Ciencia “populista”

El populismo es pensar que podemos volar batiendo los brazos sin ayuda de alas artificiales. La gente, el “pueblo”, lo quiere todo, y lo quiere sin tener que realizar esfuerzo y los populistas se lo prometen, porque prometer es gratis.

Abro hoy el móvil y las “noticias” que aparecen son

“Fotones oscuros”

“El CERN podría destruir la Tierra”

“Un nuevo tiempo cuántico”

“…. teletransportar el estado tridimensional de una partícula”

“A la caza de neutrinos”

Resulta que lo que se publica de la ciencia para el público en general, da la imagen de que estamos cercanos a descubrir mundos nuevos distintos del mundo real.

Es claro que las personas quieren otro mundo: Un paraíso donde brote la miel de las fuentes, no haya enfermedades y todos sean más ricos que los demás. El mundo real en que vivimos no les gusta.

Este tipo de noticias no es ciencia. Los que las publican no se toman la molestia de analizarlas, quizás ni siquiera de leerlas.

Pero no solo en los móviles. Hay un foro de respuestas de ¿ciencia? denominado “Quora”, en el que se pueden leer cosas tales como

“El electrón no se mueve en el átomo. Su velocidad es cero”

“Hace décadas que dejamos de pensar en el electrón como un objeto y sabemos que no es más que una nube de probabilidad”

y lindezas de este estilo.

Una de las razones de ser de la ciencia es tratar de describir la realidad, dejando los sueños para los sistemas dogmáticos o las noches de alucinógenos.

Pero parece que la realidad no “vende”, y es preciso, como en las iglesias evangélicas y bautistas de los EEUU excitar a las personas a la imaginación desatada de mundos distintos al que habitamos.

La gran mayoría de estas noticias desaparecen a las pocas semanas, y dejan de confirmarse.

Muchas se publican con la “garantía”  de que han aparecido en Nature, por ejemplo. Nature es una revista con una enorme difusión. Era muy de fiar. En un cierto momento la adquirió un gran grupo editorial, que lo que quiere es vender, hacer dinero, como prioridad, dejando en segundo o tercer lugar el ajuste de lo que se publica a la realidad.

El sistema hiper-competitivo que se ha establecido en la academia global exige a muchos investigadores que anuncien noticias importantes, para buscar la promoción. Cuando al cabo de un tiempo esos descubrimientos se convierten en errores, esto no “vende”, no es noticia, y el público no recibe esta información, por lo que se queda con la información de impacto original, pensando que al haber sido publicada por Nature o equivalente, debe de ser cierta.

El mundo es maravilloso, y la ciencia lo descubre todos los días. Pero lo que descubre es que no podemos volar batiendo los brazos. Y no es eso lo que quiere una mayoría de personas.

Es posible que hayamos entrado en los últimos 20 años en el deseo de que el mundo sea como las películas (pero aunque yo no veo mucha “tele”, lo poco que veo es odioso: Muertes, asesinatos, catástrofes … ).

Políticos y pseudo-científicosprometen a los demás tener “la solución”. Y como hoy las “élites” aunque sean intelectuales, están muy mal vistas, la ciencia real queda relegada al cajón de los “elitistas”, porque lo que “debe ser” es que se “respeten” todas las ideas por locas y falsas que resulten. Como la educación, en la cual los alumnos pueden aprender, o no aprender, lo que deseen.

Porque ¿no es el mundo lo que queramos que sea?

El “fracaso” de la universidad actual

Se escribe periódicamente sobre el “fracaso” de la universidad española actual (digamos, de las 82 universidades españolas). Se habla de endogamia, de la ANECA y sus ignotos criterios, de otras posibles causas.

Pero si fracasa lo hace por no saber cuál es su objetivo, su fin.

En cualquier empresa humana, si no se sabe donde se quiere llegar, no se hace más que dar vueltas.

¿Qué es la universidad, cuál es el fin de la universidad?

La universidad es una institución formada por docentes, discentes y aquellos que guardan el conocimiento, con el fin de desarrollar, comunicar y guardar éste.

Si los discentes, los alumnos, una vez que lo adquieren, en sus distintas ramas, son capaces de sacar rendimiento del mismo, es un problema suyo, no de la universidad.

Es lo mismo que la insistencia de los gestores sociales en la “felicidad” de los jóvenes. Ésta es algo de la que solo son responsables ellos, la responsabilidad no es ni de los padres, ni de los amigos, ni de la sociedad.

Claro, si docentes y discentes asumen el objetivo de formar y formarse para el empleo, la universidad fracasa, porque no es ese su objetivo y, entre otras cosas, porque el empleo que existe cuando un estudiante sale de la universidad no es el mismo que había cuando entró en ella y ha sido preparado y se ha preparado para algo que ya no es.

Si, sin embargo, los profesores y alumnos enseñan y aprenden a aprender, a utilizar cualquier conocimiento para sacar conclusiones válidas y verdaderas, se cumple el objetivo de la universidad, y los egresados alcanzan los empleos que existan en el momento de sus graduaciones o postgrados.

Al olvidar sus objetivos, se invalida su funcionamiento. Muchos alumnos entran sin los conocimientos necesarios para entender lo que se les enseña, y no quieren aprender, quieren que se les dé un barniz que no implique que deban volver al bachillerato, y de alguna manera navegar sin esfuerzo para salir al mundo sin conocimientos pero con un certificado.

Y como cualquier otra empresa humana, la tensión entre el objetivo verdadero de crear, impartir y conservar el conocimiento, y la presión, incluso la presión corporativa de sacar, sacar, sacar graduados ignorantes, genera ese fracaso del que se habla, ese número repetido de leyes educativas, que ignoran lo que es la universidad, y el bachillerato que a ella lleva.

Hay quien olvida que el objetivo es triple. En las últimas semanas se han publicado artículos en los medios de comunicación escandalizándose de que investigadores con muchas publicaciones no tienen una puntuación alta por la ANECA. (Pero ¿son estas muchas publicaciones realmente distintas entre sí?¿Aportan algo nuevo?  Porque publicar algo valioso exige un trabajo largo de reflexión y en su caso, experimentación, y esto no se puede hacer en 5 o más publicaciones por año).

Más aún ¿son estos investigadores capaces de transmitir sus conocimientos a alumnos con formación bastante deficiente? Es esto algo que esos “maravillosos” investigadores deben demostrar, pues generar conocimiento sin transmitirlo se debe hacer en institutos exclusivamente de investigación, la universidad exige la transmisión del conocimiento y su conservación.

Se habla del problema de la “endogamia” (las empresas privadas promueven a sus propios empleados, serían todas casos de endogamia). Pero la exogamia, el cambio de una universidad a otra, solo es posible si ese cambio se realiza por todo un equipo de investigación y docencia. No tiene el menor sentido que una persona forme un equipo durante 10 años, para tener que destrozarlo en orden a que no haya “endogamia”. No es peor una universidad que retiene a los miembros de un equipo exitoso. Si no es exitoso, tampoco mejorarán otras universidades que reciban a ese personal al desintegrarse el equipo.

Y en cuanto a la movilidad de los profesores jóvenes, existe en toda la universidad española, donde prosperan los que demuestran su valía. No hay la menor prueba de que los que están fuera del profesorado sean mejores que los que están dentro.

Otra de las causas del “fracaso” es el ansia de superpoblar las aulas, para conseguir algo más de dinero de matrículas, pagadas a escote por las familias de los alumnos y las Comunidades Autónomas. Si de verdad se precisa ese dinero, se puede reducir el número de alumnos aumentando el precio de las matrículas. Si esto se considera asocial, las Comunidades Autónomas pueden financiar a los estudiantes (en número reducido) que lo precisen, pero hacerlo como en los Países Bajos: Los estudiantes reciben una cantidad que cubre los gastos de sus estudios, pero tienen que devolverla si no pasan de curso. Esto tiene dos efectos saludables: Solo se matriculan los que de verdad quieren un grado universitario, y la amenaza de devolución les fuerza a trabajar duro.

Porque como todo profesor sabe, aprobar es cosa de codos, de esfuerzo diario. Tras 44 años de docente todavía tengo que encontrar a algún alumno que no apruebe si dedica todos los días del curso al menos 3 horas a estudiar. Otra cosa son los sobresalientes, las matrículas de honor. Pero aprobar, se aprueba con el esfuerzo diario.

Ahora, si todo el que quiera puede ocupar un banco en un aula, y puede suspender sin parar, sin que nadie le exija responsabilidad, ¿Cómo no va a haber “fracaso” universitario?

Finalmente, se habla bastante del “horror” de las clases magistrales, sugiriendo, quienes no han estado o están en las aulas, trabajos participativos. En esos 44 años he probado de todo. Los alumnos no responden a ese tipo de enseñanza: No realizan los trabajos encomendados, no se apuntan a grupos participativos, no entregan los ejercicios pedidos.

Cuando comenzó el sistema de “Grado” todos aceptamos la idea de que una parte de la nota sería por los trabajos entregados semanalmente.

Al final, poco a poco, toda la universidad vuelve al sistema de exámenes parciales y finales, ante la desidia de los alumnos para mostrar los resultados de sus esfuerzos fuera del aula, o a participar en equipos de trabajo.

La universidad española no es mucho peor que la de otros países. Pero es manifiestamente mejorable.

Si alguien lee este ensayo, se podrá fijar que no he hablado de dinero. Los grandes descubrimientos en la ciencia, y en el resto de las disciplinas, se han hecho sin gasto de grandes cantidades de dinero. Lo básico es la capacidad de pensar, de razonar.  Se puede enseñar a estudiantes que quieren aprender, con una pizarra y unas tizas.

Lo que se necesita, realmente, es que los profesores se sientan apoyados, no vigilados, criticados, por los gestores sociales, y que los alumnos quieran aprender.

Lo demás es marear la perdiz.

La situación del mundo y los sistemas que al realimentarse, cambian sus condiciones

Escribe Pérez Reverte sobre la decadencia de la cultura/civilización europea. Recuerda el avance de los godos hacia dentro del Imperio Romano en el siglo IV de la Era Común. 

 

El Imperio Romano, tras su etapa de conquistas, cuyo máximo avance se produjo con Trajano, se retiró hacia unas fronteras supuestamente estables, los ríos Rin y Danubio en Europa, las montañas del este de Anatolia, el Éufrates, a uno y otro lado de este río, y la línea del desierto arábigo al sureste del Mediterráneo oriental. 

 

En todos los imperios, romano, persa, los reinos de la India, China, árabe, español, inglés, las fuerzas de los mismos son limitadas y se agotan en la expansión. Pero parece que ninguno de ellos asume esta realidad, y todos piensan que serán “eternos”. Casi todos piensan que son pueblos “escogidos”. La razón del conflicto entre judíos y romanos era que ninguno de ellos podía aceptar que el otro fuese un pueblo “elegido”.

 

Pero no hay tal. Somos todos pequeñitos. La población romana quedó diezmada en el siglo II por una peste. Antes de eso los ciudadanos de Italia ya no luchaban en las legiones: Habían conquistado el derecho, para ellos y sus descendientes, de quedar liberados del servicio militar. 

 

Aquí está la clave para entender el desarrollo de las sociedades La consecución, no de los objetivos, sino de las herramientas desarrolladas para prosperar, generan la obsolescencia de esas mismas herramientas. Las personas ven, en cierta etapa histórica, que los médicos ganan mucho dinero Muchos quieren ser médicos, muchos lo consiguen. Ahora, al ser muchos, ya no ganan tanto. Al conseguir el deseo, ese deseo deja de ser lo que se quería.

 

En otro lenguaje, las ecuaciones de funcionamiento de la máquina social precisan condiciones de contorno para su solución. Al evolucionar las soluciones, éstas cambian las condiciones de contorno y con ellas, aquellas soluciones.

 

Ahora bien, la percepción social de las nuevas condiciones de contorno es muy lenta. La razón es clara de entender, y es la misma por la cual se perpetúan los tópicos: las personas, por lo general, aprenden en la infancia y en la juventud, digamos hasta los 22 años Después de eso la gran mayoría de individuos decide dejar de aprender, y navegar por el mundo con el bagaje adquirido. Al cabo de unos años, no más de un par de décadas, el mundo ha cambiado, pero lo que retienen esas gentes y enseñan a sus hijos es un mundo que ya no existe. En las clases se enseña lo que se aprendió, y los libros de texto reflejan ese aprendizaje de un par de generaciones pasadas. 

 

Solo se enseña algo nuevo cuando mueren las generaciones anteriores, pero para entonces ya es tarde para el buen discurrir de la sociedad.

 

Parece que esto ocurriría solo ahora, en una etapa de cambios rápidos. Pero las historias de Atenas, de Roma, de China, nos dicen que no es así. Roma había resistido el ataque de Aníbal, y había destruido Cartago gracias a un entrenamiento militar riguroso y a una disciplina férrea, y a la absorción, que no subyugación de los pueblos de Italia. Las condiciones de contorno eran luchar contra los de fuera. Pero tras el impulso obtenido al ganar las guerras púnicas, y dominar el Mediterráneo, ya no quedaban (en principio) fronteras, contornos qué conquistar. Una educación basada en el servicio militar, la guerra continua, se convirtió en guerras civiles, que solo cesaron cuando Julio Cesar abrió de nuevo las fronteras, hacia la Galia, y Augusto avanzó hacia Germania. Otro frenazo, con los emperadores Julio-Claudios, y de nuevo caos, hasta que los Antoninos volvieron a la expansión. 

 

Pero la expansión, unida a la peste, llegó a un límite con Marco Aurelio y, sin poder cambiar las ideas romanas, la sociedad entró en un camino de colapso, del que solo se libró la parte oriental del Imperio, en donde en vez de guerras, que también, pero generalmente defensivas, la cultura de Constantinopla se abrió al comercio. 

 

En España las mentes mantienen aún las ideas del estado del bienestar, cuando el desarrollo de ese sistema social lo ha invalidado. La sociedad española no puede pagar pensiones a cada vez más millones de jubilados que dejan de trabajar cuando perfectamente podrían seguir haciéndolo y producir en el trabajo. El abono de las pensiones impide dedicar ese dinero a la inversión productiva. Estos esquemas mentales, de derechas e izquierdas, mantienen la idea de que el trabajo duro y la producción importan poco. Esto funcionó entre 1990 y 2010, una generación, pero hoy es preciso cambiar esa condición de contorno del funcionamiento de la máquina, y no se hace. Y no se hace donde mejor se puede y debe hacer: en los colegios, en donde el esfuerzo deja paso ( y así se explicita desde los gobiernos de todo signo) a la “felicidad” del alumno. 

 

En Inglaterra todavía se sueña con el Imperio, y en los EEUU muchos no entienden que ya no son la única primera potencia del mundo. Inglaterra es hoy un país pequeño, al norte de Francia, y lo mejor que puede hacer es cooperar con el resto de pequeños países de su zona geográfica. 

 

La frase de Trump “Hacer grande a los EEUU de nuevo”, quiere realmente decir “Hacer a los EEUU superiores a los demás”. Pero ya no puede ser. Interesaba a los EEUU que China se hiciese rica, pero cuando lo hizo, las condiciones de los EEUU habían cambiado.  China son unos 1300 millones de personas, los EEUU, 327. Los chinos trabajan mucho por poco dinero, los estadounidenses, menos y por mucho más dinero. Los EEUU pueden ser iguales a otros, pero ya no superiores a todos. 

 

Las condiciones de contorno han cambiado, pero no lo han hecho las ideas de muchos de los que viven en ellas. 

 

La música y su variedades primitivas

El cerebro del ser humano responde al ritmo en los sonidos. Una secuencia regular produce placer, como los estímulos repetidos de los órganos sexuales, y de los pelos de la piel. Parece que el cerebro marca como placenteras las sensaciones rítmicas y como dolorosas las sensaciones bruscas o aleatorias: Un golpe, el ruido. 

El ritmo es una secuencia de sonidos que se repite regularmente, con una frecuencia fija, en el tiempo. Cuando el ritmo cambia a lo largo del tiempo, tenemos una melodía. Es la segunda construcción de la música. Cuando las melodías se combinan entre ellas, tenemos la armonía.  Un concierto es la producción de armonías por instrumentos distintos (el piano representa esa multitud de instrumentos) a lo largo de un intervalo extenso de tiempo, entre 10 y 90 minutos. En un concierto es preciso “concertar” las armonías de los distintos instrumentos. 

 

Cuando se consigue, el efecto es sublime y produce catarsis. 

 

Estoy estos días en Isla Cristina, un pueblo marinero, sede de los barcos de pesca del atún, y otros pescados, sucio y ruidoso como pocos sitios de España. 

 

He estado escuchando una serie de cuatro conciertos de música de cámara, uno de ellos por una pianista genial de 10 años, Carla Román, y otros dos por el Ensemble Insula, que tocan absolutamente concertados, su música es maravillosa. 

 

Pero el teatro donde tocan, el Horacio Noguera, fué proyectado con un nulo conocimiento de la acústica, por un arquitecto, o estudio de arquitectura ignorante, y en el interior se escucha lo que ocurre en el exterior. 

 

Y en el exterior, a unos 30 metros, había una fiesta de esas de otros ignorantes, con un sonido primitivo consistente en bim-bam-bum repetido sin variación durante al menos la hora y media que duró el concierto del Ensemble. 

 

Es algo agotador. Causa lo contrario que el placer, pues los circuitos neuronales se saturan en la repetición, pero el ruido es tan fuerte que las neuronas no lo pueden anular. La idea de la melodía, de cambiar el ritmo cada pocos segundos es la de “engañar” a las neuronas y hacerlas reconocer constantemente otros ritmos. El placer se extiende en el tiempo, en vez de saturarse y causar, si no dolor, al menos una molestia continuada.  

 

Es posible que cause estupefacción y por ello haya personas que disfruten de ello, pero mientras que la música permite el placer disfrutando de la inteligencia, la estupefacción (los estupefacientes) anulan ésta.

 

La situación actual de la ciencia

La situación actual de la ciencia

En la segunda mitad del siglo XIX se establecieron teorías fundamentales de la ciencia: Las leyes de Maxwell, la termodinámica de Joule, la Mecánica Estadística de Boltzmann y Maxwell, la teoría de la evolución de Darwin. En el siglo XX se añadió la Teoría Especial de la Relatividad, y la teoría estadística de de las escalas pequeñas de energía, llamada Mecánica Cuántica, aunque se sugirió que esta se aplicaba a un dominio de la física distinto del macroscópico, cuando no hay más que un dominio en la Naturaleza. A partir de ahí no han aparecido nuevas leyes importantes en la ciencia.

En las escalas sub-protónicas las interacciones fuertes entre quarks generan multitud de nuevos mesones (dos quarks) y baryones (tres o más quarks), pero estas partículas o excitaciones no interaccionan más que con ellas mismas, generando una sección de la Naturaleza aislada del resto.

Digamos que, desde la escala del protón hacia arriba, la  naturaleza se puede entender con éstos y  los electrones, mientras que existe otra escala, mucho menor que el protón en tamaño y energía, separada radicalmente de la anterior. Es curioso, porque el protón también esta formado por quarks, pero funciona en interacción con lo que hay en esas otras escalas superiores, mientras que el resto de combinaciones de quarks no lo hacen.

Imaginemos una carretera muy ancha, llena de coches con ganchos de diversos tipos. Hay grupos de tres coches enlazados con ganchos muy fuertes, pero tienen también otros ganchos más débiles  Se lanzan unos contra otros, y  a veces se rompen esos ganchos fuertes,  y los coches se enlazan con los ganchos débiles, momentáneamente. Como los ganchos son débiles se rompen casi enseguida, y los coches se vuelven a enlazar con los ganchos fuertes.

A nivel protónico los quarks, tras los choques de protones y neutrones entre sí, se enlazan de maneras muy diversas, que no duran casi nada en el tiempo, y vuelven enseguida los enlaces uud(protón) y udd(neutrón).

Las “leyes” actuales que explican estas cosas son tan complicadas como (y mucho más que) los epiciclos de Brahe antes de los descubrimientos de Kepler sobre el movimiento de los planetas. Hay un formalismo, denominado “Lagrangiano” y una serie de operaciones de simetría, que son cualquier cosa menos transparentes.

Adicionalmente, cuando un sistema físico se modela mediante ecuaciones con un número elevado de términos y parámetros, la variación de uno de estos tiene muy poca influencia sobre el comportamiento del modelo, y por tanto puede tener cualquier valor dentro de un rango relativamente amplio.

Una mesa se consigue poner horizontal si tiene tres patas. Si necesita 10 patas para sustentarse, es casi imposible conseguir su horizontalidad.

Sabemos que un conjunto de dos quarksuy uno dno cambian, salvo choques tremendamente intensos. Sin embargo en un conjunto de tres quarks, un uy dos d,uno, solo uno, de los d se convierte en u, con muchas explicaciones descriptivas, pero sin conocer ninguna explicación causal.

Necesitamos nuevas leyes que simplifiquenlo que se observa.  Y ademas, ¡urgentemente!

Nos faltan, hoy, en la ciencia, teorías tan simples y de validez tan general cómo las leyes de Maxwell, que nos permitan entender las interacciones múltiples, no solo entre quarks, sino entre todos los sistemas de cuerpos de esta nuestra Naturaleza que queremos estudiar, y que, al referirse a interacciones múltiples, pueden denominarse sistemas complejos.

Son sistemas complejos, por ejemplo, los fluidos, neutros o cargados, los sistemas de cuatro o más cuerpos de masas/cargas similares pero no iguales, en interacción gravitatoria o eléctrica, y el resto de los sistemas naturales de muchos componentes, incluyendo los seres vivos, y entre ellos, el ser humano, y sus sociedades.

Para algunos de esos sistemas tenemos ecuaciones (¿leyes?) pero esas ecuaciones no producen soluciones útiles. Las ecuaciones de los fluidos generan como soluciones  movimientos caóticos o aleatorios. De las leyes de Newton aplicadas a cuatro cuerpos de masas similares pero diferentes, en interacción gravitatoria, no conocemos sus soluciones. Lo mismo ocurre con varios péndulos simples acoplados entre sí. Los gases solo se pueden estudiar, como conjuntos de moléculas, si las interacciones entre éstas son muy pequeñas;  así ocurre con casi toda la panoplia de situaciones reales.

El ser humano tiene unos 20.000 genes. Evidentemente, con este número bruto, no se construye una persona. El funcionamiento de cualquier ser vivo no deriva del funcionamiento de cada gen, sino de las combinaciones de los mismos, su cooperación y sus inhibiciones.  Las posibilidades de combinaciones de 20.000 objetos vienen representadas por números superiores a cualquier dimensión o escala del universo.

Son las combinaciones de genes, y no los genes mismos, lo que caracteriza la vida, y estamos aún muy lejos de entender esas combinaciones.

Cada neurona enlaza con otras muchas. La memoria elemental son los circuitos neuronales que almacenan imágenes (secuencias de cargas eléctricas producidas en la retina) y sonidos (secuencias de cargas eléctricas producidas en el oido interno). Esto lo entendemos.  Cómo se combinan los circuitos neuronales para producir el pensamiento queda aún muy lejos.

Podemos manipular circuitos electrónicos de escalas atómicas, siempre que lo hagamos en redes regulares y simétricas en condiciones controladas.

La ciencia es maravillosa, y hemos avanzado muchísimo.

Pero nos queda aún mucho camino para entender la Naturaleza en estado puro, sin los controles humanos.

Y esto es maravilloso, pues podemos seguir investigado su funcionamiento durante mucho tiempo.

Podemos seguir vivos.

La información y su desprecio

Una gran mayoría de personas aceptan sin más lo que les dicen, lo que ven en la televisión, o escuchan en la radio. En eso se basan las campañas de marketing, incluido el Brexit, y la venta del producto “presidente” de un país o de una federación de 50 estados.

 

La información sobre el valor real de los productos en venta, incluidos los políticos candidatos, está sin embargo a un click de teléfono móvil, y basta con contrastar una serie de informaciones distintas para hacerse una idea clara de lo que los marketinistas quieren que compremos.

 

Por ejemplo, el Sr. Trump empleó, seguro, y probablemente emplea, inmigrantes ilegales en sus hoteles. Pero nadie de los que le votan se toma la molestia de comprobarlo, de contrastar las informaciones. 

 

A mí me llaman constantemente de muy diversas firmas, como a todo el mundo. Ofrecen que me cambie de compañía eléctrica, de empresa de telefonía, que cambie de coche, que compre otras muchas cosas.

 

Pero, ¿qué me puede ofrecer Vodafone que no me ofrezca Movistar? Ambas empresas quieren hacer dinero y si una de ellas tuviese un producto mejor o más barato que otras, esas otras habrían desaparecido. Cuando me veo obligado, forzosamente, por obsolescencia del que tengo, a comprar un coche, pruebo unos cuantos, sin escuchar los mensajes del marketing, o lo que me digan otras personas vía whatsapp o el correo electrónico.

 

La información es directa y veraz, cosa que no son las anteriores.  En épocas en las cuales las únicas fuentes de información eran relatos fantásticos, o el “boca a boca” distorsionado, no había otro remedio que más o menos aceptar “lo que se dice”.  Hoy no hace falta, pues la información correcta está a disposición de todo el que la busque.

 

Sucede con esto como con otras muchas cosas: Domina la pereza, mental y física.  Un “ahora lo hago, ahora lo miro” donde “ahora” es el “mañana” que se decía de los mexicanos.

 

Esto ocurre hasta en el dominio científico, en el cual la necesidad de pensamiento crítico no existe en la mayoría de los alumnos e incluso en una cierta parte de los profesores, que no se plantean todas las mañanas si lo que van a enseñar ese día es lo cierto y lo correcto, o si pudiesen estar en un error.

 

Porque hasta los genios se equivocan, y hay afirmaciones de Einstein que son abiertamente erróneas, como las de muchos Premios Nobel, cuyas ideas, pasados algunos años, se han visto como equivocadas.

 

Durante miles de años pocos se plantearon si sería cierto que fuera el sol el que giraba alrededor de la Tierra, y en la Física, durante 100 años se aceptó sin más la existencia del “Éter”, un fluido tan sutil que no presentaba rozamiento sobre la Tierra que se movía en su seno, y tan rígido que le velocidad de la luz en ese medio, en ese “Éter”, era de 300.000 kilómetros por segundo.

 

Un poco de pensamiento crítico podía haber rechazado la hipótesis del “Éter” a poco de haber sido propuesta.

 

Muchas personas rechazan la mitología clásica pero aceptan sin crítica los Biblia de los judíos. Todos los análisis textuales y arqueológicos muestran que los textos de los Biblia se escribieron después del Exilio a Babilonia, y por tanto son la codificación de leyendas orales, del mismo tipo que las griegas, o las hindúes.

 

Las epístolas de Pablo de Tarso (San Pablo) se dividen en dos grupos: 7 que, aunque los documentos escritos datan de unos 100 años después de la vida de Pablo, parecen ser suyas, y 6 que son de otros autores. Los evangelios canónicos de la Iglesia Cristiana son muy tardíos. Puede uno aceptar o no lo que dicen como auténtico, pero no hay ninguna prueba de ello.

 

De los sonetos de Shakespeare no se sabe mucho acerca de quién pudiese ser su autor. Posiblemente el mismo Shakespeare, pero no hay pruebas para aceptarlo.

 

Y así con todo. Yo, que soy físico, no me creo ni siquiera las leyes de Newton, y pruebo de vez en cuando si siguen siendo correctas o no.

 

Tenemos toda la información que podemos necesitar al alcance de nuestra mano, con un esfuerzo minúsculo. Muchas personas rechazan la mitología clásica pero aceptan sin crítica los Biblia de los judíos. Todos los análisis textuales y arqueológicos muestran que los textos de los Biblia son posteriores al exilio en Babilonia, que terminó en el 537 AEC, de manera que su “verdad” es muy dudosa.

 

¿Por qué creemos unas cosas y otras no? ¿Por qué despreciamos la información?

+/- 10ºC: Nos torramos, nos helamos, y cada vez más fuerte con este Cambio Climático

Nos preguntamos todos los días por el tiempo que va a hacer, calores y fríos, lluvias y sequías, inundaciones y quizás tornados. Nos quejamos cuando a primeros de junio las temperaturas son de 38 grados en Madrid, 40 en Andalucía, y nos quejamos cuando bajan de golpe a 20 grados, de un día para otro, como en estas dos últimas semanas.

 

Este año se han destruido miles de hectáreas de cultivos en Cuenca, a finales de mayo, por el pedrisco, y se han arruinado miles de hectáreas de cereal en el sur de Castilla La Mancha, y en Extremadura, porque no ha llovido por allí en ese mes.

 

En las grandes llanuras de los Estados Unidos los tornados han aumentado su frecuencia e intensidad, y matan cada vez a más gente, y los afluentes del Mississippi generan cada vez más inundaciones.

 

Los grandes incendios son cosa de todos los años en California y Australia y los tifones destrozan con frecuencia las Filipinas y las costas de China.

 

La extensión del hielo ártico es cada vez menor de año en año, como vemos en esta gráfica del Centro de Datos Nacional de la Nieve y el Hielo, de los EEUU:

En los últimos 40 años ha disminuido el hielo ártico en un 3.5% por década.

 

Todo esto ha ocurrido en el pasado, y la historia está llena de estos fenómenos meteorológicos.

 

Lo que estamos viendo ahora, sin embargo, es un aumento de su frecuencia y sus intensidades. Y lo que nos importa no es la historia, salvo para aprender de ella, sino nuestras vidas y nuestra civilización actual.

 

Curiosamente, la concentración de CO2 en la atmósfera empezó a aumentar algo antes de lo que lo ha hecho la temperatura global media del planeta:

(gráficos de la concentración de CO2 en la atmósfera de la Tierra, del Instituto Scripps de Oceanografía, La Jolla, California) y hoy esa concentración es 1.4 veces la del máximo de las distintas glaciaciones de los últimos 800.000 años, y el aumento ha sido inmensamente más rápido. En 200 años hemos superado con creces las oscilaciones propias del planeta que lo llenaron y vaciaron de hielo 8 veces en 800.000 años.

 

No queda la menor duda, entre los científicos y los ciudadanos de la Tierra, de que esta subida acelerada ha sido causada por la quema de combustibles fósiles. Solo quedan las resistencias ofrecidas por las grandes empresas de petróleo y gas. ¿Por qué será?

 

El CO2, una vez inyectado a la atmósfera, y una vez que una parte del mismo se ha capturado por el océano, permanece en aquella unos 150 años. Puesto que ese CO2 está causando, entre otras cosas, la disminución de hielo ártico, y con ella, la subida de la temperatura del Polo Norte, y como consecuencia de esto, los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos que he citado, una parte de un Cambio Climático la hemos producido ya y está aquí para quedarse, al menos a lo largo de nuestras vidas y las de nuestros hijos y nietos.

 

Se trataría de que ese cambio no aumentase. Se trata de que sobreviva nuestra civilización.

 

Para ello es preciso cambiar la forma de capturar energía y, sobre todo, de utilizarla.

La ley de los rendimientos decrecientes

En nuestras culturas “modernas” cada persona quiere mejorar su status de manera constante. En otras épocas de la historia una gran mayoría de personas aceptaba su posición en la vida.

 

La actitud “moderna” es espléndida. Pero tiene una pequeña “cucaracha” (bug en inglés, algo que destroza el programa).

 

Hace 50 años uno miraba a su alrededor y veía que los médicos, los ingenieros, y algunos abogados, ganaban muchísimo dinero. “Yo quiero ser médico”, decían muchos jóvenes.

 

La presión de todos ellos, y sus familias, llevó, al menos en España y en otros muchos países, a llegar a tener 60 facultades de medicina. A que el MIR lo pasasen miles de candidatos.

 

Claro, los médicos, aunque ganan buen dinero, ya no pueden tener, como Marañón, un palacete en Castellana con José Abascal.

 

Las revistas científicas (miles de ellas) están inundadas de artículos, mejores o peores, pero miles de ellos anualmente. No representan innovación, o nuevos descubrimientos, sino pequeños detalles adicionales a lo que ya se conoce. Pero para mejorar su situación los académicos deben, no descubrir nuevas cosas, sino publicar y publicar sin parar. Un artículo al mes no puede, de ninguna manera, representar un nuevo descubrimiento, pues para esto se necesita haber pensado y meditado mucho.

 

Pero la demanda es imparable, y quien no publica más que los demás queda en la cuneta.

 

Ahora, al haber tantos académicos, su reconocimiento social baja de manera sistemática. “Uno más…”

 

Los “chalecos amarillos” en Francia se quejan de las “élites”. ¿Qué quieren? Por lo que dicen, que desaparezcan, y tener ellos lo que tenían aquellas.

 

En España, la enseñanza y las pruebas de acceso tienden (salvo el esfuerzo de algunos profesores) a igualar a todos por abajo: “Las élites son malas, y las diferencias de notas crean frustración”.

 

Pero, ¿para que estudiar si todos van a sacar las mismas notas, y por lo tanto va a haber cada año un millón de graduados? Lo que cada uno de ellos puede conseguir, si todos tienen la misma calificación, es el mismo trabajo, para lo cual no se precisa pasar 15 años de exámenes constantes.

 

El daño no es para “la sociedad”, que también. El daño es para cada persona.

 

Se quiere que cada uno “mejore”, pero al forzar esa mejora, no mejora ninguno.

 

El problema es básico, esencial: Mejorar es ser mejor que los demás, y esto no puede ocurrir en todas las personas, por definición.

 

Ser rico es ser másrico que los demás. Si todos somos iguales, no hay nadie rico. Es decir, todos pobres.

 

De nuevo, el problema no es para la sociedad.

 

El problema es para cada persona.

El mérito y la vulgaridad

Hace unos días estuve en una boda. Éramos alrededor de 150 personas, incluyendo, ¿cómo no? a los novios, ella y él.

La idea de las bodas es certificar ante una serie de instituciones y personas un compromiso por parte de los cónyuges. Vivir juntos es inmediato. El compromiso ante testigos es algo más difícil y exigente.

Para la ceremonia del compromiso no se precisa más que los testigos y la institución ante la que se realiza, ya sea la notaría, el juzgado, o la iglesia. Testigos puede haber desde uno a millones, el número es indiferente.

En realidad lo único que importa es ese comprometerse de las parejas.

Pues bien, en las bodas actuales la parte del compromiso es la menos importante. Por lo que he visto en esta que comento y en otra que tuvo lugar hace unos 4 o 5 años, parece que lo que de verdad importa es la  actuación de un cierto número de los invitados (testigos realmente) que saltan al escenario a cantar, hacer música o contar una serie de historias.

Para el resto de los testigos lo que cuentan estas personas carece de interés, dejando de lado que lo que cuentan o hacen lo suelen hacer bastante mal. Pero, eso sí: La ceremonia se extiende, inmisericorde, a lo largo de la noche.

De repente, sin que tuviésemos aviso de ello (salvo las ideas expuestas en “La rebelión de las masas” de Ortega) nadie quiere ser deuteragonista, todos quieren ser protagonistas en historias que no les corresponden.

Esto ha sido, no causado, pero sí potenciado, por el desarrollo del sistema de comunicación electrónica de que disponemos:

Hoy todos quieren ser fotógrafos con sus teléfonos móviles, y las personas se envían unas a otras fotos y vídeos realmente mal hechos.

Hoy todos quieren ser literatos, y por las redes sociales corren, no ríos de tinta, pero sí torrentes de bits, con información carente en absoluto de interés.

Hoy una considerable mayoría quiere estar en el centro del interés de los demás, cuando por definición en ese centro solo cabe una persona.

Un ejemplo aparece en los colectivos  LGT…. (pongan el resto de las letras del alfabeto) que, aparte de vetar a otros como antes otros les vetaban, exigen que el resto de la sociedad se interese por ellos.

Yo ya casi no voy al teatro ni a la ópera. Si quiero ver una obra de Sófocles, de Shakespeare, de Calderón, de Zorrilla, escuchar una ópera de Wagner, de Rossini, me encuentro con un engendro de segunda o tercera calidad pergeñado por el director en cuestión de una de esas obras, alguien que, evidentemente, no es un creador como aquellos.

Una buena cantidad de personas reclaman la atención de los demás, sin otro argumento más que el de que ellos existen y están ahí.

Pongamos la televisión y busquemos algún documental de la Antártida, del lago Nakuru en África, y fijémonos en las decenas de miles de pingüinos, en los dos millones de flamencos, todos chillando, todos lanzando sus sonidos. ¿Tiene sentido que les dediquemos nuestra atención?

Somos hoy muchos más que los pingüinos, que las gaviotas, que los ejemplares de muchas especies animales (aunque, evidentemente, menos que las bacterias que llevamos simbióticamente en nuestros cuerpos) que habitan con nosotros la Tierra. Pero todos los humanos reclaman atención, una atención que es, forzosamente, limitada.

Mucho mejor dedicar esa atención a quienes lo merezcan, por la calidad de sus escritos, la belleza de sus fotos, el interés de sus vídeos.

Y en las bodas, ser testigos mudos del matrimonio, salvo un “¡Vivan los novios!” y compartir un ligero ágape, es más que de sobra para la ocasión.

La ciencia, la lingüística y el marketing

La ciencia siempre ha funcionado con marketing. Galileo publicitaba sus descubrimientos en la corte de los Medici. Pope escribió una elegía desmesurada de Newton. La publicación en los periódicos ingleses de la desviación de la luz medida por Eddington en un eclipse de sol lanzó a la fama a Einstein.

Me acaba de aparecer en el móvil una elegía de un artículo publicado por tres autores rusos en Nature. Esta elegía se titula “Físicos han invertido el tiempo en la escala más pequeña usando una computadora cuántica”.

Ahora, cuando uno busca el artículo original, y lo estudia, lo que aparece es que, con un error de un 30%, estos tres físicos han conseguido que un estado original de un sistema de tres electrones acoplados, que se han dejado evolucionar mediante un pequeño campo eléctrico, se reproduzca al cabo de tiempo, de un tiempo que ha corrido solo hacia adelante.

Es como si dijésemos que hemos conseguido que un coche que se movía de Madrid a Zaragoza, haya vuelto a Madrid, y se haya quedado parado en la misma posición de salida con velocidad igual a cero.

Y mientras el coche volvía, el resto de las cosas, coches, personas, ríos, rocas, se movían en una única dirección: El coche no ha vuelto atrás “en el tiempo”: Ha vuelto atrás mientras el tiempo ha seguido su camino hacia adelante.

Mientras el tiempo seguía hacia adelante, los qubits (combinaciones de spines de unos electrones concretos dentro del ordenador cuántico de IBM, el cual no se sabe cómo funciona) evolucionaban de una situación original (caracterizada por una cierta función de probabilidad) a otra y luego volvían a la primera, como digo, con un error del 30%.

Si esto es evolucionar hacia atrás en el tiempo, a las doce del mediodía es noche cerrada.

La vuelta a la situación inicial es lo que hace cualquier sistema mecánico o electrónico, cuando se lo deja en la situación en la que estaba algún tiempo anterior.

Estamos, como en muchos otros casos hoy, en un problema de lingüística. En Cuba, Venezuela, en Corea del Norte, hay familias gobernantes que ejercen un control estalinista desde hace décadas, pero cuando hablan siempre dicen que están defendiendo una “revolución” en nombre del “pueblo”.

Para el buen marketing es indispensable una fraseología adecuada: Las casas son siempre maravillosas, si se compran, uno tendrá decenas de amigos de calidad y vivirá en la gloria del cielo. ¡Hasta los Chupa-Chups y los chicles darán una felicidad inabordable a quien los chupetee!

El Brexit va a hacer rica a toda Inglaterra, y con él las enfermedades se curarán en un día. Eligiendo a Trump los campesinos del Oeste Medio vivirán como los ricos de Nueva York.

Y lo asombroso es que la palabra gana a la realidad.

¿Cómo puede ser esto?

La nueva casa es buena, pero de los vecinos los hay gruñones, ruidosos y misóginos. Los Chupa-Chups son la misma azúcar con substancias químicas que le dan cierto sabor como a cualquier otro caramelo, los detergentes limpian todos igual, y las empresas de telefonía ofrecen todas los mismos servicios al mismo precio.

La lengua, el habla, la palabra, es como el olfato en las hormigas y en los perros: La aceptamos sin cuestionarla. La hemos desarrollado como herramienta de supervivencia, lo mismo que las hormigas y los perros han desarrollado la capacidad de oler.  Una hormiga, un perro, seguirán un rastro falso sin pararse a mirar a su alrededor para ver si les lleva, por ejemplo, a un precipicio.

Hemos desarrollado la palabra como una herramienta de supervivencia, y no la cuestionamos como no cuestiona una hormiga su olfato.

El ser humano ha desarrollado la capacidad de crítica. El científico se ha debido educar en cuestionar todo lo que lee, todo lo que estudia, todo lo que hace.

Pero parece que se desprecia esa capacidad, que se trabaja en ciencia como si en literatura se hiciera. El artículo que he mencionado cita otros 35, como aval científico.

Un célebre artículo de Einstein, con Podolsky y Rosen, sobre la corrección de la Mecánica Cuántica, no tiene ninguna cita. Su corrección, o su error, está en él mismo, no en lo que escriban otros.

Aunque el artículo que comento no se refiere realmente al viaje hacia atrás en el tiempo, su título: “La flecha del tiempo y su inversión …” llama la atención lingüísticamente, y despierta sueños humanos:

Si pudiésemos volver atrás, no haríamos quizás lo que hicimos y nos llevó a la bancarrota, una situación, por ejemplo, haber estudiado o no hacerlo, …, que solo conocemos a posteriori.

La ciencia es bella, es muy bella, pues trata de descubrir la realidad, la verdad.

Está degenerando porque se la considera una más de las actividades humanas, igual por ejemplo, a las curaciones mediante “pases magnéticos”, y algo que hay que vender, en pie de igualdad con el resto de aquellas. Es algo similar a la idea de que todos los alumnos tienen que aprobar, porque todos son iguales.

Deriva esto, evidentemente, de una perversión de la idea de “democracia”, el gobierno o poder del pueblo. Siendo esto correcto, la democracia se refiere al poder, no a la capacidad intelectual de cada persona o grupo social.

Claro, una vez que se pervierte el significado de la palabra, todo es posible. Así, en esa nueva “democracia”, todos deben poder entender las ecuaciones de la Electrodinámica Cuántica, y si no es así, cualquier cosa que se le ocurra a cualquier persona debe considerarse con el mismo valor científico que aquella.

Volviendo al artículo que comento, no hay una inversión de la flecha del tiempo, y por desgracia, los ordenadores cuánticos, en los que está basado, son de momento, una entelequia.

Eso sí, una entelequia que vende muy bien.