar a su alrededor para ver si les lleva, por ejemplo, a un precipicio.

Hemos desarrollado la palabra como una herramienta de supervivencia, y no la cuestionamos como no cuestiona una hormiga su olfato.

El ser humano ha desarrollado la capacidad de crítica. El científico se ha debido educar en cuestionar todo lo que lee, todo lo que estudia, todo lo que hace.

Pero parece que se desprecia esa capacidad, que se trabaja en ciencia como si en literatura se hiciera. El artículo que he mencionado cita otros 35, como aval científico.

Un célebre artículo de Einstein, con Podolsky y Rosen, sobre la corrección de la Mecánica Cuántica, no tiene ninguna cita. Su corrección, o su error, está en él mismo, no en lo que escriban otros.

Aunque el artículo que comento no se refiere realmente al viaje hacia atrás en el tiempo, su título: “La flecha del tiempo y su inversión …” llama la atención lingüísticamente, y despierta sueños humanos:

Si pudiésemos volver atrás, no haríamos quizás lo que hicimos y nos llevó a la bancarrota, una situación, por ejemplo, haber estudiado o no hacerlo, …, que solo conocemos a posteriori.

La ciencia es bella, es muy bella, pues trata de descubrir la realidad, la verdad.

Está degenerando porque se la considera una más de las actividades humanas, igual por ejemplo, a las curaciones mediante “pases magnéticos”, y algo que hay que vender, en pie de igualdad con el resto de aquellas. Es algo similar a la idea de que todos los alumnos tienen que aprobar, porque todos son iguales.

Deriva esto, evidentemente, de una perversión de la idea de “democracia”, el gobierno o poder del pueblo. Siendo esto correcto, la democracia se refiere al poder, no a la capacidad intelectual de cada persona o grupo social.

Claro, una vez que se pervierte el significado de la palabra, todo es posible. Así, en esa nueva “democracia”, todos deben poder entender las ecuaciones de la Electrodinámica Cuántica, y si no es así, cualquier cosa que se le ocurra a cualquier persona debe considerarse con el mismo valor científico que aquella.

Volviendo al artículo que comento, no hay una inversión de la flecha del tiempo, y por desgracia, los ordenadores cuánticos, en los que está basado, son de momento, una entelequia.

Eso sí, una entelequia que vende muy bien.

Febrero como mayo, abril como febrero

Observemos la situación del hielo en el Polo Norte en estos días:

y a continuación, el hielo en los últimos años en estas fechas:

 

El Polo Norte está muy caliente (relativamente a su latitud). En la atmósfera, con la rotación de la Tierra, los vientos se aceleran en altura con una aceleración causada por la diferencia de temperaturas entre el Ecuador y el Polo, en la dirección Oeste-Este.

Nuestras emisiones de CO2, y sus consecuencias, como el deshielo de las tundras siberiana y canadiense y la emisión del metano almacenado en las mismas, están calentando, de momento al Polo Norte; más tarde harán lo mismo con el Polo Sur.

El calentamiento del Polo Norte desvía el punto de máximo gradiente de temperaturas del norte de España hacia Inglaterra y Escocia, y con él la zona central del chorro polar. Un gradiente menos intenso produce un chorro más lento, y esto, meandros profundos, que inyectan aire muy frío polar, o aire africano en nuestras latitudes y por tanto en España.

Este año de 2019 hemos tenido uno de estos meandros en Febrero, con aire sureño, y en Abril ha cambiado el meandro durante unos días y ha llovido, no mucho, pero si algo de lo que necesitaba el campo español.

Esto lo llevo contando desde hace un par de décadas, con un éxito exactamente igual a cero, como ocurría con las profecías de la princesa Casandra en la guerra de Troya.

Los seres humanos somos algo asombroso: Nos dicen y nos muestran que la carretera por la que vamos acaba en un precipicio, y aceleramos para caernos antes.

A mí, ahora, ya no me interesan tanto los cambios climáticos: hay uno de ellos ahora, mucho más rápido e intenso que los anteriores, y actúa contra una civilización frágil.

Y la causa de estecambio climático es la emisión salvaje de los gases de escape de coches, camiones, barcos, aviones, cementeras, fábricas de fertilizantes, y centrales eléctricas que generan electricidad a base de quemar productos carbonados.

Esto es así.

Lo que me intriga ahora es la mente humana, individual y, sobre todo, la mente colectiva, que permite que esto ocurra.

En la Tierra hay recursos más que de sobra para que cada ser humano viva muy bien, a base de compartirlos.

Y sin embargo la idea más generalizada es robarse recursos unos a otros, no tanto a nivel individual, que también ocurre, pero sobre todo a nivel colectivo.

Y esto es lo que me intriga. ¿Por qué es el conjunto más loco que los individuos que lo forman?

La respuesta la podemos entender considerando el Cambio Climático.

Aunque las ecuaciones que trata la física, o que ha tratado hasta ahora en una considerable mayoría son lineales, las del tiempo atmosférico y el clima son no lineales: Cuando se funde un trozo de tundra en Canadá, el suelo se calienta, y en el verano siguiente, habiendo retenido el calor gracias a la cubierta de hielo, ese trozo funde otros más a su alrededor: El sistema es como el de los céntimos en los tableros de ajedrez: 1 en la primera casilla, dos en la segunda, hasta 2 elevado a  63, es decir 9 millones de billones de céntimos, es decir unos 90.000 billones de euros.

Las interacciones humanas son no lineales. Si bien las estupideces individuales se extinguen pronto, aunque llaman considerablemente la atención, las locuras colectivas se refuerzan unas a otras como las monedas en el tablero y, asombrosamente, se consideran correctas: Por ejemplo, “defienden a la tribu”.

Hemos vivido un pequeño intervalo de tiempo, digamos 60 años, desde 1945 a 2005 más o menos, con dos bloques de humanidad colectiva enfrentados entre sí.  La locura del resto se estrellaba contra la de esos dos bloques, que sin embargo estaban tan lejos uno del otro que en la realidad casi no interaccionaban.

Pero el bloque ruso colapsó por motivos internos (obsolescencia). Las locuras colectivas comenzaron a crecer, por interacción no lineal, en bloques próximos entre sí. Inglaterra contra el resto de los europeos, Cataluña contra el resto de los españoles. Italia, que es un desastre organizativo, y por motivos esencialmente internos, empieza a rechazar al resto de grupos europeos.

Y así con las demás tribus humanas que, tras un pequeño intervalo histórico de expansión, vuelven a reconcentrarse en glóbulos aislados como una lámina de agua sobre un vidrio bien limpio, que tras extenderse, vuelve quedar en forma de gotitas.

En las teorías de la evolución humana se destaca con frecuencia la importancia de los grupos para la supervivencia de la especie, y en cierta medida tienen razón pues, por variación genética, en cualquier conjunto humano siempre hay individuos menos inteligentes, menos capaces físicamente, que se cansan antes que los demás y que precisan del apoyo de los otros para sobrevivir. E igualmente, por pura variación genética, el número de los muy capacitados es siempre pequeño.

El resultado, visto a lo largo de la historia, ha sido siempre el mismo: La agrupación de individuos que precisan una frontera para mantenerse como grupos y, por tanto, la separación radical de otros grupos que, por mal uso del lenguaje, acaban demonizados.

Un trabajador de Oeste Medio americano, un inglés de Yorkshire, un catalán de Gerona, sienten que no pueden competir con otras personas, y piden que se establezca una tribu que les proteja de la competición. A cambio no ofrecen producir mejor, o hacer algo por los demás de la tribu, sino solamente fidelidad a la misma, y en cualquier caso disfrutar de lo que otros miembros de la tribu puedan producir.

Claro, si lo único que pueden ofrecer es fidelidad, tienen forzosamente que impulsar el conflicto con otras tribus, para demostrar que entregan a la propia lo único que le pueden dar.

Aparece así en la mente colectiva de las tribus que lo único importante en la vida es la protección del grupo, de manera que la posible destrucción de los demás se acepta como lo más razonable.

Puesto que el Cambio Climático es algo que afecta a todos los grupos, cada grupo tribal deja de considerarlo como algo propio, piensa que el interés es por parte de los otros, y por tanto rechaza interesarse por él. Cada persona puede estar inmensamente preocupada por el fenómeno, pero una vez que se integra en la tribu, la preocupación se difumina y pasa a último lugar.

La vuelta al esquema tribal es una consecuencia de la desaparición de la “Guerra Fría”, y supone la vuelta a la situación, digamos, “normal”, de la especie humana.

El cambio climático tiene visos de llegar a los 4ºC de aumento sobre la temperatura anterior a 1850.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las verdades y los errores sobre el cambio climático actual

El jueves día 14 de marzo (2019) participé en un debate sobre Cambio Climático organizado por el diario El Español, y patrocinado por Acciona. En el mismo se plantearon un par de cuestiones interesantes, y una pregunta sobre una cuestión estúpida.

Esta cuestión es la de si el cambio Climático actual, y su causa, que es la acción humana de quemar combustibles fósiles de forma masiva, es una falacia, un camelo. Esta cuestión es estúpida. Estupidez es causar un mal sin sacar ningún beneficio a cambio. Negar la existencia del Cambio Climático actual es estúpido, porque retrasa la toma de decisiones esenciales para frenarlo, y no se obtiene ningún beneficio a cambio de ese mal.

Las dos cuestiones interesantes se refieren a si ha disminuido recientemente la emisión de CO2 y si este cambio actual es diferente de otros cambios climáticos de la historia del planeta.

Para dilucidar estas dos cuestiones, nada mejor que observar las siguientes figuras, tomadas todas del observatorio de CO2 de la Institución Scripps de Oceanografía, sito en Hawai, en el Mauna Loa, y confirmadas con las observaciones del observatorio de Izaña en las Islas Canarias.

Estas figuras podrían, según algunas mentes enfermizas, ser una conspiración. A eso solo se puede responder que, según esas ideas de conspiraciones, yo soy chino, la Tierra es plana y es el Sol el que se mueve alrededor de la Tierra.

La primera figura, aquí arriba, marca la concentración de CO2 en la atmósfera de nuestro planeta desde 1950 a Marzo de 2019.

Observamos que no existe el menor cambio en la tendencia de aumento de CO2 en la atmósfera en las últimas décadas.

La siguiente figura, aquí arriba, muestra el aumento de CO2 en la atmósfera de la Tierra desde 1700 (Guerra de Sucesión en España, fin del reinado de Luis XIV en Francia) hasta marzo de 2019. Observamos cómo la concentración de COP2 empieza a aumentar con la puesta en marcha de la nueva era energética (llamada Revolución “Industrial”, cuando realmente fue la segunda revolución energética, siendo la primera el desarrollo de la agricultura) y se acelera notablemente a partir de 1960.

La siguiente figura (aquí arriba) nos amplía el rango temporal hasta hace 10000 años, con el fin de la última glaciación y el comienzo del desarrollo delhomo sapiens.

Observamos un cambio notable a partir de 1800, con respecto a la evolución lenta de los años entre -10000 y esta última fecha.

Finalmente tenemos la siguiente figura:

Aquí se incluyen las últimas 8 glaciaciones (durante la última los mamuts lanudos y los tigres de dientes de sable se movían por nuestras latitudes hispanas y europeas).

Observamos, de nuevo, el carácter    r a d i c a l m e n t e   distinto de la concentración de CO2 desde 1800, con respecto a los cambios climáticos anteriores.

No hay deceleración alguna del aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera en los últimos años.

Y el presente cambio climático es el más rápido de la historia geológica de la Tierra.

No vamos a detener el actual Cambio Climático. Podemos ¿quizás?  hacer que vaya más despacio, aunque hasta hoy no lo hemos hecho y no es nada claro que lo vayamos a hacer.

Se precisaría para ello cambiar radicalmente el trasporte de mercancías, eliminando de raíz los camiones y los barcos con motores de gasóleo. Esto supone un inmenso problema humano, pues desaparecerían los camioneros como profesión, y hay millones de ellos en el mundo.

Se precisaría cambiar 1000 millones de coches con motores de explosión y de combustión a coches eléctricos. Se puede hacer, pero el plazo es mayor de 30 años.

Las inyecciones de CO2 a la atmósfera van más rápidas que las sustituciones energéticas necesarias, no ya para parar el Cambio Climático, sino para frenarlo significativamente.

Tenemos, y esta vez quizás alguien me escuche, que diseñar,  ya,   las estrategias de adaptación no sea que, de nuevo, como con el Cambio Climático, las queramos poner en marcha cuando ya sea tarde.

La princesa troyana Casandra profetizaba la verdad, y nadie le hacía caso. Los troyanos podían haber devuelto a Helena a los griegos, y firmado con ellos un tratado comercial del cual se habrían beneficiado ambos pueblos.

Troya fue arrasada hasta sus cimientos.

Anteproyecto de Ley de Cambio Climático

Hoy se ha aprobado en el Consejo de Ministros un anteproyecto de Ley contra el Cambio Climático. Bienvenido sea, aunque llega unos años tarde. En la primera legislatura del Sr. Rodriguez Zapatero se estuvo a punto de aprobar una ley sobre esto, y en su segunda legislatura se olvidó completamente.

El que exista un anteproyecto de ley es bueno, pero es ya inútil. Las grandes petroleras, impulsadas por una demanda creciente de miles de millones de personas en el mundo, han decidido incrementar su producción y buscar el petróleo y el gas donde sea, hasta en el infierno, si es necesario.

El problema son las petroleras, pero la causa del problema es que los ciudadanos no quieren prescindir del petróleo ni del gas, que consideran la base de la civilización actual. No les falta razón, pero se puede tener otra civilización mejor, sin quemar carbono. Para ello se precisa aceptar la necesidad de cambio de hábitos, de visión del mundo.

Y eso sí es difícil.

Nos llega a la tierra una ingente cantidad de energía desde el sol, cada día, pero de manera no concentrada. Y la civilización actual está basada en una energía muy concentrada: Un depósito de gasolina de 50 litros contiene, en una superficie de un cuarto de metro cuadrado y un palmo de alto, 500 kWh: Un radiador de mil watios funcionando 500 horas a tope.

La energía que cae sobre un metro cuadrado de terreno, de tejado, en verano en Madrid son 2.5 kWh en un día, de los cuales podemos aprovechar, como mucho, un 20%, es decir, 0.5 kWh por día. Para mover un coche 10 días (50 litros de combustible) necesitamos 1000 metros cuadrados

No es posible conseguirlo con la parte de tejado que corresponde a un vecino de un edificio de pisos, ni siquiera con el tejado de un chalet grande.

La realidad del coche privado, parado 22 horas diarias, no es compatible con la idea de no quemar carbono. Necesitamos otro modelo de transporte individual o para 3 o 4 personas

Es dudoso que ante la resistencia de la ciudadanía se consiga hacer efectivo ese anteproyecto de ley.

El cambio climático actual se intensificará en las próximas tres décadas y no se podrá parar.

La única solución será adaptarse a las nuevas condiciones de extremos meteorológicos intensos.

Como no habremos querido cambiar nuestras conductas, voluntariamente y a tiempo, (como no lo hicieron los aristócratas antes de la Revolución Francesa) tendremos que cambiarlas deprisa, corriendo y mal cuando la situación se haga insostenible.

Hemos entrado en una etapa histórico-social en la cual todo es broma, desde la DUI y el referéndum catalán, a los problemas ambientales, y los económicos. Ante estos últimos, una representante norteamericana sugiere un salario para todo el que no pueda, o no quiera, trabajar.  Claro, si el que te paguen es otra broma, y no se precisa producir, aunque sea producir organización que es lo que genera un burócrata, podemos considerar que la existencia de 6 meses de sequía no importa nada: Alguien pagara aquel salario, y ya conseguiremos los alimentos de otro lugar.

Gratis.

Se necesita un cambio de la visión del mundo, de la Weltanschauung.

El problema no es el clima.

El problema somos nosotros.

El vórtice polar

Tremendas olas de frío en el Midwest estadounidense.

 

Esencialmente es aire directo del Polo, arrastrado por un vórtice, una rueda que gira en sentido contrario de las agujas del reloj con el eje sobre la costa este del Canadá.

 

Como todo en la atmósfera, el vórtice también se mueve, desplazándose hacia el Polo, o hacia el sur, y yendo de oeste a este. Cuando está más al norte el aire polar enfría el norte de Canadá y la península del Labrador, de manera que despierta poca atención en los medios de comunicación.

 

Pero cuando se desplaza hacia el sur, ese aire entra en el centro de los EEUU, y los medios se llenan de alarmas y noticias de problemas de todo tipo.

 

En España tenemos también estas invasiones de aire polar. Suelen ocurrir en febrero, cuando un meandro del Chorro Polar arrastra aire hacia el sur directamente desde Groenlandia, bajando por el Mar del Norte y desplazándose por el valle del Ebro hasta el Mediterráneo.

 

Sin embargo, en España el frío es menos intenso que en las grandes praderas americanas, pues el viento se ha movido sobre el mar, que está siempre mucho más caliente que el suelo canadiense. De hecho, el Mar del Norte no se hiela nunca (recibe la Corriente del Golfo) y por lo tanto su superficie está, como mínimo, a 0ºC, mientras que en las llanuras canadienses el suelo puede estar a 30º bajo cero.

 

Esto del tiempo y el clima lo podemos entender mucho mejor si pensamos que vivimos como los peces dentro de un mar, pero que ese mar, en vez de ser de agua, es de aire, y no tiene costas.

 

El aire circula en grandes corrientes que se mueven unas al lado de otras, y que generan vórtices en los puntos de contacto.

 

Oímos en la televisión: Hay un anticiclón en las Azores, una baja sobre Galicia, un frente frío que entra por el Cantábrico, un frente cálido que trae aire del Sahara.

 

Realmente el anticiclón no es más que aire que gira (en el Hemisferio Norte) en el sentido de las agujas del reloj, y succiona aire frío de las alturas, que se calienta cuando llega a la superficie y sale del vórtice. Cuando vamos en un atasco en una carretera con dos carriles, nos sentimos animados cuando pasamos a cuatro carriles: Los coches divergen y la circulación se hace suave. En cambio, a la inversa, cuando queremos comprimir cuatro carriles en dos la circulación se hace brutal.

 

Esto ocurre en las áreas de bajas presiones, en las cuales el aire de muchos puntos converge en un área reducida y asciende en la atmósfera de forma tanto más violenta cuanto menor es el radio de giro (los tornados y huracanes).

 

Los frentes fríos y cálidos no son más que corrientes de aire que cruzan una cierta región.

 

El movimiento del aire está causado por las diferencias de temperatura de unas regiones a otras, pues el aire asciende sobre zonas de superficie caliente, y al ascender atrae aire de otras zonas, para rellenar el vacío que deja, y desciende cuando se ha enfriado y se ha hecho más denso.

 

Y el movimiento se complica porque la Tierra gira, y el aire con ella, de manera que además de la aceleración debida a las diferencias de temperatura, tiene una aceleración, que se llama de Coriolis, que enrolla sobre sí mismos esos ríos de aire que son la atmósfera.

 

Cuando se entiende la atmósfera, se maravilla uno al ver el ballet precioso que desarrolla el aire en su movimiento alrededor del planeta.

Tormentas, inundaciones y muy buen tiempo

 

Hemos terminado una semana (20 al 26 de enero, 2019) en la cual media España ha estado sometida a vientos, tormentas, lluvias, inundaciones, avenidas, nieve y aludes, y la otra mitad ha disfrutado de un tiempo impropio de un mes de enero, con temperaturas a media tarde de 15 y 17 grados, en Madrid, por ejemplo.

 

El aire no lo vemos, pero está aquí, se mueve y distribuye los meteoros de un punto a otro del globo. En la atmósfera hay ríos de aire, que se mueven de un lado a otro del planeta. Como todos los ríos, hacen meandros, y uno de estos ha pasado por encima de España. Al noreste del meandro entraban masas de aire canadiense, muy frío y con la humedad extraída del Atlántico norte. Al sureste del meandro entraba aire del Atlántico central y de la corriente del Golfo.

 

Ante las incidencias meramente humanas, taxistas, Venezuela, accidentes mortales, ataques de lobos, es decir, de algunos seres humanos sobre otros, el colegio, los niños, el trabajo, la falta del mismo, ….

 

¿Cómo vamos a poder preocuparnos por si cambia el tiempo o no lo hace?

 

La NASA acaba de avisar https://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/09/ciencia/1299634169.html

de que la cubierta de hielo de los Polos se deshace 3 veces más deprisa de lo que se pensaba hace unos años (aunque yo ya expliqué hace años por qué debería ser así).

 

La razón, de nuevo, es que el deshielo es un sistema realimentado positivamente del tipo “el rico se hace cada vez más rico, y el pobre, cada vez más pobre”. Cada vez que se deshiela un metro cuadrado de hielo, esa superficie ya no refleja la radiación, sino que la absorbe y se calienta. Esa energía del suelo no se pierde en invierno, pues la nieve es un magnífico aislante. Y cuando vuelve el Sol, el suelo caliente calienta las superficies de su alrededor: El fenómeno es exponencial.

 

Al fundirse el hielo polar depositado sobre tierra sólida, aumenta el nivel del mar. Si se deshiela toda Groenlandia (y aquí además del calentamiento por desaparición del espejo que es el hielo, tenemos la pendiente de las montañas sobre las que está depositado ese hielo) el nivel del mar sube 10 metros, es decir, en las costas, hasta el tercer piso de los apartamentos, que ven sus cimientos inundados y acaban derrumbándose.

 

Como casi todo en la vida, el ansia de hoy gana por goleada a las necesidades de mañana. El ansia de mandar gana a la necesidad de acordar.

 

Y es solo eso: Ansia.

 

Se puede vivir magníficamente hoy pensando al mismo tiempo en el mañana.  El cerebro humano es un mediocre ordenador secuencial, pero un extraordinario ordenador paralelo. Podemos pensar en múltiples cosas simultáneamente. No tenemos más que observar que vemos, oímos, olemos, sentimos al mismo tiempo. De igual manera, podemos preocuparnos por las tareas diarias e ir poniendo las piedras por las futuras.

 

Necesitamos frenar el Cambio Climático y revertir la degradación ambiental.

Es necesario mejorar los edificios, y cuesta muy poco. Las paredes se aíslan con Pladur, las ventanas con vidrios dobles. Ambas cosas baratas. Es urgentísimo eliminar el gasóleo de las calefacciones: El gas natural está hoy a la puerta de todos los edificios de Madrid. Hay que ir cambiando a coches eléctricos, pasando poco a poco de los de gasolina a los híbridos y de estos a los totalmente eléctricos. Y eliminar, claro está, los diésel.

 

Es preciso eliminar los atascos, y esto no puede ser una labor de los ciudadanos, sino que obliga a las administraciones a hacer permeables las ciudades, en contra de la doctrina al uso de hacerlas cada vez más impermeables: Un colador nunca produce atascos de agua, un embudo, siempre.

 

Se escribe estos días sobre la despoblación de España. Un Medio Ambiente degradado tiene una buena parte de la culpa. Una de las causas fue, en el siglo XIX, las horribles comunicaciones en España. Hoy esto ya está arreglado, salvo con Extremadura. Pero queda un paisaje desértico, inhábil para generar riqueza. Es preciso reforestar a marchas aceleradas, teniendo en cuenta lo despacio que crecen los árboles.

 

Estos días de huelga de taxis en Madrid tengo que coger una desviación para llegar a la universidad. Me cuesta tiempo y dinero. La situación de los taxis no se resuelve con mantener el monopolio. Los tejedores manuales organizaron en Inglaterra lo mismo que están organizando los taxistas en Madrid. Perdieron. Los que vendían caballos no querían que hubiese coches. Perdieron.

 

La tecnología avanza de una manera natural. Las cosas viejas desaparecen. Lo mejor es adaptarse constantemente a lo nuevo. No pasa nada, se hace sin demasiados problemas.

Ahora, si uno se resiste, el resultado es siempre destructivo. Los tejedores manuales, desaparecieron y desaparecerán los taxistas.

 

Pensemos en la historia: En España hubo una pequeña ciudad, Numancia, que rechazó incorporarse a la cultura romana.

 

Desapareció.

 

Itálica, el germen de Sevilla, colaboró, se hizo rica, y dio dos emperadores a Roma.

 

Colaborar es siempre mejor que competir, no para la sociedad, que también. Para cada persona, que saca el doble si colabora, o se arruina si compite.

 

Hemos llegado a un punto en la historia, con la capacidad de cada persona de hacer conocer sus caprichos, en la cual cada individuo, cada grupo, cada entidad, cada país quiere el reconocimiento como igual a los demás: Los granjeros del Middle West, los ingleses de York, los catalanes, los venezolanos. Rusia actúa para que los demás la consideren, lo mismo que hizo el DAESH, o los terroristas de todo cuño.

 

Podemos llegar a un punto en el cual los alumnos quieran que los profesores los traten de igual a igual, no como personas, sino intelectualmente. Llegado a ese punto, los profesores sobran y sobran los alumnos como alumnos, como alguien que quiere aprender. Solo si el alumno reconoce que no sabe, puede llegar a saber.

 

Solo si Rusia acepta que es mucho más pobre que los EEUU, puede llegar a alcanzar el reconocimiento que ansía.

 

Solo si los taxistas reconocen que las VTC tiene el mismo derecho que ellos a ofrecer un servicio, pueden los taxistas reclamar el reconocimiento de la sociedad.

 

El ansia de cada uno a que se le reconozca su importancia pasa, como con la libertad, porque cada uno reconozca la importancia de los demás. La libertad de cada uno llega solo hasta donde llega la libertad de los otros. Los venezolanos, ansiosos de que Europa no les considere “esos sudacas” deben reconocer que Europa quiere que los venezolanos, ricos y pobres, y no solo los pobres tengan la misma consideración.

 

Los “chalecos amarillos” desprecian a las élites educadas. Mientras las desprecien, serán ignorados por aquellas.

 

La vida en sociedad exige respeto mutuo. Los ingleses de York deben respetar a los ingleses de Londres, y a los “burócratas” de Bruselas.

 

La alternativa a respeto mutuo es el caos, y tras este las guerras civiles.

 

Parte del rechazo a la realidad del cambio climático deriva de que, por ejemplo, muchas personas piensan que si la aceptasen, tendrían que dejar sus coches. Y no es así. Se equivocan los que prohíben el diésel, los que cierran las ciudades. No se trata de dejar los coches, sino de que entre todos cambiemos a coches sin contaminación. No se trata de prohibir circular por las ciudades, sino de hacer que los ciudadanos prefieranno hacerlo.

 

En esencia, reconocer la dignidad y la importancia de cada uno, de cada grupo, de cada país. Es decir que los pobres reconozcan a los ricos y estos a los pobres (tratando de que disminuyan todo lo que se pueda la diferencia de riqueza). Que las élites de Washington y de Bruselas reconozcan a los granjeros del Oeste, y a los ingleses del Yorkshire, pero también que los granjeros y las gentes de York reconozcan la importancia de los burócratas que mantienen funcionando a la sociedad.

 

Necesitamos la cooperación basada en el respeto mutuo, y en el acuerdo de que cada uno tiene que dejar de exigir muchas cosas individuales para que todos exijan las cosas comunes.

 

Y esto, claro, nos lleva de nuevo al medio ambiente. Si cada persona, grupo o país exige solo “lo suyo”, lo común desaparece.

 

En vez de vivir en una casa, acabamos todos viviendo cada uno en un saco con un carrito lleno de bolsas de plástico, odiándonos todos a todos.

 

El medio ambiente no es una cosa de todos: Es la vida de cada uno.

 

El bien y el mal, el medio ambiente y el individuo

Desde que la humanidad comenzó a dejar registro de los pensamientos de sus miembros, en las tablillas de Sumer y Ur, en los pictogramas de Egipto, en los caracteres chinos, el problema del bien y el mal ha sido, quizás, el tema al que constantemente han vuelto todos los pensadores, el problema al que se han enfrentado todos los individuos.

 

Hoy, como hace seis mil años, rodea nuestras vidas y nos persigue a todas horas en todos los medios de comunicación.

 

Las gentes de Mesopotamia, y derivando de ellas, las de Judea, escribieron escenas en las cuales un ser humano actúa como tal, y es castigado por algunos de los dioses de aquellos panteones. En las mentes griegas fue la tinaja que abrió Pandora.

 

El mal deriva de la capacidad de elección: Coger o no la manzana, abrir o no la tinaja.  Vivo en sociedad. Existe la prohibición de coger la manzana, el consejo de no abrir la tinaja. El bien es aceptar la orden, seguir el consejo. El mal, actuar para uno mismo sin pensar en los demás.

 

Pero en realidad no hacen falta órdenes ni recomendaciones: Basta con echar un par de horas en el Zoo, en el recinto de los monos de sabana, de mandriles y papiones, para entender ese conflicto, el problema del bien y el mal.

 

Comienza el conflicto con los bebés monos. Sus madres necesitan protegerlos, para tratar de que sobrevivan hasta la edad reproductora. ¿Qué otro sentido tiene si no la vida? Pero los recursos son escasos (solo el ser humano sabe hacerlos abundantes, al menos durante cortos periodos de tiempo) y otros monos de su entorno quieren matar al bebé para comérselo, o al menos para eliminar un competidor por esos recursos.

 

El mal aparece en la visión micro, en la cual la máquina de la vida, los genes, buscan constantemente reproducirse en cada división celular y necesitan para ello energía.

 

El bien aparece en la visión macro en la cual, no solo los genes individuales, sino el conjunto de todos ellos, el individuo, busca reproducir su individualidad.

 

La reproducción sexual avanzó en el conjunto de los seres vivos como mecanismo de protección frente a mutaciones letales. Pero esa reproducción, en la que se mezclan genes diferentes, tiene que competir con la reproducción celular dentro de cada individuo donde sencillamente se duplican los genes, sin mezclase con otros. Cada uno de nosotros somos buenos y malos, y lo que cambia de unos a otros son la proporciones, que cambian también a lo largo del tiempo.

 

Un virus mata al individuo macro al que ataca. Una vez muerto este, la máquina vírica deja de reproducirse, y vuelve a enquistarse. Microscópicamente el virus ha tenido éxito. Macroscópicamente, no: tras unos ciclos de reproducción, deja de hacerlo al haber matado al huésped que lo alojaba.

 

Los ataques bacterianos pueden acabar con los individuos atacados y al hacerlo, acabar con esas mismas bacterias. Las bacterias que no atacan, las escherichia colli, por ejemplo, se reproducen con el ser vivo en el que habitan.

 

Con el medio ambiente tenemos el mismo problema: A nivel micro, cada ser vivo individual acabaría con él como acaban las bacterias con el caldo de cultivo en un plato Petri, y mueren ellas, entonces.

 

Solo a nivel macro, cuando los seres vivos forman una red entrelazada, cada elemento de la red trabaja para cado otro, y el resultado es un sistema inmensamente más rico que el caso contrario en el cual algunos elementos destrozan la red (el medio ambiente) para un beneficio individual como el de las bacterias en el plato Petri.

 

La regulación del destrozo de los recursos compartidos ha ocurrido en la historia de la vida mediante unos elementos de la red denominados predadores. Cuando estos desaparecen, las especies predadas quedan sin control y, destrozando el medio ambiente, se destrozan a sí mismas.

 

Unos elementos japoneses deciden reproducirse individualmente y matan ballenas hasta que estas desaparecen, y ellos consecuentemente. Unos elementos de la sociedad deciden quemar los bosques de la Amazonía, y al hacerlo eliminan los nutrientes del substrato, y dejan de obtener beneficios.

 

En el cuerpo animal, en el árbol, en el bosque, en el ecosistema, hay señales de coordinación que demuestran a cada célula, a cada órgano, que solo puede vivir si vive con los demás.

 

En el siglo XX, y aún más en el XXI, esas señales han ido desapareciendo en la sociedad humana. La vida en las ciudades ha hecho creer a una mayoría de seres humanos que pueden sobrevivir sin lo que rodea a esas ciudades. En forma de chiste, que la leche sale del grifo, y la cerveza del aire.

 

El medio ambiente, la biodiversidad, los campos no desertizados, no es que sean importantes, es que son esenciales para la vida, sobre todo para la vida en las ciudades.

 

La célula individual de la sociedad, la persona, quiere sobrevivir, aumentar su cuota de energía disponible. Como las bacterias sin predadores, come, captura energía hasta eliminar ésta, y entonces muere de inanición.

 

La crisis de 2007, la lentísima recuperación aún no completada en estos últimos 10 años, y las crisis que se pronostican de aquí a poco tiempo tienen, todas, la misma causa: La reducción en la disponibilidad de energía de cada persona (es decir el mantenimiento o encarecimiento constante del precio de la energía) no permite mantener una idea de vida denominada la “sociedad del bienestar”.

 

Hay un engaño tremendo, en los análisis al uso, del papel de la energía en la sociedad. En cualquier cuadro de PIB (Producto Interior Bruto) la energía (del petróleo, gas, carbón, y la eléctrica) aparece como un 5% de ese PIB.

 

Si se miran esos cuadros, lo que aparece con importancia son los servicios y la industria. Pero ¿cómo puede un funcionario proporcionar sus servicios? Necesita el local donde trabaja, la electricidad que utiliza, el ordenador de que dispone, la mesa a la que se sienta, las redes de comunicaciones, … . Todo eso es energía incorporada. La comida que lo mantiene vivo, los hospitales que hacen lo mismo, los transportes que utiliza, las diversiones de que disfruta, todo eso no es otra cosa que energía disponible.

 

Y no hay ya hoy más energía para mantener unas necesidades crecientes. Ni con las reservas de Arabia ni de Venezuela, ni con las arenas con asfalto de Canadá, ni con el petróleo embebido en las pizarras del Middle West de los EEUU (http://www.sobreestoyaquello.com/2018/12/fracking-miente-que-algo-queda.html)tenemos la energía que necesitamos para mantener el sistema de pensiones en España, o el acceso de África, de 800 millones de chinos, de 1000 millones de indios a la “Sociedad del Bienestar”.

 

Es preciso, es obligatorio, rediseñar esa “Sociedad del Bienestar”. Por ninguna otra razón más que porque ya no hay energía suficiente para mantenerla.

 

Es necesario dejar a las personas que se retiren cuando quieran, mientras sigan produciendo. Es necesario reducir la disipación gigantesca de energía que representan las estructuras de las ciudades, de los edificios, de los sistemas de transporte.

 

Es preciso capturar la energía del sol. Pero, aun siendo mucha, esta energía no es la acumulada en el petróleo, en el gas. Llega todos los días, y podemos utilizar la que llega, pero lo podemos hacer mucho más lentamente que la que cogíamos de los almacenes en donde había quedado guardada hace 300 millones de años.

 

Hemos estado quemando los billetes del capital del abuelo, sin molestarnos en reponerlos.

 

Es preciso que los seres humanos nos volvamos a dar cuenta de que somos finitos y pequeños, y que, para seguir viviendo bien, tenemos que optimizar al máximo no solo la captura de energía, sino su utilización.

 

La “Sociedad del Bienestar” es un privilegio. Las personas prefieren morir de hambre antes que perder sus privilegios.

 

Es una ley de la naturaleza que es más fácil bajar que subir. Acceder al privilegio es fácil. Perderlo voluntariamente, casi imposible.

 

Veremos, sobre todo verán nuestros hijos, cómo se resuelve ese problema. En la historia la pérdida de los privilegios ha sido siempre cruenta. Es posible que hoy, conociendo que la maldad es actuar para uno solo, y el bien actuar para todos, sea posible perder esos privilegios sin demasiada crueldad.

 

¡Veremos!